Venezuela. Terremotos y desolación en tierra bolivariana.
Por Gabriel Lanusse.
Fui a La Guaira y así la encontré. La devastación es inconmensurable. Y el dolor también. Edificios completos y casas que fueron construidos durante años se desplomaron en pocos segundos. Un sinfín de familias a la intemperie tras haber perdido todo lo que tenían, cargando sus colchones y alguna que otra cosa que hayan podido rescatar.
Hombres y mujeres desesperados preguntando en cada rincón por sus seres queridos desaparecidos. Es duro caminar entre esas montañas de ruinas, ver objetos de niños, de familias, y pensar que hasta hace pocas horas estaban ahí riendo, soñando, viviendo…
Y es desolador volver a la comodidad del hogar de uno sabiendo que todavía hay personas que resisten y esperan que los encontremos con vida o que hay familias que merecen saber qué pasó con ellos. Mientras algunos buitres de adentro y de afuera sacan a relucir sus miserias humanas aprovechando el horror para obtener algún rédito economico y político, me emociona ver la marcha solidaria del pueblo venezolano colmando las autopistas con ayuda para los más necesitados y con la voluntad de ir a sacar piedra por piedra con sus propias manos. Van movilizados genuinamente por el amor al otro y la esperanza en la vida. Porque, en definitiva, la solidaridad nace del corazón y está en la esencia de este pueblo. Eso hace que la bandera siga flameando aún entre las ruinas.













