Salud

El cerebro en la depresión: Afectaciones, neuro plasticidad y recuperación.

Por: Yuliana Huerta Rodríguez.

Desde hace siglos, distintas sociedades han buscado comprender la relación entre lo que pensamos, sentimos y experimentamos en el cuerpo. En la antigua Grecia, Hipócrates relacionó el cerebro con la mente, las emociones y la inteligencia. En otras tradiciones, como la bíblica, también encontramos reflexiones sobre la relación entre el estado emocional y el cuerpo: “No hay mejor medicina que tener pensamientos alegres. Cuando se pierde el ánimo todo el cuerpo se enferma” (Proverbios 17:22, TLA, 2000).

Sin embargo, fue a partir de las últimas décadas del siglo XX, con el desarrollo de las técnicas de neuroimagen, cuando comenzó a obtenerse evidencia más precisa sobre los cambios cerebrales asociados con la depresión

Las investigaciones en neuroimagen de los últimos años han permitido estudiar el cerebro de personas con depresión con un nivel de detalle que anteriormente no era posible. Estos avances han dejado en claro que, si bien la depresión no puede explicarse únicamente desde la química cerebral, tampoco puede comprenderse ignorando lo que ocurre en el cerebro.

La depresión entendida desde las neurociencias hoy puede reconocer que algunos de los comportamientos que interpretamos como “falta de voluntad”, en realidad, pueden estar relacionados con cambios en procesos cerebrales, lo que afecta la atención, la velocidad de procesamiento de la memoria y las funciones ejecutivas. 

También existe evidencia de una disminución en la disposición a invertir esfuerzo para obtener recompensas. Estudios recientes demuestran que la depresión y la anhedonia se asocian con una menor disposición a realizar esfuerzo, especialmente físico.

Pensemos en que una persona sin depresión puede pensar: “Tengo que levantarme, bañarme, trabajar y resolver mis pendientes.” Para una persona que atraviesa un episodio depresivo, esa misma secuencia puede sentirse como una serie de tareas enormes. No porque no quiera realizarlas, sino porque los sistemas relacionados con la motivación, recompensa, atención y esfuerzo pueden estar funcionando de manera diferente.

Decirle a una persona depresiva “hazlo”, puede ser tan poco útil como pedirle a una persona con una lesión física que corra porque, parte del problema radica en que los sistemas cerebrales que hacen posible este tipo de acciones están desregulados. Se trata entonces de comprender que la capacidad para utilizar nuestros recursos puede verse afectada durante la enfermedad.

Es importante decir que hablar de cambios cerebrales asociados con la depresión no significa hablar de un cerebro “dañado” de manera irreversible. Una de las características más importantes del cerebro es su capacidad de cambiar y adaptarse: la neuroplasticidad. Las experiencias, el aprendizaje, el entorno y las intervenciones terapéuticas pueden participar en modificaciones de la actividad y la conectividad cerebral.

Significa algo más sencillo y, al mismo tiempo, esperanzador: el cerebro cambia durante la enfermedad, pero también puede cambiar durante la recuperación.

Entender estos procesos también cambia la forma en que pensamos la prevención de la depresión. Debe ser un proceso continuo que comience antes de una crisis, basado en la educación dentro de la familia, escuelas y centros de trabajo. Esto implica eliminar los estigmas y prejuicios que consideran la depresión como una falla moral o de voluntad, capacitando a la comunidad para identificar señales de alerta, brindar primeros auxilios psicológicos y facilitar un acceso oportuno a servicios profesionales. Asimismo, cuidar la salud cerebral mediante hábitos como el sueño adecuado, el ejercicio físico, la regulación emocional y el fortalecimiento de redes de apoyo resulta fundamental dentro de una visión integral de la salud.  

Es imprescindible entender que buscar ayuda profesional no representa un fracaso personal ni familiar, sino un acto responsable para recuperar el bienestar e incluso salvar vidas. 


Referencias

Gray, J. P., Müller, V. I., Eickhoff, S. B., & Fox, P. T. (2020). Multimodal abnormalities of brain structure and function in major depressive disorder: A meta-analysis of neuroimaging studies. American Journal of Psychiatry, 177(5), 422–434. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2019.19050560  

Horne, S. J., Topp, T. E., & Quigley, L. (2021). Depression and the willingness to expend cognitive and physical effort for rewards: A systematic review. Clinical Psychology Review, 88, Artículo 102065. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2021.102065

Perez, G. M., Rosenberg, B. M., Xu, W., & Oathes, D. J. (2025). Brain changes associated with depression treatment: A meta-analysis. NeuroImage: Clinical, 48, Artículo 103874. https://doi.org/10.1016/j.nicl.2025.103874

Traducción en Lenguaje Actual. (2000). Sociedades Bíblicas Unidas. (Proverbios 17:22)