Ante la OIT : La realidad laboral y sindical pide audiencia.
Cuando el logro internacional es solo el lubricante de una realidad interna oxidada.
Por: Armando Fernández /Comunicador Comunitario
Vaya, vaya. Hace unas horas el Ministro de Trabajo de El Salvador anunció con bombos y platillos en X el «magno logro»: la delegación tripartita salvadoreña logró sacar al país de la infame lista corta de los 26 Estados señalados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como presuntos violadores de los derechos sindicales y tratados internacionales. Según el discurso oficial, en Ginebra prevaleció el argumento para el progreso.
“Entre sellos, discursos y reconocimientos, ”
La celebración del Ministro de Trabajo por la exclusión de El Salvador de la lista corta de 26 países observados con denuncias por vulneraciones a derechos sindicales y laborales en la reunión de la OIT abre, inevitablemente, una pregunta incómoda: ¿un descargo internacional equivale automáticamente a una realidad laboral justa y equilibrada dentro del país?
El sentido común burgués y bien portado nos dice que deberíamos estallar en júbilo. ¡Limpiamos el nombre de la patria! ¡Somos cumplidores plenos!. Nada más lejos que eso…
Pero un momento. Detengamos la marcha triunfal y miremos los engranajes. Quienes conocemos el patio desde adentro sabemos que este «triunfo» no es más que el resultado de una fórmula corporativa perfecta: la delegación «3 en 1».
¿Se acuerdan de aquel famoso aceite lubricante que servía para todo? Bueno, la instancia tripartita (Gobierno, Empresa Privada y Sindicatos alineados) pasó de ser un espacio deliberativo, de análisis y balance de poder, a convertirse en un club prepagado. Una maquinaria aceitada donde tres voluntades teóricamente opuestas ahora actúan como un solo cuerpo para convertirse en el botón y sello de aprobación automática del Ejecutivo. Un unísono de «apruébese y publíquese».
La Soberbia del «Tener la Razón» y el Síndrome de la Bandeja de Plata
A la comisión «3 en 1» habría que pedirle un poco de cautela antes de embriagarse con la soberbia de lo «correcto». Ante organismos como la OIT, pregonar que se tiene la razón es un arma de doble filo: conlleva reconocimientos temporales, pero eleva los riesgos. No alimenten percepciones falsas de lo que es justo y realista en las calles de San Salvador. Porque convivimos en el mismo territorio, aunque no en las mismas condiciones.
Ese logro eventual en Ginebra no es un cheque en blanco; es un franco compromiso con el cumplimiento real de las leyes y tratados que el país ha firmado. No se puede ser luz en la OIT y sombra en los ministerios locales.
Mientras la delegación oficial celebraba, la representación independiente minoritaria, asfixiada económicamente, no reconocida por el Estado y debilitada en su capacidad de cabildeo argumental no pudo cambiar la percepción de la comisión. Claro, ¿Cómo competir contra la aplanadora de los recursos y cabildeo estatales?
La paradoja de la interdependencia: Estado, empresa y trabajadores nos necesitamos mutuamente. Pero esa relación está rota. La brecha se agranda desde junio de 2019 y no se va a cerrar ignorando a los excluidos. Vivimos en el mismo patio territorial. Mientras se siga viendo al sindicato independiente como el enemigo o el adversario a destruir, estaremos bien lejos de encontrar intereses comunes.
Un Llamado al Sindicalismo Blanco (Antes de que se mutile la conciencia)
A los hermanos del sindicalismo blanco, a los de «bandeja de plata» que hoy viajan con viáticos oficiales, les hacemos un llamado a la memoria y a la solidaridad de clase. Sabemos que mantenerse a flote no ha sido fácil. Entendemos el miedo colectivizado: la mayoría de ustedes hace malabares para pasar desapercibida ante el ojo inquisidor del poder, temiendo convertirse en una cifra más de los 40,000 despedidos de las oficinas estatales desde que inició la actual gestión. Entendemos que el instinto de supervivencia es humano.
El problema radica en la cúpula. Despojarse de ideales suele ser más fácil cuando el costo lo paga otro. Es ampliamente conocido que en esa minoría de líderes «de planilla» ya no defienden trabajadores, sino sus propios privilegios, plazas reservadas y las prebendas que el gobierno de turno otorga a cambio de lealtad ciega. Qué fácil y qué barato fue despojarse de los ideales, de los valores y de una trayectoria de lucha para terminar plegados a los designios de quien tuerce el destino de la clase trabajadora.
La Lucha no se Certifica en Ginebra
Para los trabajadores curtidos en la resistencia, los que tienen las manos gastadas y la dignidad intacta, esto es solo una batalla más en una guerra de desgaste que nunca termina. Defender el trabajo y la dignidad humana no depende del visto bueno de una comisión internacional ni de los tuits ministeriales.
Porque defender el trabajo nunca ha sido una tarea temporal.
La resolución de la OIT puede interpretarse como un logro diplomático. Pero también debe entenderse como un compromiso verificable con el cumplimiento de tratados, derechos y garantías laborales.
La resolución de la OIT no es el fin de la historia; es apenas un presagio. Un recordatorio creativo de que la verdadera justicia no se negocia en hoteles de Europa, sino que se defiende en el día a día, resistiendo a la monarquía del sello automático. La búsqueda de la verdad continúa, y el optimismo oficialista solo demuestra una cosa: nos tienen miedo cuando nos organizamos fuera de su libreto.
