EL «MODELO» SE DESINFLA ¿Qué hay realmente detrás del anuncio confuso de liberar «postes»?
El relato invencible de «seguridad» tambalea. La narrativa de hierro empieza a mostrar sus grietas. El anuncio confuso no es un gesto de apertura, es un intento de oxigenar el cadáver. Quieren limpiar la mancha sin asumir el crimen.
A quienes defendieron los derechos humanos: la realidad les está dando la razón.
La trampa: Si un inocente quiere salir libre debe de aceptar que fue colaborador de la pandillas y quedar manchado en su historial.
Más allá de la trampa político-electoral del anuncio, es sin duda un triunfo de la verdad.
Por: Walter Raudales.
En una cobertura de bajo perfil y sorpresivamente sobria para el despliegue publicitario al que nos tiene acostumbrados, el martes 13 de octubre de 2026 fuimos testigos de una conferencia de prensa peculiar. Mezclada con anuncios sobre inversiones en agua y energía, la voz oficial soltó dos noticias de profundo interés nacional que pasaron casi como un apéndice, sin la majestuosa pompa habitual.
Primero, una reflexión sobre la continuidad del Régimen de Excepción medida prorrogada ininterrumpidamente por 55 meses tras haber sido impuesta bajo el argumento de una emergencia bélica contra las pandillas. Y segundo, una declaración que cayó como un relámpago de ironía: «Ningún inocente debe permanecer preso».
¡Vaya inusitado descubrimiento después de cuatro años y siete meses! Desde aquel marzo de 2022, cuando la orden implícita fue arrestar a todo lo que se moviera en los barrios y comunidades rurales más empobrecidas, la narrativa oficial había mantenido un dogma de hierro: todos los detenidos eran terroristas.
A quienes defendieron los derechos humanos: la realidad les está dando la razón.
Durante estos años, abogados, periodistas, familiares de detenidos y organizaciones sociales insistieron en una cuestión elemental: combatir a las pandillas no autoriza a encarcelar indiscriminadamente ni a eliminar las garantías que protegen a cualquier ciudadano.Por sostener esa posición, muchos recibieron ataques, burlas y acusaciones de estar del lado de los delincuentes.
Hoy, el relato invencible cruza su propia grieta.
La paradoja del poder: El Juez Supremo y la «Libertad Asistida»
Aquel discurso inflexible se ha quebrado. Las detenciones arbitrarias sin debido proceso ya no son una «calumnia de la oposición», sino una realidad insostenible que amenaza con abrir paso a demandas internacionales. Frente a la montaña de errores judiciales acumulados, la estrategia parece ser simple: barrer el desastre bajo la alfombra de Casa Presidencial.
La narrativa de hierro empieza a mostrar sus grietas
Durante mucho tiempo, la propaganda oficial insistió en presentar las capturas como prueba suficiente de culpabilidad. Sus defensores repitieron ese argumento hasta convertir cualquier cuestionamiento en una supuesta defensa de las pandillas. Ahora el Gobierno habla de grados de participación, circunstancias particulares y posibles liberaciones anticipadas.Ese cambio abre una pregunta que no puede esquivar: si las responsabilidades eran diferentes, ¿por qué se sostuvo durante tanto tiempo?
Sin embargo, lo verdaderamente revelador es el mecanismo. Tras «estudiar casos» asumiendo facultades que no le corresponden a un Presidente, arrogándose el papel de fiscal, juez y magistrado, se admite que hasta un 50% de los capturados responden a delitos leves o a la ambigua figura de «colaboradores involuntarios». Para ellos, se propone ahora la figura de la «libertad asistida».
La obligación de corregir las injusticias existe por sí misma.
Aquí yace una trampa perversa: para salir libres, a los inocentes se les obliga a asumir la etiqueta de colaboradores. Tras casi cinco años encerrados sin juicio ni causa formal, se pretenderá devolverles la libertad a cambio de dejarlos marcados jurídicamente para siempre. ¿Este es el brillante «modelo de justicia» que exportan al mundo?
Si el Gobierno reconoce que existen personas cuya participación fue menor y que podrían salir de prisión bajo determinadas condiciones, que comience por publicar un procedimiento verificable y con garantías judiciales.«Etiquetar de ‘colaborador’ al inocente para dejarlo salir no es justicia: es cobardía y trampa institucional.», La prioridad deben ser los <<Inocentes y no los colaboradores>>.
Que se revisen los expedientes con independencia, que se informe a las familias y que se permita la asistencia legal efectiva.
Que salgan cuanto antes quienes hayan sido detenidos injustamente y cuya inocencia pueda establecerse. Que se corrijan las acusaciones sin fundamento y se investiguen las responsabilidades de los funcionarios que hayan cometido abusos. Y que se examine también la situación de quienes continúan presos preventivamente durante largos periodos sin que se resuelva su situación jurídica.La libertad no debe convertirse en un premio que concede el poder político. Es un derecho que el Estado tiene la obligación de respetar.
Tampoco puede utilizarse la liberación condicional para cerrar el debate sobre la inocencia de quienes nunca debieron ser encarcelados. Una persona puede necesitar una revisión de su condena, una medida alternativa o una absolución, según lo que demuestren las pruebas y determine la autoridad competente.Cada situación requiere una respuesta jurídica propia.
Pensando como Maquiavelo: ¿Qué hay realmente detrás del anuncio?
Conociendo la dinámica del poder en el país, resulta ingenuo creer en un repentino ataque de empatía. A pocos meses de una contienda electoral donde el oficialismo busca consolidarse indefinidamente tras la reforma constitucional, la jugada exige un análisis maquiavélico:
¿Una nueva negociación bajo la mesa? ¿Acaso se prepara otro acuerdo territorial con estructuras criminales para asegurar la disciplina del voto en zonas rurales y periurbanas?
¿Será la liberación desordenada una antesala para justificar posteriores «rebrotes delictivos» y así perpetuar el maltrecho Régimen de Excepción?
El cerco internacional y la Haya: Quizás lo único que hace retroceder al poder es el debilitamiento de sus alianzas con EUA.tras las elecciones internas de ese país y posibles señalamientos de comisiones en el nuevo Senado demócrata o, ¿Hay conocimiento previo de informes condenatorios por crímenes de lesa humanidad que avanzan hacia la Corte Penal Internacional?
La presión desde Washington: Las llamadas de atención en altas esferas del gobierno de los Estados Unidos y la fiscalización en comisiones del Senado sobre los abusos democráticos en la región podrían estar pasando una factura demasiado alta para la gestión actual.
Sea cual sea la razón, hay algo hirviendo tras bambalinas. La convergencia de presiones externas e internas amenaza con estallar en el mapa político, de cara a unos procesos electorales que muchos señalan de estar precalculados al más puro estilo de la ingeniería política moderna.
Pedimos trasparencia en el proceso , ¡Fuera trampas políticas electoreras¡…
Que empiecen las liberaciones y termine la impunidad. Hay motivos para recibir con esperanza cualquier medida que permita recuperar la libertad de personas encarceladas injustamente. Pero esa esperanza debe acompañarse de vigilancia ciudadana. El gobernante ha reconocido que hay distintos niveles de responsabilidad y que una parte considerable de los presos podría beneficiarse de una liberación anticipada. Que se publiquen los criterios. Que se revisen los expedientes. Que se garantice la defensa. Que se libere a quienes no debieron estar presos y que se investiguen las muertes bajo custodia.Y que se explique al país por qué, después de cuatro años y siete meses de régimen de excepción, apenas ahora se plantea con tanta claridad la necesidad de distinguir entre las responsabilidades individuales.
Si hay personas inocentes encarceladas, su libertad no debe esperar a que el calendario electoral resulte conveniente.Si hay delitos cometidos por funcionarios, también deben investigarse.
La victoria moral de la verdad
Más allá de las maniobras de ajedrez político, hay un hecho innegable: la historia le ha dado la razón a los defensores de derechos humanos, al periodismo de investigación y a las organizaciones de víctimas.
A quienes durante años sostuvieron la verdad en medio de la persecución mediática, el acoso físico y el ataque encarnizado de las granjas de bots, hoy la propia voz del poder les da el argumento. Se cae la falacia del «100% de efectividad» sostenida para mantener estadísticas infladas y vender spots de propaganda punitiva.
Hoy nos toca tomarles la palabra. Si el propio gobernante ha dicho que ningún inocente debe estar preso, entonces la exigencia ciudadana es clara: Liberen a los inocentes ¡YA! Se ha dicho hasta la saciedad ,aunque ahora se atraganten con sus palabras los fanáticos del régimen. Paren el dolor, el sufrimiento y la tragedia humana de más de 500 personas que han muerto bajo custodia estatal sin haber tenido jamás un juicio justo. Esas vidas truncadas son una mancha imborrable en la conciencia colectiva y en los expedientes de quienes tarde o temprano tendrán que rendir cuentas.
A los aduladores de turno, a los troles y a los abogados, conductores de medios y sociólogos de alquiler les tocará reescribir a toda prisa el guión que han repetido robóticamente desde el primer día. Durante años persiguieron y estigmatizaron a quienes pedíamos debido proceso, acusándonos de «defender pandilleros». Hoy es su propio líder quien admite la injusticia.
El cálculo es sencillo: si se libera al porcentaje masivo de personas injustamente detenidas estimado pacientemente por analistas entre un 30% y un 35%, no solo se hace justicia, sino que el Estado ahorraría millones en un sistema penitenciario desbordado, recursos que bien podrían destinarse a obras sociales reales.
La ruta lógica y ética debió ser siempre transparente:
Primero: Liberar de inmediato a los inocentes (que los saquen de cien en cien, con la misma prisa con la que los encerraron). Y que este grupo mayoritario , no se les aplique el mote de «colaborador» , pues los deja a expensa de poder ser capturado cuando así lo quieran.
Segundo: Revisar los casos de los presos políticos y aplicar juicio individuales apegados a derecho , no a injuria a influencia politica que mantiene injerencia en los procesos que se les aplica como venganza y capricho presidencial.
Tercero: Aplicar el peso estricto de la ley, con lupa judicial y debido proceso, únicamente a quienes verdaderamente tengan vínculos criminales, esos no deben salir ni ser utilizados para «otros arreglos electorales». Si para lograrlo se necesita romper el mito de la mano dura perfecto, bienvenido sea. Los argumentos dictatoriales y la narrativa de titanio se están cayendo a pedazos. La verdad tardó en ser reconocida, pero el sol finalmente empieza a despejar la niebla.
Conclusión
Se agotaron los pretextos: El régimen como mecanismo de control
Se les acabaron los argumentos para seguir justificando un Régimen de Excepción tan cuestionado. Al caerse la narrativa oficial de que «todos los capturados son criminales», la medida pierde su último velo de legitimidad técnica y de seguridad nacional.
Hoy por hoy, la prórroga indefinida de esta medida ya no responde a una guerra contra el crimen, sino a su verdadera esencia: funcionar como el brazo represivo del Estado. Es el garrote colgado sobre la cabeza de la ciudadanía, un mecanismo diseñado para infundir miedo deliberado en la población y utilizar el temor como un arma letal para imponer el silencio, neutralizar la disidencia y aplacar el descontento social.
¿Se revisará la necesidad de mantener suspendidas determinadas garantías constitucionales? ¿Habrá una ruta concreta para regresar a la normalidad jurídica? ¿O se mantendrá la excepción mientras se ajusta la manera de administrar sus consecuencias?
La seguridad pública necesita resultados, pero también reglas claras, controles institucionales y límites al poder. Aun en medio del miedo que han generado en estos casi 5 años , ya cada vez , hay más gente que murmura «Yo, no me harto de la seguridad…?.
«Al caerse la narrativa oficial, el Régimen de Excepción pierde su velo de seguridad: hoy no es más que el brazo represivo que usa el miedo como arma para imponer el silencio.»
El mal llamado modelo ahora recula, y recula porque ya no le queda de otra.
Recula no por humanidad o por aritmética y alianzas internacionales o quizá un pedido recriminatorio desde el más alto prelado de Roma.
Un modelo que se construyó sobre la base de que todos eran terroristas no puede sobrevivir cuando tiene que admitir, en voz baja, que la mitad son colaboradores involuntarios, que un 35% son inocentes totales. Si todos eran terroristas, ¿por qué ahora necesitas inventar la «libertad asistida»? La figura misma es la confesión. Es un oxímoron carcelario para no decir la palabra que les quema la boca: perdón.
El modelo de Bukele siempre vendió seguridad a cambio de derechos. Dame tus garantías y te doy orden. El problema es que la cuenta ya no cierra ni siquiera en sus propios términos. Tienes a 100 mil personas presas, cárceles que son bodegas humanas, un presupuesto penitenciario que se traga lo que no inviertes en hospitales y escuelas, y una montaña de muertos que ya no puedes esconder como «muertes naturales». Cada madre que llora en la puerta de Mariona es un voto que se te va, cada joven sin antecedentes que sale fichado como colaborador es una familia entera que ya entendió el truco.
Por eso el anuncio confuso. No es un gesto de apertura, es un intento de oxigenar el cadáver. Quieren limpiar la mancha sin asumir el crimen. Quieren soltar a cuentagotas para no admitir que encerraron a mansalva. Y quieren, sobre todo, dejarlos marcados. Porque la segunda condena es más perversa que la primera: te tuve casi cinco años sin juicio, y ahora que te saco, te pongo el sello de colaborador en la frente para que nunca puedas decir que eras inocente. Para que sigas siendo estadística de su guerra.
¿Y por qué ahora? Porque el cerco se cierra por los dos lados. Por fuera, La Haya, Washington, los informes que ya no son de ONG chiquitas sino de comisiones que sí pesan. Y por dentro, unas elecciones amañadas al estilo Cerimedo que necesitan territorio y necesitan que la gente en las zonas rurales y periurbanas no los vea como los que les desaparecieron al hijo.
Lo que celebramos no es su giro. Lo que celebramos es que la mentira ya no se sostiene. Durante cuatro años nos llamaron defensores de pandilleros por pedir juicio justo y oportuno. Nos dijeron que apoyábamos mareros por exigir una fecha de audiencia. Hoy, el gobernante de El Salvador dice lo que nosotros gritamos desde el día uno: NINGÚN INOCENTE DEBE ESTAR PRESO.
Nos dieron la razón. Tarde. Con más de 500 muertos de por medio.
Así que sí, tómenles la palabra. Primero todos los inocentes. Luego los presos políticos. Y después, si tanto control territorial tienen, explíquenle al país por qué necesitan seguir viviendo bajo un régimen de excepción para custodiar a gente que ustedes mismos ya aceptaron que no es amenaza.
El mal llamado modelo no se está humanizando. Se está desinflando. O quizá esté maquinando otra estocada post electoral de esas que preparan con los asesores venezolanos y de Israel .Pues no hay propaganda en el mundo que pueda tapar lo que pasa cuando un sistema punitivo empieza a devorarse a sus propios inocentes.
