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EL TRIDENTE ARGENTINO.

POR: MIGUEL BLANDINO.


La selección mundialista del sionismo argentino se va a coronar de la mano de la delantera más poderosa que jamás un país ha llevado al campeonato mundial de fútbol: Milei e Infantino sirviendo los pases y Trump metiendo los goles.
Todo un férreo tridente. Con esa delantera hasta El Salvador podría… ups, no, El Salvador no gana ni con bukele en la portería, aunque tenga el refuerzo de los agentes venezolanos de la CIA -naturalizados, of course- y hayan ido al Muro de los Lamentables a aprender a cabecear.
La copa que ansían entregarle a Argentina todos los extremistas de la derecha inhumana tiene dos finalidades: premiar la política de desmembramiento del territorio nacional y darle una pírrica alegría a la empobrecida y desahuciada fanaticada futbolera.
Tres tristes tigres infames en la delantera, cínicos y crueles en el ocaso de su trayectoria imperial.
Ninguno, sin embargo, nos quita el gusto de disfrutar del deporte que construyó nuestra recia contextura física y moral. En esas “canchas” donde sudamos y nos enlodamos siendo adolescentes aprendimos la ética y la nobleza del alma, la garra de levantarnos después de cada gol en contra, la nobleza de respetar al rival aún en medio de la batalla.
En el más popular de los deportes aprendimos a ser ciudadanos.
Aprendimos que la sociedad socialista elevó a las mayores alturas en el podio a los atletas cubanos, rusos, rumanos, checos… porque cuando el poder popular se apropia de las instituciones, el pueblo se desarrolla en salud , educación, ciencia, cultura, tecnología y deporte.
Las satrapias vende patria quedarán en el basurero de la historia.
Mientras tanto, en cualquier baldío, la niñez y la juventud va a seguir forjando su contextura.