Reseña del libro: «Animal colonial».
La fuga de una mega cárcel, construida a partir de un sistema de seguridad de alta tecnología.
Por: Juan Vicente Chopin.
El libro que les presento a continuación lo leí casi de un tirón. Reconozco que desde mis once años leo libros de un tirón cuando me gustan, siempre que las circunstancias me lo permiten. A veces se vuelve un hábito adictivo. Supongo que no me pasa solo a mí.
FICHA TÉCNICA DEL LIBRO
Autor: Rodrigo Rey Rosa.
Título: Animal colonial.
Año: 2026.
Editorial: ALFAGUARA (Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona).
ISBN: 979-13-87846-25-1
Páginas: 193.
AUTOR
Rodrigo Rey Rosa. Nació en Guatemala en 1958. Después de abandonar la carrera de medicina en su país, residió en NY (donde estudió cine) y en Tánger (Marruecos). Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2004. Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2015.
RESEÑA
El libro se lee con cierta facilidad. Me refiero a que su prosa es diáfana, su pureza evita los argumentos contorsionados. Es, además, muy versátil.
El tema central explica la fuga de una mega cárcel, construida a partir de un sistema de seguridad de alta tecnología.
En dicha cárcel está en curso un experimento ideado por el Dr. Rossignon, llamado «El sistema Interceph», cuyo concepto general es como sigue: «el sistema de interconexión cerebral especial para prisiones fue diseñado con el fin de integrar las capacidades cognitivas de un número indefinido de prisioneros voluntarios bajo la guía de un responsable calificado, quien actuaría como el cerebro del colectivo. Esta red busca funcionar como un organismo no cerrado y susceptible de crecimiento, donde cada individuo es un nodo que aporta y recibe información, similar a una colonia de esponjas marinas, donde la interdependencia y la intercomunicación aseguran el funcionamiento del conjunto». (pp. 79-80).
La novela recurre a argumentos vinculados a la nanotecnología, neurociencia (interfaces neuronales muy avanzadas) y electrónica. La propuesta es descrita como «una maravilla técnico-biológica».
La mega cárcel se llama «El Infiernón», está situada en Guatemala y es conocida oficialmente como «Prisión de Alta Contención Tecnológica (PACT)»; es aclamada como una ejemplar instalación de vanguardia con capacidad para 50,000 reclusos. El lector salvadoreño piensa de inmediato en el CECOT (Centro para el Confinamiento del Terrorismo). De hecho, el autor lo cita en la página 90.
Un ejército de nanobots habría invadido la prisión horas antes de la fuga y desempeñó un papel crucial. Era como una plaga bíblica de insectos inteligentes, que desactivaron los sistemas de seguridad.
El Gobierno acusa a los responsables —¡qué ironía!— de ataque bioterrorista. Por su parte, las organizaciones de derechos humanos acusan al Gobierno por el uso de tecnología experimental en los reclusos sin el consentimiento de estos.
En cuanto a los responsables, «algunos expertos apuntan a redes criminales altamente organizadas con acceso a tecnología de punta, mientras otros especulan sobre una posible participación extranjera» (p. 186).
El Infiernón, que en su día fue símbolo de progreso e innovación, es ahora un claro recordatorio acerca del peligro que implica confiar excesivamente en la tecnología sin supervisión humana adecuada. (p. 186, apéndice I).
Vale la pena citar íntegro el párrafo con que finaliza la obra: «Las herencias culturales y amerindias no han dado paso a una producción artística o intelectual notable, todavía, sino más bien a una nueva forma de incultura donde las mayores expresiones son el arte del asesinato político y una estética de la violencia y el cinismo» (p. 193).
CITAS
«Creo que en vez de preguntarnos por qué esos muchachos están presos, deberíamos preguntarnos para qué. El porqué está en el pasado, es el campo de la ciencia. El para qué es parcela de la filosofía». (p. 73).
«¿Cuántos años cree que deberán pasar antes de que estos paisitos finca se conviertan en estados modernos más o menos funcionales? ¡Siglos, al paso que van las cosas!» (pp. 75-76).
«RECOMENDACIÓN: Establecer un marco ético sólido para garantizar el uso legítimo del sistema». (p. 114).
