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EL DIABLO ENTRE NOSOTROS.

Por José Guillermo Mártir Hidalgo.

Lorenzo Ramírez Navarro, periodista de investigación y autor español, publicó en noviembre de 2025 El diablo entre nosotros: los agentes del caos del nuevo orden mundial. La obra sostiene que, cuando la certeza se desmorona y las verdades oficiales se multiplican, el diablo aparece entre nosotros. Opera en silencio, en los despachos y en las sombras; rara vez hace ruido. No lleva cuernos, sino corbata. No vive en el infierno, sino en los consejos de administración, en las instituciones supranacionales, en los laboratorios de ideas y en los departamentos de comunicación que moldean lo que pensamos.

La obra de Ramírez Navarro es un mapa, una cartografía de las fuerzas que configuran la vida pública. Uno de los logros del libro consiste en mostrar cómo funcionan los mecanismos de invisibilización: dinámicas opacas ocultas bajo montañas de burocracia, lenguaje técnico y procedimientos ininteligibles, que permiten tomar decisiones públicas sin escrutinio ciudadano. El diablo de Ramírez es un ecosistema de poder que prospera en la confusión; un entramado de instituciones, intereses, lógicas tecnocráticas, conglomerados mediáticos y dispositivos digitales que condicionan la realidad colectiva.

Se trata de decisiones tomadas fuera de foco, a partir de agendas supranacionales que no hemos elegido, y de interpretaciones mediáticas que reducen debates complejos a titulares diseñados para controlar la conversación pública.

El libro aborda cuatro temas principales: el proyecto europeo, la deudocracia, el cambio climático y la tecnología. Sobre el origen y la evolución del proyecto europeo, manifiesta que existen demasiados arquitectos en la sombra. La tesis que plantea es que Europa no se gobierna plenamente a sí misma, pues nació bajo una tutela extranjera. Europa sería, según el autor, una obra de ingeniería geopolítica supervisada desde el otro lado del Atlántico. Ramírez sostiene que Jean Monnet, uno de los padres fundadores de la integración europea, actuó como intermediario entre los intereses anglosajones y las estructuras continentales.

Ramírez desnuda el sistema financiero y lo presenta como un modelo basado en la deuda perpetua. El dinero que permite vivir, comprar, ahorrar y endeudarse aparece como lo que realmente es: un contrato de dependencia. La deuda constituye un diseño, un mecanismo que obliga a los Estados, a las empresas y a los ciudadanos a vivir permanentemente hipotecados. Los bancos centrales imprimen dinero sin respaldo, los gobiernos gastan lo que no tienen y los ciudadanos pagan lo que no deben; entretanto, son las corporaciones financieras las que mantienen el control del tablero.

El cambio climático, al que denomina la “Soga Verde”, es presentado como una agenda virtuosa e inevitable que, en realidad, encubre un proceso de auto sabotaje económico, industrial y energético. El autor señala que determinadas normas y transiciones han sido elevadas a la categoría de dogma. Estas medidas estarían estrangulando la competitividad, encareciendo la energía, debilitando sectores productivos esenciales y aumentando la dependencia exterior.

El núcleo del problema, según Ramírez, radica en que el cambio climático se ha convertido en un territorio vedado al debate. La “Soga Verde” alude a una forma de pensamiento que penaliza la duda y confunde la crítica con la herejía.

El autor resalta que, en el siglo XXI, existe una confianza casi religiosa en la tecnología. Se ha instalado una fe casi infantil en que las máquinas son neutrales, los algoritmos no mienten y la información digital es objetiva. La realidad, sin embargo, es que las grandes empresas tecnológicas, las plataformas sociales, los sistemas de vigilancia biométrica y los algoritmos predictivos forman parte de un engranaje que tiene menos que ver con la innovación que con el control.

Las monedas digitales de los bancos centrales, la trazabilidad absoluta y la concentración de datos en manos privadas son, desde esta perspectiva, herramientas de una nueva forma de poder. Un poder que ha comprendido que controlar la conducta puede resultar más eficaz que controlar mediante la fuerza.

La tesis ética que el autor sostiene a lo largo del libro es que, si el diablo opera en las instituciones, en los algoritmos y en los discursos, la única defensa posible consiste en fortalecer la vigilancia democrática, la transparencia, la educación cívica y la participación consciente.

Este libro enseña a pensar y resulta útil para profesionales de la comunicación, estudiantes de ciencias sociales, personas interesadas en la geopolítica, en la economía o en la tecnología, y para cualquier lector que sospeche que la realidad que le venden es demasiado impoluta para ser cierta.

Entender el mundo real rara vez trae calma, pero, al menos, permite dejar de caminar a ciegas. Necesitamos ver lo que no se dice, escuchar lo que no suena e intuir lo que no aparece en los titulares. Hemos pasado del derecho internacional a un “orden basado en reglas”. Esto puede conducir a una ley de la selva global si no existen normas compartidas. El libro advierte que aún estamos a tiempo de tomar conciencia, escuchar voces diversas y alimentar el espíritu crítico.

El diablo está entre nosotros: los agentes del caos del nuevo orden mundial es una obra de análisis crítico sobre las estructuras de poder global, las élites financieras y las entidades supranacionales que, según el autor, manipulan la economía, la soberanía y las emociones colectivas.

El fenómeno Bukele presenta una doble lectura: puede interpretarse como un desafío a los dogmas del establishment global o como una estrategia de concentración del poder, apalancada en el control del miedo y la soberanía.

Las organizaciones supranacionales y los centros de poder financiero transnacional erosionan, de acuerdo con esta visión, la capacidad de los Estados nacionales. El Gobierno salvadoreño ha construido su narrativa desafiando abiertamente a los organismos multilaterales y a la diplomacia occidental. Los analistas críticos del modelo Bukele señalan que el poder no ha sido disuelto, sino hiperconcentrado en el Ejecutivo.

Los grandes poderes económicos impulsan planes de ingeniería social y financiera. La adopción del Bitcoin como moneda de curso legal y los proyectos de emisión de bonos soberanos, constituyen un intento explícito de romper con la hegemonía del dólar y con los circuitos financieros tradicionales controlados desde Washington.

Para los defensores de la soberanía monetaria, esta estrategia representa un mecanismo audaz para sortear el corralito financiero internacional. Sin embargo, también depende fuertemente de la centralización de las decisiones económicas en el núcleo del poder presidencial.

Las élites utilizan el miedo para justificar la pérdida de libertades cívicas, la censura y el control social a cambio de una falsa protección. El régimen de excepción implementado en El Salvador para combatir a las pandillas constituye un ejemplo de gestión política basada en el factor seguridad y en el miedo. El temor paralizante que imponían las maras fue neutralizado mediante la suspensión de derechos constitucionales.

No obstante, el uso prolongado de herramientas de excepción y la militarización de la seguridad pública normalizan un modelo basado en la suspensión de derechos y garantías individuales.

El pilar fundamental de esta discusión es la defensa de la soberanía nacional frente a las injerencias extranjeras y los globalismos tecnocráticos. El mandatario salvadoreño reivindica la soberanía nacional frente a las críticas de potencias extranjeras e instituciones defensoras de los derechos humanos.

La paradoja consiste en determinar si esa soberanía recuperada sirve para empoderar a la ciudadanía e industrializar el país de manera autónoma o si, por el contrario, transfiere el control soberano desde unas manos globales difusas hacia un centro de mando nacional altamente centralizado.