No es una guerra contra las drogas. Es una guerra por las drogas.
La “guerra contra las drogas” no es un fracaso accidental: es el fracaso más exitoso de la historia reciente de Estados Unidos.
| Por: Daniel Estulin. |
- Mientras la DEA persigue decomisos y titulares, la CIA usa las mismas rutas, los mismos aviones y a veces a los mismos hombres para otra misión.
- Un sistema que “pierde” durante cincuenta años y a la vez se agranda no está roto, está cumpliendo otra función.
Durante más de medio siglo, Estados Unidos ha presentado la guerra contra las drogas como una emergencia nacional: capos caídos, laboratorios destruidos, aviones interceptados, presupuestos inmensos y un aparato que incluye a la CIA, a la DEA, al Ejército, a la frontera y a las prisiones.
La mercancía, sin embargo, no desapareció sino que cambió de ruta, de cártel, de molécula y de tecnología.
El periodista de investigación Bill Conroy, en conversación con Estulin.Media a propósito de su libro The Great Pretense, propone dejar de preguntar por qué esa guerra “fracasó” y preguntar, en cambio, para quién funciona y qué hace posible que siga expandiéndose.
Su respuesta es seca: no hay una guerra contra las drogas, hay una guerra por las drogas y una farsa lo bastante útil como para no querer ganarla.
La entrevista es un recorrido por la lógica que Conroy documenta durante casi cuatro décadas: incentivos, aviones, Irán-Contra, Gary Webb, Venezuela y el lavado que convierte la cocaína en poder. No es la crónica de un complot con bola de cristal.
