Proyecto político y legitimidad religiosa.
Por: Elio Masferrer Kan.*
Las dimensiones de la crisis política están todavía por delimitarse, sin embargo, constantemente escuchamos mencionar el avance de la ultraderecha, como si fuera un cambio climático, la consolidación de formulaciones religiosas o teocráticas como programas políticos y el reclamo de quienes consideran que confiaron en la tutela del Estado de sus derechos y se sienten menoscabados en los mismos. Lo más complejo es que un segmento de la sociedad está convencido de que los derechos de algunos, que están protegidos por el Estado implican la pérdida de garantías para sus propios derechos, generándose así la certeza o convicción de que quienes tienen derechos protegidos por el Estado detentan un conjunto de privilegios, que implican la pérdida de derechos y posibilidades de desarrollo de otro sector de la población.
Cuando el Estado no es percibido como un mecanismo social y político que garantiza el acceso equitativo y similar al ejercicio de los derechos ciudadanos tenemos una crisis del Estado, pues los partidos políticos han fracasado en su misión de garantizar un conjunto de procesos democráticos que permiten resolver en forma constructiva las diferencias estratégicas en la conducción del Estado y es allí cuando surge la mencionada ultraderecha que llega al poder ejerciendo los mecanismos democráticos del sistema liberal, pero que considera que un segmento de la misma ciudadanía carece de una adecuada legitimidad y debe ser despojada de sus derechos sociales y políticos e incluso expulsada del territorio nacional.
Algo similar sucede con la noción de orden social y judicial, todos los sistemas constitucionales tienen un conjunto de procedimientos que protegen a los ciudadanos de los abusos de la autoridad y regulan los mecanismos mediante los cuales pueden ser arrestados y privados de su libertad, a la vez que regulan los procedimientos mediante los cuales puede ser privados de la vida, tomando en cuenta que muchos países han eliminado la pena de muerte. Sin embargo, observamos un conjunto de procedimientos mediante los cuales las personas que carecen de cierta calidad migratoria pueden ser arrestados en forma administrativa, deportados a países que no son los de su nacionalidad o simplemente ejecutados si entran en otra categoría que soslaya también la protección del sistema judicial.
Esta situación se ha ido consolidando en nuestro Continente como una estrategia aplicada por varios gobiernos, en la perspectiva de garantizar la seguridad ciudadana que se considera está seriamente amenazada por la delincuencia organizada, la cual se habría consolidado y controlaría diversos segmentos del Estado, desafiándolo en su esencia política más elemental, como es el monopolio de la violencia legítima. Esta situación de emergencia justificaría un conjunto de medidas que dejan de lado las garantías constitucionales más elementales.
El abandono de la búsqueda de la solución política implica la búsqueda de la legitimidad en discursos religiosos. Si bien quienes están en el poder pueden haber llegado por procedimientos electorales, fraudes o golpes de estado buscan rápidamente la construcción de sistemas de referencia y autoridad basadas en cuestiones aparentemente religiosas. Milei en Argentina se refugia en una legitimidad que surgiría de ciertas tendencias radicales del judaísmo y más recientemente el presidente de Colombia introdujo en su discurso de toma de posesión ministros de culto que lanzaron discursos religiosos e invocaciones a Cristo Rey. El presidente Trump lanzó descalificaciones de carácter sobrenatural contra quienes no lo respalden en las próximas elecciones de noviembre.
Habitualmente se consideraba que el ejercicio del poder era una atribución del pueblo, que ejercía la voluntad popular mediante un proceso democrático, por el cual ejercía el poder con un conjunto de procedimientos como la división de poderes y otras formas de ejercicio de la soberanía popular. Los nuevos gobernantes construyen su legitimidad en un proceso que asume la voluntad popular para sustituirla por un conjunto de elementos surgidos de procesos Providenciales y religiosos y la calidad de “ungidos” por la Gracia divina” los colocaría al margen de cualquier procedimiento de control constitucional. Estas novedades político-religiosas hasta ahora son la nueva tendencia instituida en muchos países de este continente y se instalan lenta, pero notablemente en varios países europeos.
Podemos entender que las nuevas tendencias de búsqueda de personajes mesiánicos y providenciales para gobernar nuestros países son expresión de lo que los politólogos llaman la “fatiga democrática”, otros piensan que son una nueva forma de dictadura, que por cierto tienen en muchos casos reconocimiento y legitimidad popular y respaldo de ciertas iglesias.
*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH
