LA DESCAMPESINIZACIÓN DE EL SALVADOR
POR: MIGUEL BLANDINO.
Los ataques contra los campesinos que producen nuestra comida son diversos. La meta es expulsarlos de la tierra y entregar el territorio a las multinacionales de la minería, a los madereros depredadores de la selva, a los que quieren saquear el agua. A los Bill Gates que quieren vender “carne” de insectos y leche de hojas.
De una vez sacan de la pobreza a uno de cada cuatro hogares que viven en la pobreza, porque siendo parte del empresariado ya no puede considerárseles pobres o bien, al obligarlos a irse a vivir a las ciudades, ya no son parte de ese sector campesino siempre en desventaja.
Pero las tácticas se adecúan a cada realidad nacional: donde la población ya ha sido domesticada por el miedo que infunde el terrorismo de Estado, como en El Salvador, basta con apretar otro poquito y solitos se van, mansitos, al matadero urbano. En Colombia la cosa es distinta, y se debe recurrir a la magia de la retórica forzada.En efecto, las zonas rurales colombianas todavía son zonas calientes. La guerra es una cosa latente que está ahí como una fiera echada, acechante. La politica imperial de los que van a descuartizar el territorio tiene que tomar en cuenta ese dato clave. No hay que azuzar a esa bestia porque es un monstruo inmensamente más poderoso que cualquier “tigre” que se disfraza de presidente, con una banderita en el pecho.
Por eso es que Indalecio Dangond Baquero -¿se habrá ganado el cargo por el apellido materno tan sugerente?-, el Ministro de Agricultura, en solo dos meses a cargo, ha puesto la medicina curalotodo: desaparecer por completo a ese amplio sector de la población y convertirlo en con un toquecito de su varita mágica en empresariado.
Desde septiembre está prohibido -mediante memorándum del despacho ministerial-llamarle campesino al campesino. Desde ya se les debe denominar “empresarios del campo” en todos y cada uno de los papeles oficiales en los que se les mencione.
El eufemismo tiene la virtud de sacar de un solo plumazo a uno de cada tres colombianos de la pobreza. Ahora ya no constituyen la mayor parte de la población vulnerable sino que se han integrado al empresariado nacional y han dado un enorme salto en su posición social.
En El Salvador -mucho más primitivo- el gobernante de la extrema derecha utiliza contra los campesinos la táctica de tierra arrasada que los gringos utilizaron en Vietnam. Pone al mando del ministerio correspondiente a un diseñador gráfico que es nulo en asuntos agropecuarios, mientras su patrón, el tiranillo, junto a una decena de sus socios, importa todos los alimentos desde el exterior para venderlos con un subsidio gubernamental y hacerle una cruenta guerra comercial a los productores nacionales.
Obviamente, al tener que producir con todos los insumos encarecidos, el campesinado nacional no puede competir en el mercado. Después de cada cosecha son más los trabajadores del campo que deciden abandonar esa actividad y poner en manos de las inmobiliarias la mejor tierra productiva.
Las autoridades los invitan a venirse a las ciudades, en lugar de seguir perdiendo su trabajo y esfuerzo.
La propaganda negacionista de la ultraderecha, que siempre ataca a los defensores del medio ambiente, se suma de manera alarmista y escandalosa y grita que ahí viene el Niño, con el Súper Niño y el Mega Niño. Que viene la sequía tórrida desertificante, que vienen las lluvias torrenciales diluviales y que lo mejor es dejarlo todo y correr.
