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Elina Malamud: “El humor me salva de mi sensación catastrófica de la vida”.

En la novela “Es la historia de un amor…” la escritora argentina narra una pasión sentimental y política con el trasfondo de las dictaduras latinoamericanas y el Plan Cóndor.“ Todo lo que una escribe tiene algo de morosa autobiografía”, dice la escritora.

Por Silvina Friera.

«Elena Malamud complejiza en la trama de su novela el concepto de «amor». Guadalupe Lombardo

Un.a nieta le tira la lengua a su abuela. Quiere conocer más sobre el viaje iniciático a Perú de esa “pequeña burguesa” que en los años setenta se trepaba a la caja del camión o al remolque con todo desenfado, acompañada por un novio “medio afrodescendiente”, militante del Partido Comunista, y otro medio indiazo, que la cuidaban. “Qué clase de gente eran la generación de mis abuelos, me pregunto, que sentían los males civilizatorios como dolores propios, como si toda la humanidad fuera su familia y cada quijote de la Revolución era, como lo había entendido ese cura de un pueblecito del norte de Chile, un santo mártir que les llenaba el corazón y los sumaba a su camino de pelea”, dice esa nieta en Es la historia de un amor (editorial Cuarto Propio).

Elina Malamud toma el título del famoso bolero para narrar la pasión de esa abuela por ese novio que será víctima de las dictaduras latinoamericanas y del Plan Cóndor. La novela se presentará este jueves a las 18 en el Centro Cultural de la Cooperación y participarán Jorge Elbaum, Claudia Fernández y Rudy (Marcelo Rudaeff).

La trama de la novela complejiza la palabra amor; no es un relato sentimental que chorrea romanticismo edulcorado. Más bien desplaza el amor de esa zona predecible hacia el barro de la militancia política en la década del setenta. A contramano de un tono dramático, la ironía y el humor le permiten a la autora aligerar el dolor de los secuestros, las desapariciones, las muertes.

“Todo lo que una escribe tiene algo de morosa autobiografía; quiero decir que esto es literatura, es una novela, pero se fundamenta en cosas que ocurrieron más o menos como las cuento”, plantea la escritora, profesora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y columnista de Página/12. “Lo de morosa autobiografía es como hacerle pito catalán al estructuralismo que me embaucó en mis tiempos de la universidad. Todo ese sincronismo ahistórico que solo entendía relaciones de estructura en un texto se va al cuerno porque hay una larga vida y sus momentos que son el motor de una decisión de escribir, sea que una escriba sobre sí misma o sobre lo que sea”.

La historia de la abuela tiene conexiones profundas con las experiencias vitales de Elina. “La abuela se mantiene setentista y es incapaz de absorber la novedad de la digitalidad y la individualidad extremas. Ayn Rand, una filósofa judía rusa que escapó de la revolución y se fue a vivir a Estados Unidos, creó una filosofía que llamó ‘objetivismo’, que es la filosofía básica del individualismo. Ella dice que el hombre nace con la razón y la razón le tiene que servir para encontrar la felicidad, que depende de sí mismo. Hay dos clases de seres humanos: los emprendedores para los que vale la pena la vida y los inútiles y vagonetas. El argumento es ‘yo hago todo por mí y lo que logro no tengo por qué regalárselo a los vagos’. Entonces, pagar impuestos significa que me están robando lo que logré con mi trabajo para gastar en vagos inútiles, que es lo que dice (Javier) Milei”, explica la autora de la novela El baile de la abuela muerta.

“En los años setenta, una vivía siempre pensando en la revolución social, en que íbamos a lograr un mundo más justo y solidario”, recuerda y aclara que nunca tuvo una “militancia concreta”, aunque siempre “coqueteó” con el socialismo. “En algún momento estuve con el peronismo de base en la universidad porque era el peronismo que más se adaptaba a esa idea socialista que tenía. Después estuve en Carta Abierta y en Participación Popular, un grupo que queríamos que Eduardo Jozami fuera diputado; pero no lo logramos. Y ahora estoy en una organización de judíos progresistas, Llamamiento Argentino Judío”, repasa su itinerario político la autora de Los pueblos del Ámbar y Selva, que también ha publicado Hilandera de historias, un libro que recoge una selección de sus notas periodísticas publicadas en las contratapas de Página/12 y otras revistas y publicaciones digitales.

El viaje iniciático de la abuela coincide con la travesía de Elina y su novio en Perú. “Fue mi primer viaje sola, con un novio que nadie conocía, venido del extranjero, y empecé a viajar a dedo, que es arriesgarse a determinadas cosas. Conocer Latinoamérica pasó a ser parte de la lucha por ese mundo nuevo. El título habla de la historia de un amor, pero en las cosas que escribo hay algo más político y social. Yo nunca escribiría un libro como Henry Miller porque nunca me gustó leerlo. En cualquier cosa que escribo emerge la cuestión política, me preocupo más por los desheredados, a los que quiero dar justicia, que por la familia que me rodea”, precisa como si estuviera validando las observaciones de la nieta en la novela. En los años 70, antes de la dictadura, estuvo detenida, como le sucedió también a la abuela. “Me puede volver a pasar, prefiero poner tierra de por medio”, repite lo que dijo hace más de cincuenta años. Entonces decidió irse a Lima y se quedó hasta el 78. Primero volvió el marido de Elina y luego ella.

-La abuela de la novela es definida como “gorila de izquierda”. ¿Te definirías también de esa manera?

-El peronismo era una cosa que no tenía nada que ver conmigo. Yo venía de una casa socialista en la que no se hablaba mucho de política. Mi papá era médico y supongo que sufrió tratando de tener alguna actividad en la medicina social en Avellaneda, que era donde vivíamos. Muchos socialistas y comunistas estaban en contra del peronismo. Entonces, en ese sentido, sí vengo de una familia gorila. Pero después empecé a cambiar.

-En la novela se menciona que en el contexto chileno se decía que no tenían la seguridad de que hubiera una tradición democrática irreversible en ningún lugar del planeta. ¿Cómo resuena esta frase hoy?

-La democracia nunca está segura y no hablemos del momento actual. Yo soy por definición pesimista, no soy una persona optimista, no tengo el optimismo de aquellos que piensan que el mundo va a mejorar en la lucha. (Donald) Trump ahora dice: “esta gente no me gusta lo que está haciendo y voy y les robo el presidente; voy y les tiro una bomba; voy y los amenazo. Como hace Milei, que es un presidente que decide no cumplir las leyes que son votadas por el congreso. Tenemos un presidente que en el momento de asumir se paró dándole la espalda al parlamento. Peter Thiel, de Palantir, dijo que la democracia y la libertad no van juntas. Yo creo que los próximos militantes contra el poder van a ser los hackers; ellos son los que pueden cambiar algo.

-¿Por qué el poder detesta la risa, como dice la abuela en la novela?

-La risa te hace ver lo que realmente sos, si sos un poderoso que está amarrado al poder. El humor te revela cuál es tu posición, te pone en evidencia. Creo que leyendo a Nietzsche encontré que el hombre desde que es hombre tiene tanto sufrimiento que no tuvo más remedio que inventar la risa para diluirlo. El humor es la manera de poder sobrevivir; es el único recurso que tengo. El judío tiene la capacidad de reírse de sí mismo. El humor me salva de mi sensación catastrófica de la vida. Si no tuviera el humor, me mordería la lengua y me enfermaría.