El octavo año presidencial. Grietas en el espejo del poder absoluto. Problemas en el estómago.
Por Miguel A. Saavedra.
Mucho dron, mucho render, mucho uniforme, música épica escenográfica … pero el refrigerador de las familias salvadoreñas sigue vacío.
Cuando el poder se vuelve espectáculo, la realidad termina filtrándose por las grietas.
El próximo 1 de junio el país volverá a asistir a una ceremonia ya conocida: cámaras perfectamente alineadas, cadenas nacionales saturadas de épica institucional, drones sobrevolando edificios recién pintados y discursos pronunciados como si la historia hubiese llegado a su punto culminante.
El guion está escrito desde hace tiempo: seguridad, modernización, eficiencia, grandeza nacional. Una narrativa pulida como vitrina de aeropuerto. Todo cuidadosamente diseñado para transmitir la sensación de un país imparable.Pero hay un problema con los escenarios demasiado iluminados: la luz intensa también revela las grietas.
El país asistirá a una nueva puesta en escena de la infalibilidad digital. Los proyectores iluminarán maquetas virtuales, el séquito presidencial , el despliegue de miles de efectivos militares y policiales con sus equipos blindados, su docena de vehiculos de seguridad entre tanta prafernalia en la cadena nacional de medios ,los discursos oficiales hablarán de refundación y las métricas de las redes sociales decretarán un optimismo absoluto.
Y por supuesto el argumento de la seguridad disfrazada de nuevos artilugios de continuidad ,porque hay que mantener el relato y el miedo hasta las elecciones de febrero 2027, donde pretender sellar el poder total, y marcar su contiuidad a perpetuidad.
Sin embargo, cuando las luces de las pantallas se apagan, el territorio real recupera su fisionomía: una geografía de desgaste silencioso, donde las familias hacen malabares con presupuestos rotos y las comunidades rurales resuelven con sus propias manos lo que el Estado centralizado prometió resolver desde un escritorio. Mientras en el ecosistema de poder se percibe «mucho brillo en la pauta digital, demasiado ruido de sables en el pasillo. Cuando los contrapesos externos se eliminan, el verdadero desgaste del poder siempre empieza por casa.»
Para entender el estado real de la nación al cumplir este octavo año de gestión, es necesario apagar el ruido de los aplausos y auditar las tres facturas materiales que el centralismo le está cobrando al ciudadano de a pie.
1. La canasta básica y el ahogamiento del bolsillo comunitario
El primer flanco de desgaste no se debate en los salones legislativos; se sufre en la tienda del cantón , del barrio , de la colonia y en el mercado municipal. La narrativa oficial insiste en un rumbo económico abstracto «Todo marcha bien.. el milagro económico ya vienen porque hay Seguridad», pero la realidad material de los sectores más vulnerables es la de una economía de subsistencia.
La asimetría del dinero: Mientras el gasto en pauta digital e infraestructuras vitrina se mantiene blindado, el costo del maíz, el frijol y los insumos agrícolas básicos ha transformado la mesa familiar en un espacio de privación donde en la mesa de miles de familias se saltan algún tiempo de comida ,porque «Ya no alcanza», y sin pensar en los altos pagos por luz electrica y del agua potable.
El verdadero peligro de este modelo no es solo la inflación, sino el desvío del rumbo. Al carecer de una política pública orientada a la producción local y a la protección de la agricultura familiar, el bienestar de los sectores populares se ha dejado a la deriva. El bolsillo ciudadano no se desahoga con anuncios de macroproyectos; se desahoga cuando el ingreso alcanza para la cena.Mientras anto el anunciado «Milagro económico» no aparece por ningún lado para la mayoria de clase media y no se diga para la gran base piramidal de pobreza.Pero quienes si han encontrado la fórmula mágica para convertirse en los neuvos millonarios son la la familia presidencial, sus funcionarios y los 54 diputados «Puyabotones» que como muestra no del todo confiable dejan ver cuanto han ganado desde que son funcioanrios de la nueva forma de gobernar…
El vacío y del fracaso municipal: Cuando los «cohetes soplados» tocan el territorio
El diseño de las 44 macroalcaldías y la Dirección de Obras Municipales (DOM) se vendió como la cura definitiva contra la inoperancia local. Ocho años después, el diagnóstico en las comunidades periurbanas y rurales es unánime: la centralización institucionalizó el retraso.
Las alcaldías perdieron su autonomía técnica y financiera, pero el ciudadano no ganó eficiencia y obras prioritarias; ganó burocracia. Los caminos vecinales siguen agrietados, los sistemas de alumbrado público languidecen, y como las obras ahora vienen de arriba ( de la DOM) ya no mano de obra local utilizan, donde los proyectos comunitarios de infraestructura básica se han convertido en lo que en buen salvadoreño llamamos «cohetes soplados»: mucha pólvora en el anuncio, pero nula luz en la realidad.
La opacidad en la asignación de recursos y la eliminación de los canales de auditoría social yde información son preguntas prohibidas de la pregonada «nueva forma de gobernar» no han eliminado las viejas prácticas; simplemente las han alejado de la vista del vecino, centralizando las decisiones en un embudo estatal inoperante.Mientras el ciudadano emigra interna o externamente (con mayoría de jóvenes) , busca oportunidad de trabajo y de superacion fuera de sus distritos buscando las cabeceras o alguno otro pais ,donde tener futuro y prosperidad.
La balanza de la justicia: El costo de los inocentes y el retorno al derecho
Ninguna sociedad puede construir estabilidad a largo plazo sobre la arena de la incertidumbre jurídica. Si bien la demanda de seguridad es legítima y sentida por la población, la normalización de la excepcionalidad penal ha generado una herida profunda en las familias trabajadoras.
La pregunta que flota con timidez, pero con profunda angustia en los hogares honestos es: ¿Cuándo volverá la forma normal de hacer justicia?
Lo que tenemos : [Excepcionalidad Permanente] ── Juicio Sin Verificación ──> [Vulnerabilidad Social]
Por el deber ser : [Proceso Penal Ordinario] ── Presunción de Inocencia ──> [Garantía Ciudadana]
Un sistema de justicia fuerte no es aquel que detiene de forma masiva, sino aquel que tiene la capacidad quirúrgica de separar el trigo de la paja, protegiendo al inocente de la arbitrariedad. Cuando las madres de familias vulnerables recorren ventanillas sin obtener información, o cuando los procesos se dilatan sin rostro ni debido proceso, la justicia deja de ser un valor social para convertirse en un factor de riesgo doméstico. La verdadera paz pública exige el retorno a la predictibilidad legal, donde la ley sea un escudo para el ciudadano honrado y no un laberinto indescifrable.
La respuesta ciudadana: Una acumulación silenciosa
Para los analistas de superficie, la sociedad civil salvadoreña parece sumida en la apatía o inmovilizada por el temor. Esa es una lectura incompleta. Lo que existe en el territorio no es sumisión, sino una fase de reorganización orgánica y prudencia táctica.
Las comunidades no están esperando que un partido político tradicional las convoque, porque las viejas estructuras ya demostraron su desconexión con las necesidades reales. El verdadero despertar ciudadano es incipiente pero robusto en sus bases: se manifiesta en las organizaciones legales o de hecho que defienden su gestión local, en las ADESCOS que organizan las faenas vecinales ignorando el vacío municipal, y en las redes de solidaridad que sostienen la vida donde el Estado no llega. Esta resistencia silenciosa no representa hoy una amenaza electoral para el régimen, pero constituye la reserva moral del país. Es un tejido subterráneo que aprende, acumula memoria y se fortalece en la práctica cotidiana de la autogestión.
El territorio siempre tendrá la última palabra
El discurso del 1 de junio intentará fijar una verdad inmutable desde las alturas del poder. Pero la historia de nuestras comunidades nos enseña que los relatos que no se sostienen en la realidad material terminan evaporándose. La dignidad de un pueblo no se decreta por redes sociales ni se silencia con propaganda; se ejerce día con día en el trabajo compartido, en la exigencia del debido proceso para los suyos y en la certeza de que el bienestar común se construye desde abajo, respetando la vida de la gente.
La auditoría de lo cotidiano
La respuesta ante este panorama de desgaste no radica en la confrontación estéril que alimenta los algoritmos del poder, sino en un ejercicio diario de lucidez colectiva. La ciudadanía inteligente comienza en el cantón, en la colonia, en la directiva de la escuela , de la iglesia , de la comunidad , en la platica disimulada del sindicato disuelto , en el estar pendiente de la convocatoria en redes o de boca a boca de la siguiente gran marcha…. El verdadero contrapeso consiste en dejar de ser consumidores pasivos de narrativas de pantalla y convertirnos en auditores activos de nuestra realidad inmediata. Documentar la obra que no se terminó, registrar los días que faltó el servicio y resguardar la memoria de los procesos locales son las herramientas legítimas y pacíficas para defender el entorno.
Apostar por la organización comunitaria no es una postura político-partidaria; es un acto de preservación elemental. Cuando el ciudadano se involucra en la gestión de su territorio, el margen de la promesa vacía se reduce drásticamente. Compartir información verificada con los vecinos, participar activamente en las decisiones colectivas y exigir cuentas técnicas a las macroestructuras inoperantes son las vías en que la sociedad civil mantiene viva su autonomía. El tejido social no se repara con decretos desde arriba, sino fortaleciendo los nodos locales, un dato y una comunidad a la vez.
El pulso del territorio
Al mirar en perspectiva el balance de estos ocho años, queda claro que las puestas en escena pasan, las tendencias digitales se diluyen y los discursos se archivan, pero la geografía real y su gente permanecen. Una nación no se mide por la perfección estética de su propaganda, sino por la predictibilidad de su justicia y la viabilidad económica de la mesa familiar. Los sistemas hipercentralizados suelen cometer el error estratégico de asumir que el control absoluto equivale a la estabilidad interna de su poder y sus cercanos, olvidando que la verdadera fuerza de un país reside en la periferia donde esta el ciudadano de a pie quien es el que sostiene el peso del día a día.
Observar estos flancos desde el análisis técnico nos obliga a mantener la cabeza fría, pero caminar estas realidades nos exige mantener el corazón conectado con el territorio. Las tormentas narrativas y las arquitecturas de poder tienen ciclos de caducidad predecibles; lo que no caduca es la reserva moral de una sociedad que aprende a cuidarse a sí misma cuando el Estado se ausenta. Mantener el ojo crítico, el dato verídico a la mano y la solidaridad vecinal activa es, al final del día, la forma más inteligente y resistente de navegar la coyuntura. Seguiremos escaneando el entorno, con la brújula clara y los pies bien puestos sobre la tierra
La anatomía del canibalismo interno
Pero no todo es color de rosa en sus 8 años de poder total. Detrás de la impecable coreografía digital de cada 1 de junio, los observadores del territorio comienzan a notar las fisuras inevitables de cualquier diseño hipercentralizado. Cuando una estructura clausura los contrapesos externos, el conflicto no desaparece; simplemente muta en un sigiloso canibalismo interno donde las facciones compiten ferozmente por la cercanía al centro, devorando incluso a sus aliados más próximos en aras del presupuesto o la supervivencia política.
Para el ciudadano que observa con atención más allá de la propaganda, este discreto ruido de cuchillos bajo la mesa no es un secreto de pasillo, sino una alerta fundamental: las grietas y las purgas silenciosas en el monolito demuestran que, detrás de la coreografía de unidad perfecta, el centralismo absoluto es, por definición, un gigante con pies de barro, crónicamente hambriento de sí mismo.
Este discreto ruido de sables bajo la mesa tiene una doble lectura: por un lado, enciende las alertas sobre la fragilidad de un modelo que depende del control absoluto; por el otro, expone la realidad de un monolito que, ocupado en sus propias luchas intestinas, empieza a dejar al descubierto sus flancos más críticos: la economía del estómago, el abandono de los distritos periféricos y el dolor silencioso de la arbitrariedad judicial.
La historia demuestra que los gigantes con pies de barro suelen ser devorados por su propia inercia mucho antes de que la oposición formal logre articular y desplegar sus grandes luchas..
