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Reseña del libro: HAITÍ, DESTRUIDO Y VÍCTIMA DE SUS PROPIAS BANDAS.

Por José Guillermo Mártir Hidalgo.

Maxi Jean Marie es ingeniero industrial y autor haitiano. Vive entre Haití y la diáspora. En 2024 publicó “Haití, destruido y víctima de sus propias bandas”.

Afirma que Haití ha llegado a un punto crítico, marcado por la pérdida de autoridad del Estado y el vacío de poder. Las bandas armadas, que antes eran utilizadas como instrumentos políticos, se han convertido en actores que controlan y aterrorizan gran parte del territorio haitiano.

Estas bandas son el resultado de décadas de complicidad entre el poder político y los grupos armados. Los Tonton Macoutes, durante los gobiernos de los Duvalier, funcionaban como una policía paralela al servicio del control político. Tras la caída de los Duvalier en 1986, esos grupos no desaparecieron, sino que se dispersaron entre distintos sectores de poder.

Entre las décadas de 1990 y 2000, los Chimères (Quimeras) eran grupos paramilitares u organizaciones populares armadas, alineados con el ex presidente Jean-Bertrand Aristide y su partido, Fanmi Lavalas. Por su parte, los Baz (bases) surgieron inicialmente como organizaciones comunitarias, clubes de barrio o asociaciones juveniles en los sectores populares de Haití. Tanto los Baz como los Chimères fueron utilizados como fuerzas de choque electoral; con el tiempo, adquirieron autonomía, armas pesadas y control territorial.

En la actualidad, Viv Ansanm («vivir juntos») es una poderosa coalición de bandas criminales haitianas. Surgió por iniciativa del ex agente de policía Jimmy Chérizier, alias «Barbecue». Se trata de una alianza entre las dos principales facciones que operan en Puerto Príncipe: la G-9 y la G-Pép. Viv Ansanm puede paralizar el país, controlar puertos y aeropuertos, y cobrar peajes ilegales. En 2024, sus acciones dejaron 6.000 muertos y provocaron el desplazamiento de 1,3 millones de personas.

La tesis de Maxi Jean Marie sostiene que Haití es víctima de sus propias riquezas y de la complicidad entre la oligarquía y los políticos tradicionales. A diferencia de otros libros, no culpa únicamente a Francia, Estados Unidos o las Naciones Unidas. Para el autor, el enemigo nació dentro del país. Haití no solo fue destruido desde fuera: también fue secuestrado progresivamente desde dentro, por la corrupción, el abandono estatal y unas bandas armadas creadas por el propio sistema, que ahora ya no puede controlarlas.

Las bandas armadas pasaron de ser instrumentos políticos a convertirse en dueñas del territorio. Políticos y empresarios las utilizaban para controlar votos y barrios. Entre 2018 y 2021, comenzaron a independizarse: dejaron de necesitar patrones y obtuvieron armas de guerra y dinero procedente de secuestros y peajes. Hoy, la federación Viv Ansanm controla el 80 % de Puerto Príncipe, además de puertos y carreteras. Es, en la práctica, un Estado paralelo.

El libro muestra cómo cada asesinato presidencial y cada cierre del Parlamento dejaron un vacío que las bandas armadas ocuparon. Maxi Jean Marie sostiene que la oligarquía haitiana las financió para proteger sus negocios, reprimir las protestas y controlar el contrabando de armas, drogas y gasolina.

La población haitiana es la que soporta el sufrimiento cotidiano. Vive rehén del caos: secuestros diarios, violaciones masivas utilizadas como arma y 1,3 millones de personas desplazadas, con barrios enteros vaciados. La gente común paga rescates, no puede ir al mercado ni enviar a sus hijos a la escuela. Además, las bandas reclutan a jóvenes de los barrios más pobres, muchos de ellos sin trabajo, quienes pueden ganar más con una pistola que en un año de empleo formal.

El libro de Jean Marie es un grito de alerta: si Haití no reconoce que las raíces de su tragedia están dentro del país, especialmente en la traición de su propia clase política y económica, ninguna intervención extranjera podrá salvarlo. El autor busca cuestionar el cliché de que todo es culpa del colonialismo. Reconoce que el exterior causó daños, pero sostiene que la autodestrucción viene de dentro. Afirma: «Dejemos de culpar solo a Francia y a Estados Unidos; miremos cómo nuestras propias élites y bandas nos destruyen desde dentro».

International Crisis Group es una organización no gubernamental internacional dedicada a prevenir, mediar y resolver conflictos armados. En su informe “El último recurso de Haití: las pandillas y la perspectiva de una intervención extranjera”, publicado en diciembre de 2022, sostiene que, tras el asesinato del presidente Jovenel Moise, en julio de 2021, las pandillas aprovecharon el vacío político. Desde entonces, se han vuelto más autónomas, están mejor armadas y controlan carreteras, puertos y mercados.

El primer ministro interino Ariel Henry, quien gobernó entre 2021 y 2024, solicitó el despliegue de una fuerza armada internacional. La oposición política temía que la misión fortaleciera a Henry y le permitiera evitar negociar su salida o convocar elecciones. Además, combatir en barrios densamente poblados, donde es difícil distinguir entre pandilleros y civiles, exige contar con inteligencia adecuada y minimizar los daños colaterales. La misión debía desplegarse con el consentimiento de una masa crítica de actores políticos y con el compromiso de formar un gobierno de transición. Henry renunció el 24 de abril de 2024, cuando se juramentó el Consejo Presidencial de Transición.

Haití no cuenta actualmente con un presidente en ejercicio. Tras el asesinato de Moise y la posterior disolución de los mandatos de transición-el Consejo Presidencial de Transición concluyó su periodo en 2026-el país está dirigido por el primer ministro interino Alix Didier Fils-Aimé.

El Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), adscrito al Ministerio de Defensa, publicó “Panorama geopolítico de los conflictos 2022”. El capítulo noveno, «La crisis de Haití: al ritmo de la guerra de bandas», fue escrito por Rocío de los Reyes Ramírez, investigadora y analista senior del IEEE.

El capítulo explica cómo la violencia de las bandas armadas se ha convertido en el eje central de la crisis contemporánea de Haití. Factores históricos, económicos y políticos estructurales propiciaron la inestabilidad crónica y sentaron las bases para el surgimiento y la proliferación de los grupos armados.

La violencia generalizada se expresa en el control que ejercen las bandas mediante homicidios, secuestros, desplazamientos forzados y violaciones de los derechos humanos. La situación se agrava por la falta de una gobernanza legítima. El texto plantea que es urgente buscar soluciones estructurales para pacificar y reconstruir el país.

La tesis central de Maxi Jean Marie recalca que la tragedia haitiana no proviene de factores externos, sino del colapso institucional provocado por las élites políticas y económicas locales. Un despliegue militar internacional puede atacar los síntomas, pero dejar intactas las estructuras de poder de las élites que alimentan el conflicto.

La presencia militar salvadoreña podría tener distintos efectos a corto, mediano y largo plazo. A corto plazo, la aplicación de doctrinas intensivas para combatir a las pandillas podría desmantelar posiciones clave de las bandas armadas en Puerto Príncipe y sus alrededores. También podría facilitar temporalmente la apertura de rutas logísticas y corredores humanitarios.

A mediano y largo plazo, si las tropas extranjeras logran neutralizar a los cabecillas de las bandas, pero no se llevan a cabo reformas profundas en los sistemas judicial, policial y fiscal, los vacíos de poder podrían ser ocupados por nuevas bandas, financiadas por los mismos sectores oligárquicos. Sin un Estado haitiano funcional y soberano, el orden impuesto por las fuerzas extranjeras tendería a desvanecerse en cuanto el contingente redujera su presencia o se retirara.

Por último, toda fuerza armada extranjera corre el riesgo de ser percibida como un instrumento de ocupación o como una herramienta que termina legitimando a las cuestionadas élites políticas.