Reseña del libro: EL FRAUDE DE BUKELE.
POR JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.
Enric Planas Meoro es un teólogo catalán que vivió en El Salvador durante el Régimen de Excepción. Escribe el libro “El Fraude de Bukele: cuando ‘Dios’ sirve para todo” como testigo directo. La obra reúne un catálogo de prácticas antidemocráticas y anticonstitucionales dirigidas contra la ciudadanía. Incluye también relatos personales de salvadoreños que conoció como vendedores ambulantes y de familias con hijos presos sin pruebas ni vínculos con pandillas. Se trata de un ensayo escrito como denuncia en primera persona, impulsado por la experiencia directa del autor con víctimas del régimen. El libro fue publicado en 2023 por la Editorial Arzalia.
Entre sus fuentes figuran entrevistas a pastores, ex funcionarios y víctimas del Régimen de Excepción, el análisis de más de dos mil tuits de Bukele y trabajo de campo realizado entre 2021 y 2023.
Planas Meoro y su pareja viven con unos amigos en el Cantón “Llano de Doña María”, en Ahuachapán Centro. Su amigo trabaja como guardia de seguridad en una entidad bancaria, mientras que su esposa tiene un negocio que abre por las tardes. Ambos ahorran para enviarle un paquete a su hijo, que se encuentra en “Mariona”. La hermana de su amiga también trabaja en su venta. Venden un poco de todo y cuentan con una plancha para hacer pupusas. Ella, además, aparta dinero para el paquete que lleva a su hija presa en Apanteos, Santa Ana.
Planas Meoro afirma que los “cipotes” fueron arrestados el 14 de mayo de 2022, cuando tenían dieciocho años, sin pruebas, sin relación alguna con pandillas delictivas, sin antecedentes penales y sin tatuajes en el cuerpo.
Asimismo, artesanos y vendedores ambulantes —amigos del autor— denuncian que los expulsaron del Parque Concordia. Los re ubicaron, pero solo pueden instalar sus canopys los sábados y domingos. Se les informa que, como el Centro Histórico de San Salvador está siendo vaciado de ventas, Bukele quiere que esa dinámica se replique en todo el país. Ellos sostienen que, de concretarse, quedarán sin ingresos.
Planas Meoro señala que comenzó a escribir “El Fraude de Bukele” en Piura, Perú, y lo finalizó en Catalunya, España. En una noche reunidos con sus amigos, estos le dicen que no saben nada de su hijo y que están considerando salir con quienes integran MOVIR (Movimiento de las Víctimas del Régimen). Algunos familiares se lo desaconsejan, porque a Bukele no le gusta que esas manifestaciones desmonten su relato: la idea de que El Salvador es el país más seguro de todo el hemisferio occidental. Esa narrativa, afirman, se sostiene en millones de dólares destinados a publicitar mentiras. Añade que los hijos de sus amigos fueron capturados para completar el cupo de detenciones.
Este ensayo crítico analiza la figura gubernamental del presidente salvadoreño Nayib Bukele desde una perspectiva política y teológica. Bukele, según el autor, ha utilizado de manera deliberada y estratégica el lenguaje religioso y los símbolos cristianos para legitimar su poder. El discurso oficial reduce la gestión pública a una dicotomía simplista: el bien, encarnado por el presidente; y el mal, representado por cualquier voz disidente.
Se justifica el poder recurriendo a la religión. El uso del lenguaje religioso contradice valores sociales fundamentales y desvía la atención de los problemas estructurales. Bukele se presenta como instrumento de Dios. Al hacerlo, cualquier crítica se convierte en un “ataque a Dios” y la disidencia pasa a equipararse con una blasfemia. El combate a las pandillas se narra en clave bíblica: “es una guerra espiritual”, “limpiar la tierra prometida”. El Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) se inaugura con pastores orando, y el discurso oficial habla de “exterminar el mal”.
La religión, entonces, funciona como respaldo para justificar la suspensión de derechos: “Si es contra el mal absoluto, todo vale”. De ese modo, se sustituye el Estado de derecho por una “justicia divina” ejecutada por el presidente. Bukele rompe con la Iglesia Católica tradicional y se apoya en mega-iglesias evangélicas y pastores de televisión. La transacción, se plantea, es clara: “Yo te doy poder político y tú me das base electoral y legitimidad divina”. Incluso el Bitcoin se vendió con un tono mesiánico: “Bitcoin City”, al pie del volcán, se describe como una tierra que mana leche y miel, pues “Dios nos puso este volcán para minar Bitcoin”.
Planas Meoro identifica tres fraudes: el Fraude Democrático, porque utiliza a Dios para concentrar poder y anular contrapesos; el Fraude Religioso, porque vacía la religión de ética y reduce la fe a un mecanismo de legitimación; y el Fraude Social, porque vende al pueblo salvadoreño la idea de que la seguridad llega por un milagro divino y no por políticas públicas, desactivando así la exigencia ciudadana: en lugar de protestar, “hay que orar”.
En El Salvador, concluye, se ha instaurado una dictadura gubernamental. Se sustituyó el imperio de terror que “Los Maras” habían creado y ejercido, imponiendo una dictadura con mano de hierro, en la que participan los tres poderes del Estado, pero en la que quien mueve los hilos es su presidente: el señor Nayib Bukele.
Para derrotar a “Los Maras”, inicia una guerra contra las pandillas y aplica el Plan de Control Territorial en junio de 2019. En marzo de 2022 implementa el Régimen o Estado de Excepción. Según el autor, se construye la cárcel más grande de Latino américa, el CECOT, y en apenas dos años y medio se detiene a más de 80,000 personas, muchas de las cuales serían inocentes, sin ningún vínculo con las pandillas. Ese, sostiene, sería el pisotón más fuerte, escandaloso y visible que el presidente Bukele ha dado a los derechos humanos. Quienes defienden la gestión de Bukele suelen argumentar que las medidas de excepción redujeron de forma drástica los homicidios y la violencia pandillera.
