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El voto evangélico en los procesos electorales.

Por: Elio Masferrer Kan. *

El último trimestre de este año será escenario de importantes procesos electorales en el continente americano, podemos mencionar dos que involucran más quinientos millones de habitantes y alrededor de doscientos cincuenta millones de electores: los Estados Unidos y Brasil, dos países gigantes que involucran a prácticamente la mitad de los habitantes del continente. En los Estados Unidos pareciera que hay poco que imaginar, el presidente Trump ganó con un conjunto de promesas de campaña, muchas de las cuáles no cumplió y lo más complicado es que hizo lo opuesto a sus compromisos. El caso mexicano va perfilándose también.

La paradoja es que Trump no tuvo claro el impacto de las medidas arancelarias que aplicó y no previó el impacto de dichos aranceles en los presupuestos familiares de sus compatriotas de clase media y trabajadores poco remunerados. Evidentemente cuando se tienen ingresos de millones de dólares mensuales cómo Trump no sea él quien hace las compras de la casa y tampoco sabe cuanto cuesta llenar un refrigerador para la mayoría de sus compatriotas.

Lo más notable es que Trump logró el voto de un segmento importante de las minorías étnico, nacionales y religiosas que habitualmente votaban por los demócratas. Les quitó el voto de los católicos de origen europeo y de los hispanos católicos, incluso un segmento importante de los mexicanos. También incrementó el escaso voto republicano en las minorías afroamericanas y se consolidó fuertemente entre los evangelicals (conservadores cristianos fundamentalistas blancos).

Las medidas adoptadas por Trump erosionaron en forma significativa su base electoral en materia religiosa y étnica, debemos entender que el sistema electoral norteamericano tiene ciertas peculiaridades. Un fenómeno que preocupa a los Republicanos es la disminución del voto WASP (blancos, anglosajones y protestantes) por su notable caída demográfica. Está previsto que en 2046 bajen a menos de la mitad de la población total, mientras tanto se va produciendo un fenómeno de “minoría-mayoritaria”, esto implica que los migrantes y sus descendientes que también son ciudadanos sean mayoría en ciertos distritos electorales y su voto decida el destino de ese distrito electoral. La medida de Trump de prohibir la migración de 75 países asiáticos y africanos, muchos de ellos musulmanes lo único que logró fue enajenarle el voto en los distritos donde estas minorías son mayoría.

El voto cristiano conservador está también afectado, entre otras razones por las razias de Migraciones que han detenido y arrestado a sus feligreses cuando iban al templo, además el liderazgo evangelical se siente defraudado por la designación en la Oficina de la Fe de la Casa Blanca a una mujer que lleva tres divorcios y liderea una mega iglesia de

teología de la prosperidad del estado de Florida. Los conservadores al estilo de Franklin Graham se sienten despreciados por esta designación.

Además, el cierre de la Agencia Internacional de Desarrollo (AID) al inicio de su segundo mandato malogró los trabajos misioneros a nivel internacional de muchas iglesias americanas. Recientemente Trump le ofreció dos mil millones de dólares a las iglesias para que continuaran sus esfuerzos misioneros, pero el daño ya está hecho.

El caso brasileño es paradigmático pues Jair Bolsonaro ganó la segunda vuelta electoral con el voto del 60% de los evangélicos fundamentalistas y conservadores. Las encuestas muestran un descenso significativo del apoyo electoral evangélico a Bolsonaro y el desplazamiento del voto evangélico a Lula da Silva, el actual presidente. ¿Qué pasó? Simplemente Bolsonaro hizo lo posible por desperdiciar su capital político: el fallido intento de un golpe de estado invadiendo en la capital Brasilia los edificios de los Poderes de la Federación brasileña y los vínculos con empresarios corruptos han erosionado notablemente su base electoral, a lo que se agrega el pedido a Trump de aplicarle aranceles a Brasil para que pierda Lula y los electores se inclinen por el hijo de Bolsonaro. El “detalle” es que Brasil tiene como principal comprador a China y le compra a Estados Unidos más de lo que le vende.

En este contexto los evangélicos están convencidos de que Bolsonaro es un “falso profeta” y no reúne los requisitos de probidad necesarios para brindarle su voto. Lula, por el contrario, no tiene antecedentes similares, las acusaciones de corrupción se desmoronaron, quedando cómo víctima de abusos del poder judicial, además supo plantarle cara a Trump y ha manejado la crisis con suma inteligencia. Muy probablemente logre reelegirse.

En México la presidenta Sheinbaum ha sido muy amable con la Iglesia Católica que es la columna vertebral de la oposición política y no se ha reunido una sola vez con los evangélicos, quienes la respaldaron fuertemente.

Probablemente algún abogado me recuerde que son estados laicos y hay una separación entre el estado y la iglesia, por supuesto, el detalle es que la mayoría de los ciudadanos son creyentes y los sistemas de evaluación y ponderación de las personas derivan de sus sistemas de valores, expresión de su endoculturación religiosa.

*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH