Cultura

Hemoglobina

Por: Manuel Alcántara Sáez.

Los ciclos de la vida los definen una rara mezcla que entrevera los estados de ánimo y los variopintos rasgos del contexto donde uno se mueve. Pero decir eso es no decir nada. ¿Qué es un estado de ánimo? ¿Qué lo define? ¿Cuánto pesa la variable mental frente a la física? En cuanto al contexto ¿qué papel desempeña la diversidad que lo constituye? ¿Qué lo determina? ¿Cuáles son sus límites? Los ciclos tienen un carácter individual porque para cada persona se definen estos rasgos que se dan en su existencia. Por ello su duración es irregular y no hay un patrón universal. Las divisiones etarias son claramente insuficientes, aunque sirvan a efectos estadísticos y a la hora del diseño de políticas sociales de mayor o menos alcance. La niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez, la senectud admiten subdivisiones en función de diferentes criterios.En otro orden de cosas y cuando lo que se desea tener es una imagen de los cambios que se dan a lo largo del tiempo en una determinada sociedad lo usual es manejar el término generación. Bajo su registro se agrupa a los individuos en lapsos de una duración que oscila entre 15 y 20 años bautizándola con una efeméride o un rasgo relevante acaecido. Los ejemplos son conocidos: la generación del 98, la del 27, los baby boomers, los milenial, la generación z, la x … Mecanismos dotados de cierta racionalidad para entender la evolución de lo que acontece. Poco a poco, esas clasificaciones de los ciclos vitales sociales han ido adquiriendo un carácter cada vez más universal alejándose de las pautas locales.



Las reuniones sociales vienen condicionadas por criterios en los que a menudo se impone la condición de que los presentes sean de una edad similar. En otras ocasiones la afinidad se da por razones de sexo y en otras por la adscripción a un credo religioso, ideológico o deportivo. Pero ello no tiene por qué significar que se trate de gente que pase por el mismo ciclo vital, pues hay características propias de cada persona que hacen que este sea particular. ¿Puede ser la hemoglobina un elemento diferenciador?En uno de tantos encuentros de solaz en los que él acude la conversación grupal salta de un tema a otro. De las inclemencias del tiempo se pasa a las manipulaciones habidas en la última campaña electoral. Alguien saca con poco éxito el caso de un político famoso que ha sido recientemente detenido y puesto a disposición de la justicia por una corruptela habitual. Han hablado de la interpretación de los sueños y de un viaje a Nepal de una de las parejas presentes. Cuando parece que la velada está llegando a su fin uno de los contertulios a rebufo de una historia de salud de una amiga conocida por la mayoría complementó el diagnóstico señalando que tenía la hemoglobina baja. Alguien de seguido abundó que en Cuba en toda la población su nivel era muy bajo dada la forzada dieta que imperiosamente seguían de manera colectiva.Acostumbrado a callar en la mayoría de las veces y más cuando se hablaba de cuestiones para él exotéricas o que no le interesaban, en aquel instante su curiosidad se despertó. Recordaba vagamente de su época escolar aquel término y sí, era cierto, que en los análisis de sangre que se hacía rutinariamente cada año se medía su presencia. Pero nunca había reparado en el registro concreto de la medición. Frente a las cifras que todos los presentes empezaron a manejar con relación a su nivel de hemoglobina no sólo él no tenía ni idea de su función en el organismo, desconocía también los guarismos en que se movía en su cuerpo. Sabía que tener más de 37 grados de temperatura era una señal de alerta, poco más. Incluso no recordaba con precisión los valores de la presión arterial a pesar de que tenía tendencia a tenerla alta. Pero ¿la hemoglobina? Escuchó sus efectos en los párpados inferiores, en los labios y en las encías más pálidas de lo normal. El cansancio. El problema era la ausencia de hierro, dijeron.Ha dormido bien, pero al despertarse su mujer, que no había asistido a la reunión social por tener un compromiso laboral, le ha sorprendido al contarle un sueño que había tenido protagonizado por él. Su admiración ha sido mayúscula pues no creía recordar que en los diez años que llevaban juntos hubieran hablado del tema. Ella le contó que se encontraba en una comida con gente de la oficina donde el menú eran lentejas con morcilla. Un menú que expresamente el jefe dijo que había escogido porque había detectado que en el equipo de trabajo había un manifiesto déficit de hemoglobina. Con aquel almuerzo pagado por la empresa al que se sumaba una jugosa ensalada de aguacate quería ayudar a subsanarlo. Ella, se había despertado estupefacta. La historia incrementó la zozobra.

.

Está ya en el trabajo. Si el día anterior había mantenido un tono vital exultante que le llevó a liderar una propuesta arriesgada que sacó adelante con el beneplácito de la directiva y resultados inmediatamente exitosos ahora está abrumado. Ayer, además, cuando se dirigía a la reunión social tras dejar el trabajo sentía una plenitud emocional como hacía tiempo que no le ocurría. La luz del atardecer, la suave brisa, la apacibilidad de las caras de la gente con que se cruzó configuraban una melodía armoniosa que le imbuían una sensación de felicidad quizá exagerada. Hoy el tráfico ha sido una pesadilla y su humor está por los suelos. Su ceño fruncido vaticina que el malestar que le invade es un preludio de una jornada nefasta. Algo que se refuerza inmediatamente por la forma en que su jefe le saluda. Está desconcertado. No cree ser una de esas personas ciclotímicas que también conoce entre sus amistades. Un breve fulgor ilumina su mente. Debe cuidar su hemoglobina porque sabe que acaba de entrar en un nuevo ciclo de su vida y ella es responsable.