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La mentira hoy normalizada está matando la democracia

Por: Elvin Calcaño.

Politólogo dominicano latinoamericanista. Máster en Teoría Política por la Universidad Complutense de Madrid. Formación en Ciencias Políticas en Puerto Rico y México. Investigador, docente universitario y consultor electoral con experiencia de estudios y trabajo en cinco países de América Latina. https://www.youtube.com/@ElvinCalcañoTV

No podemos dejar que la mentira siga siendo normal porque vamos a perder lo poco que queda de convivencia colectiva en términos republicanos y de gramáticas sociales democráticas.

in verdad no hay democracia posible. Porque la democracia, para que sea operativa, requiere acuerdos mínimos entre sectores con concepciones e intereses contrarios. Y de esos acuerdos de mínimos, como explicaba Norberto Bobbio, es que surgen los procedimientos o bien reglas del juego con las que se define, entre alternativas enfrentadas, quienes dirigen en una sociedad. Lo que está ocurriendo hoy día, con la pérdida de valor de la verdad, es que, como no podemos ponernos de acuerdo ni en lo mínimo, emerge un tipo de conflictividad política inscrita en la clave de lucha entre enemigos irreconciliables. Por ello todo ese odio y violencia material y simbólica que caracterizan la discusión pública actual en la casi totalidad de nuestros países. Y para que hayamos llegado hasta aquí la radicalización de las derechas ha sido un elemento fundamental. 

La mayoría de derechas han sido vampirizadas por la lógica política de ultraderecha. Esto es, han abrazado el populismo reaccionario como una forma legítima desde la que disputar políticamente. Es lo que vemos, por ejemplo, con el partido republicano de Estados Unidos que pasó de ser una organización política conservadora más bien tradicional, a ser un instrumento al servicio del reaccionarismo y supremacismo blanco más brutales de ese país. En el que, como muestra Trump cada día, no existe frontera entre verdad y mentira. Todo lo que sirva para conseguir objetivos político-electorales es válido. Especialmente la mentira pues el paradigma comunicativo que imponen las redes sociales hace que convencer sea más importante que decir la verdad. Y al individuo actual atomizado y asustado lo convence aquello que valida sus prejuicios y miedos. Por lo cual, una mentira bien dicha siempre es mejor para precisamente legitimar prejuicios. De ahí la emergencia de los fake news como elemento central de la política de este tiempo. 

La mentira hará que lo que vimos en Estados Unidos en enero de 2020 y en Brasil el mismo mes de 2023, donde hordas de ultraderechistas organizados y de ciudadanos comunes asaltaron las instituciones del poder legislativo y ejecutivo en nombre de una mentira absoluta: un supuesto fraude electoral jamás demostrado. 

Por todo lo anterior es que en espacios académicos y políticos de diferentes países en los que hablo, digo que la lucha fundamental de hoy, de cara a preservar la democracia, es contra la mentira. No podemos dejar que la mentira siga siendo normal porque vamos a perder lo poco que queda de convivencia colectiva en términos republicanos y de gramáticas sociales democráticas. O bien de sentidos comunes democráticos. La mentira es, posiblemente, la principal amenaza a la democracia hoy día. Específicamente la mentira que hace parte de la lógica política de ultraderecha impulsada esta, a su vez, por el paradigma comunicativo digital que tiene detrás a los tecnoligarcas y sus distopías tecnológicas. Quienes abiertamente hablan contra la democracia porque ven en esta última una amenaza a su modelo de acumulación de dinero y poder. El cuadro, pues, está muy claro. 

La mentira hará que lo que vimos en Estados Unidos en enero de 2020 y en Brasil el mismo mes de 2023, donde hordas de ultraderechistas organizados y de ciudadanos comunes asaltaron las instituciones del poder legislativo y ejecutivo en nombre de una mentira absoluta: un supuesto fraude electoral jamás demostrado. Desde que vi aquellas imágenes recuerdo escribí a colegas y amigos advirtiendo que se vienen tiempos muy oscuros. Porque parecería que ya nada puede frenar la mentira y que, incluso, hay gente que goza cuando le mienten los Trump, Bolsonaro, Milei, De la Espriella y Noboa. Y para agravar, estamos viendo que al mentir ahora le quieren llamar libertad de expresión ciertos magnates trogloditas asustados.

En fin, hoy día, si te importa la democracia, tienes que ante todo luchar contra la mentira. Contra su normalización. Y contra el paradigma de comunicativa digital que la da plataforma para que sea lo que constituya y ordene la discusión pública. Una tarea enorme combatir todo ello, pero que por grande y complejo no deja de ser absolutamente necesario emprender esa lucha ahora.