DestacadasHemos leído

MI NIÑERA DE LA KGB

Por: Manuel Alcántara Sáez.

Leonardo Padura cuando escribió El hombre que amaba a los perros contribuyó a abrir una senda imperecedera para entender buena parte del siglo XX. Sobre la figura de León Trotsky se alzó la de su ejecutor, Ramón Mercader, y la de su madre, Caridad Mercader, iconos de la militancia española en la KGB soviética. África de las Heras Gavilán fue una militante comunista española nacionalizada soviética y una destacada espía del NKVD-KGB cuyo nombre en clave era Patria, si bien adoptó los nombres de María Luisa de las Heras de Darbat, ​ María de la Sierra, ​ Patricia, Ivonne, ​ María de las Heras, ​ Znoi​ o María Pávlovna.​ Nació en Ceuta en 1909 y murió en Moscú en 1988. Fue captada por los servicios secretos soviéticos durante la guerra civil española, luchó con el ejército soviético en Ucrania durante la II Guerra Mundial y fue la responsable de establecer la red del espionaje soviético en América del Sur entre 1948 y 1967. María Luisa mantuvo conexiones con espías en toda la región y, a través de una radio instalada en su apartamento, transmitió informaciones a Moscú.
Su etapa latinoamericana, con independencia de un apoyo puntual en México en la operación que culminaría con el asesinato de Trotsky, se centró en Uruguay. Ella se trasladó a Montevideo tras su matrimonio en París en 1946 con el célebre escritor y músico uruguayo Felisberto Hernández. El carácter conservador y las convicciones anticomunistas de Felisberto fueron coartadas ideales para que África de las Heras estuviera blanqueada ante la sociedad uruguaya. Tras su separación en 1951 María Luisa (África) ya tenía la nacionalidad uruguaya y se encontraba plenamente inserta en su nuevo país con numerosos lazos sociales. Su belleza, un don natural de gentes y el mundo que ya había recorrido facilitaron su inmersión montevideana gracias también a la costura y a ejercer como niñera.
María Luisa (África) se casó con el italiano Valentino Marchetti, otro espía venido de Moscú que operaba en Buenos Aires. Juntos formaron una pareja que, tras una fachada de apariencia anodina gestionando un negocio de antigüedades, desarrolló un papel fundamental en la coordinación de la inteligencia soviética en la región. La neutralidad de Uruguay durante el conflicto bélico fue una de las razones por las que la Unión Soviética decidió hacer del país su centro de operaciones regional. Como reconocimiento a su tarea como espía María Luisa (Africa) recibió la Orden de Lenín y la Orden de la Estrella Roja.
Laura Ramos nació en Buenos Aires en 1956. Su madre fue la feminista Faby Carvallo, también conocida como La Maga en los círculos bohemios de las décadas de 1940 y siguiente. ¿Inspiradora del personaje de Julio Cortázar? Su padre fue Jorge Abelardo Ramos, historiador y político de izquierda, embajador en México y dos veces candidato presidencial en Argentina. Es una autora prolífica tanto en el periodismo como en el terreno de la novela, género en el que destacan sus novela Buenos Aires me mata de 1993 y Las señoritas de 2021.
El hecho de que su padres fueran dos relevantes militantes trotskystas argentinos contribuye a que la obra realizada por Laura Ramos tenga un carácter extrañamente militante. El balance entre lo literario, el trabajo investigador que supone seguir la pista a alguien que se pasó toda su vida ocultándose y la necesidad de entender su propio pasado familiar hacen que este libro sea fascinante. Laura Ramos se niega a darle el carácter literario que podría caber exigirle. Como ella señala, su investigación merecería un cierre acorde con un tratado forense, con un ensayo freudiano, ya que sería demasiado presuntuoso incluirlo en el género de la tragedia griega.
Pero verdaderamente pareciera que no pudo huir de su destino, trazado en su niñez cuando María Luisa se ocupaba de ella como de tantas otras niñas y niños del círculo de amistades de sus padres. Al final, concluyó escribiendo un libro sobre su madre que terminó en Montevideo. Sobre su padre, afincado en Buenos Aires, sus amantes y su revolución. Una lectura posible de su propia vida, como ella misma reconoce, podría ser que su lucha fue por intentar huir de sus universos ideológicos y su artilugio más eficaz (o el que creyó más eficaz) fue meterse en una máquina del tiempo, que le alojara lejos de su revolución, de la moral de entonces, del espíritu de esa época, de aquel tremendo medio siglo que arranca con el inicio de la guerra española y culmina con la caída del muro de Berlín.
Laura Ramos (2026). Mi niñera de la KGB. Lumen. Barcelona. ISBN: 978-84-264-3349-7. 252 págs.