Sindicalismo

ENTENDIMIENTOS NULOS EN RELACIONES LABORALES, QUE NO CONDUCEN A ENFRENTAR EL ASUNTO DE LA DEFICIENTE ECONOMÍA EN LA QUE VIVIMOS.

Por: Róger Hernán Gutiérrez. *

La premisa base a entender es que mejores empleos significan un estado de mejor vida para quienes producen la riqueza. No obstante las empresas insisten en que la libertad plena en producir bienes y servicios, sin reglas en una flexibilidad y desregulación de derechos es lo mejor para crecer y mejorar la economía; la situación es que ese pensamiento reaccionario y anacrónico viene desde hace varios siglos atrás, y lo único que produce es mayores niveles de pobreza, una altísima explotación laboral, que no permiten el desarrollo económico con bienestar, para quienes trabajan y buscan mejores condiciones materiales de existencia. El asunto que se debate es si la pobreza se va reduciendo muy lentamente, pero con un débil crecimiento económico.

Debemos acelerar el crecimiento y crear empleos de calidad a escala, aspectos esenciales para sacar a más personas de la pobreza e incorporarlas a la clase media—aquellos hogares que viven con más de 17 dólares diarios por persona— y que se pretende favorecer y se convierta en el grupo económico más grande de la población. No obstante, es la población pobre quienes son más vulnerables de caer en la pobreza, y continúan representando un porcentaje mayor, y con este contexto si gobierno y sector privado lo asumieran entenderían que el empleo y los mayores ingresos laborales son los que contribuyen a la reducción de la pobreza.

Los países que lograron las disminuciones más sustanciales fueron aquellos donde las mejoras del mercado laboral lideraron el camino, acá en el país se ha trabajado por el gobierno y las empresas para obstruir e impedir las mejoras laborales vía el salario mínimo, y la demanda por intermedio de conflictos económicos de intereses. Cuando la jefatura de hogar pasa del desempleo al empleo, la probabilidad de que la familia escape de la pobreza aumenta en 26,5 puntos porcentuales. El mensaje es claro: el camino más seguro para salir de la pobreza pasa por el lugar de trabajo, pero ese tramo no logra entendimientos entre las partes, y se molestan por un lado las empresas al reducir niveles de ganancia o una supuesta estabilidad política en la conducción del país, el gobierno.

El problema económico del país radica en la cantidad de empleos que son insuficientes y la existencia de una alta población en la informalidad laboral, que hoy se ataca sin una respuesta viable a su situación de vida, mediante desalojos, y oposiciones políticas a su forma de sobrevivir; sino también en su calidad, el empleo existente es totalmente precario e indecente, abajo del salario mínimo y los que lo gozan en un contexto de alto costo de vida que no compensa lo deficitario de los ingresos, que mantiene una inseguridad económica permanente, sin una opción de vida favorable, y se compensan con otro trabajo en la informalidad, pasando de un trabajo insatisfactorio en todo sentido a otro más flexibilizado que no alcanza ninguna mínima prosperidad.

Cuando las personas trabajadoras ascienden en la escala ocupacional hacia roles de mayor cualificación, sus posibilidades de escapar de la pobreza aumentan significativamente. Sin

embargo, barreras estructurales como el pensamiento recalcitrante en las empresas y, los nulos intercambios con los representativos sindicales, impiden que la mayoría de las personas trabajadoras avancen; además siguen las decisiones insustanciales y equivocadas en los mínimos sistemas educativos existentes, por hoy inadecuados que no responden a las necesidades del mercado laboral; los empresarios acusan de regulaciones rígidas que desincentivan la contratación y mercados de capital débiles donde aquéllos que lo hacen en competencia con el sistema bancario terminan siendo acusados con cargos amañados y el objetivo de sacarlos de la competencia; en general no existen ese tipo de capitales, que terminan privando a las empresas productivas de inversión.

Pero todos sabemos que la globalización económica y los modelos económicos adoptados desde los períodos de arena, no han conducido más que a favorecer a grupos y corporativos empresariales élites que han acumulado enormes ganancias bajo ejes económicos determinados y, que han venido adaptándose al actual gobierno a través de medidas de negociación en secreto que no los lleven a perder dominancia en la economía. La persistencia de la pobreza es siempre alarmante: más de la mitad de los hogares pobres permanecen en situación de pobreza año tras año, con tasas de persistencia que superan el 80%. La informalidad perpetúa este ciclo, entendido como la proporción de personas trabajadores sin protección social—que hace más difícil la comprensión de este grupo laboral, para entender el problema grave de la reforma del sistema de pensiones.

Esta situación atrapa a las personas trabajadores en empleos de menor productividad que no ofrecen beneficio alguno, bastante limitados y una protección social débil (salud y previsión social), reforzando el ciclo de pobreza y trabajo precario que se sostiene con mucha propaganda y control gubernamental.

*Sindicalista salvadoreño.