La dinámica de las iglesias. ¿Quiénes crecen?
Por: Elio Masferrer Kan. *
Las iglesias han tenido diferentes dinámicas institucionales motivadas por el cierre obligado por la pandemia deCovid19, que implicó el cierre de los espacios de reuniones públicas para evitar el contagio de los asistentes. Los censos mexicanos relevan la adscripción religiosa desde 1895 y ha mostrado un descenso sistemático de la población católica, la cual llegaría al 77% de la población, aunque encuestas más recientes la reducen al 70% teniendo en cuenta que los censos son habitualmente contestados por el jefe de familia, que es probable que haya bautizado a sus hijos en el catolicismo, pero es probable que estos hayan abandonado esta religión o se hayan convertido a iglesias cristianas.
Una investigación reciente en Estados Unidos realizada por el Instituto Hartford, especializado en estas temáticas, ha mostrado que por primera vez rebasan las cidras anteriores a la pandemia, con dos grandes tendencias, la consolidación de las megaiglesias y un debilitamiento de las congregaciones más pequeñas. Aunque las megaiglesias exitosas son aquellas que supieron adaptarse a las nuevas realidades, introduciendo estrategias de iglesias multisituadas que emplean actividades desarrolladas por el líder de la iglesia, combinándolas con otras aplicadas por los líderes de las congregaciones locales, realizando además actividades en pequeños grupos que implican el involucramiento de la base de los participantes. Las congregaciones mas pequeñas según este estudio, en muchos casos, no lograron sobrevivir a la crisis económica y a la dispersión de sus integrantes.
La situación mexicana es muy diferente a la de Estados Unidos, afortunadamente tenemos un relevamiento muy interesante aplicado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) que por primera vez han relevado los “establecimientos religiosos”, es importante aclarar que el concepto de establecimiento del INEGI no equivale necesariamente a templo o congregación. En el caso de la Iglesia católica, puede implicar además de un templo a oficinas de la Curia, tribunal eclesiástico u oficinas de Caritas. Para los evangélicos sólo detectará a edificios o construcciones similares, adecuadamente identificadas y visibles desde el exterior, quedan fuera de este relevamiento las congregaciones que operan en casas particulares, grupos misioneros, salones de fiesta o similares que no son empleadas exclusivamente para reuniones religiosas.
La información de campo recogida nos muestra una tendencia diferente a la de los Estados Unidos, los grandes templos no han logrado reconstruir las cifras de los asistentes anteriores a la pandemia, mientras que las congregaciones más pequeñas se consolidaron e incluso crecieron. Con nuestro equipo de trabajo de la Escuela Nacional
de Antropología e Historia estamos procesando la información de los Censos Económicos de 2019 y de 2014, estos censos, a diferencia de los de población se hacen cada 5 años y nos permiten ponderar la situación después de la pandemia.
La cifra de establecimientos religiosos se incrementó notablemente, en 2019 alcanzaban a 86,780 establecimientos religiosos de los cuáles el 37.9% eran católicos, mientras que en el 2024 ascendieron a 95,804 establecimientos religiosos, y los católicos si bien se incrementaron ligeramente, en términos porcentuales bajaron al 35.6%, Los establecimientos no católicos ascendieron a 61,740, mientras que en 2019 alcanzaban a 54,543, evidenciado un incremento notable de alrededor de 7,200 (13.2%) establecimientos religiosos. Por ejemplo, los bautistas, en sus distintas expresiones y tendencias a nivel nacional crecieron de 3,876 a 4,221, un crecimiento del 9.0% en cinco años. En el estado de Puebla, considerado tradicionalmente “muy católico”, los establecimientos católicos bajaron del 53,5% al 51.9%, prácticamente la mitad.
Las tendencias de los datos nos muestran un crecimiento sostenido del mundo evangélico que exponen un proceso creciente de institucionalización y fortalecimiento social y patrimonial que les permite afrontar los gastos e inversiones que representa el incremento de la “oferta religiosa”, pues debemos agregar a estas cifras la tendencia de participación en iglesias multisituadas que se congregan mediante recursos digitales, que obligaron incluso a iglesias pentecostales tradicionales a adaptarse a estas nuevas formas de espiritualidad del siglo XXI.
Las reuniones religiosas en comunidades pequeñas, que no coincide con la tendencia de las megaiglesias norteamericanas, nos explican la búsqueda de formas de espiritualidad que se consolidan en organizaciones religiosas donde las interacciones personales son factibles y construyen nuevos y vigorosos espacios de vida social, espiritual y religiosa,
*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH
