Cárcel, fe y revolución: autobiografía de Malcolm X (Parte II y final)
Por: Ernesto Limia.
Fue el único líder que conectó el sufrimiento del pueblo afroamericano con las luchas del Tercer Mundo y el 28 de junio constituyó la Organización de Unidad Afroamericana.
La primera orden de asesinar a Malcolm la recibió a principios de 1964 un fiel de la propia Mezquita Número Siete en Harlem: colocar una bomba en el automóvil para que estallara al prender el motor. Este sentía devoción por él y lo alertó.
Las contradicciones con Elijah Muhammad llegaron a un punto de no retorno y el 8 de marzo anunció que abandonaba la Nación del Islam. Creó la Muslim Mosque Inc., que con sede en el hotel Theresa incorporó a afroamericanos de todas las creencias. Poco más de un mes después emprendería su primer viaje independiente al extranjero, con un propósito que dio un giro a sus creencias.
Resurrección en La Meca
El 13 de abril Malcolm voló desde Nueva York hasta Egipto, donde proyectaba pasar dos días en la Universidad Islámica de El Cairo, la universidad más antigua del mundo, antes de continuar viaje a Jedda, en Arabia Saudita. Llevaba un propósito: realizar el hajj (la peregrinación a La Meca).
En La Meca adquirió una visión espiritual más profunda. En la peregrinación ese año participaron unos 50 mil musulmanes y el 80 por ciento podía pasar por blanco en Estados Unidos. Aprendió que en el linaje étnico del profeta Mahoma se pueden encontrar tanto negros como blancos y los problemas derivados del color de la piel se observaban solo en las zonas del mundo musulmán con influencia occidental. Por una semana comió en el mismo plato, bebió en el mismo vaso, durmió en la misma cama o sobre la misma alfombra que otros musulmanes de ojos “azules”.
El jueves 30 de abril voló a Líbano y se alojó en el hotel Palm Beach de Beirut. Dada la barrera idiomática —no hablaba árabe—, quería aprovechar la comunidad estadounidense en la Universidad Americana de Beirut para profundizar en los estudios islamistas. No disertó en el campus porque el presidente lo tildó de “antiamericano”. Lo hizo en el Centro Cultural Sudanés y causó sensación entre el auditorio negro. La prensa estadounidense informó que provocó un motín, pero el periódico local lo contradijo afirmando que se trató de un animado intercambio.
De acuerdo con el Dr. Graham Leonard, decano de estudiantes de la Universidad Americana de Beirut que se entrevistó en varias ocasiones con él para intercambiar sobre islamismo, la estancia de Malcolm se extendió por seis días; pero estaba tan agotado que durmió casi 36 horas continuas. Recorrió la ciudad y con una mirada sesgada por el machismo lo sorprendieron las costumbres de las mujeres del país: “…mitad francesas, mitad árabes, que proyectaban en su vestimenta y en sus modales callejeros más libertad, más audacia” (X, 2004: 395).
De Beirut pasó a El Cairo y de allí en tren a Alejandría, de donde voló a Nigeria. En su conferencia en el Trenchard Hall de la Universidad de Ibadam señaló que al igual que el judío norteamericano estaba en completa armonía con el sionismo mundial, los afroamericanos debían unirse a los panafricanistas. Visitó también Ghana, Liberia, Senegal, Marruecos y Argelia. Un pensamiento en todo el recorrido lo dedicó a abogar por la liberación de Nelson Mandela, Robert Sobukwe y todos los luchadores surafricanos presos por el Apartheid.
El 21 de mayo de 1964 retornó a Estados Unidos. “Es cierto que en el pasado he hecho acusaciones generales contra todos los blancos. Nunca se me podrá acusar otra vez de lo mismo”, declaró en la conferencia de prensa (X, 2004: 410). Un reporte del FBI al terminar la rueda notificó que Malcolm proyectaba llevar ese año la Asamblea General de Naciones Unidas el caso de los afroamericanos con el apoyo de los países africanos que recorrió en su gira. El Gobierno de Estados Unidos podía enfrentar los mismos cargos que a Sudáfrica y Rodesia. El informe generó tensión en Washington. J. Edgar Hoover tomó el caso en sus manos.
Palestina en los desvelos de Malcom
Todos los domingos en el Audubon Ballroom de Harlem, ante un auditorio en el que no predominaban los musulmanes, hablaba al pueblo afroamericano sobre cómo fue despojado de sus derechos y dignidad humana por un régimen de apartheid; pero tras su regreso de La Meca empezó a aceptar el apoyo de los activistas blancos. Más preocupó en Washington su cambió de su actitud respecto al movimiento por los derechos civiles y Martin Luther King. Un reporte del FBI en junio de 1964 fue remitido a la CIA, el Departamento de Estado y el Pentágono, y el 6 de junio J. Edgar Hoover ordenó a la oficina de Nueva York “hacer algo” respecto a Malcolm.
Fue el único líder que conectó el sufrimiento del pueblo afroamericano con las luchas del Tercer Mundo y el 28 de junio constituyó la Organización de Unidad Afroamericana —modelada de acuerdo con la letra y espíritu de la Organización de la Unidad Africana (OUA)— para unir a todos los afrodescendientes del hemisferio occidental en la defensa armada contra sus agresores.
Al mes siguiente asistió a la Segunda Conferencia de la OUA celebrada del 17 al 21 de julio en El Cairo, en la que alertó sobre la tiranía del dólar como nuevo instrumento de dominación imperialista, y pudo reunirse con varias figuras relevantes del continente: Gamal Abdel Nasser (Egipto); Kwame Nkrumah (Ghana); Julius Nyerere (Tanzania); Nnamoi Azikiwe (Nigeria); Sekou Touré (Guinea); Jomo Kenyatta (Kenya); y Milton Obote (Uganda). La embajada estadounidense entró en shock y la estación local de la CIA fraguó dos atentados por envenenamiento de los que a duras penas salió ileso. El 29 de agosto escribió a sus compañeros en Nueva York que su actividad amenazaba al sistema internacional de explotación racista y ni siquiera su muerte podría detener lo que había puesto en marcha.
Los días 5 y 6 de septiembre visitó Gaza. Recorrió el campo de Khan Yunis, un hospital y una mezquita e intercambió con el poeta Harun Hashim Rashid. Nueve días más tarde se reunió en El Cairo con Ahmad al-Shukairy, primer presidente de la OLP. Bajo esas impresiones el 17 de septiembre publicó en la Gaceta Egipcia: “Lógica sionista”, un artículo en el que condenó el colonialismo sionista de Palestina. Y tras un análisis de lógica incontestable, concluyó: “…el argumento sionista para justificar la presente ocupación israelí de Palestina árabe, carece de cualquier tipo de base histórica, inteligente o legal… ni siquiera en su propia religión” (X, 1964).
El 29 de septiembre regresó a Líbano y esta vez sí disertó en la Universidad Americana de Beirut. La grabación del discurso “desapareció” al día siguiente y no quedó constancia documental. Esta vez la experiencia provocó un cambio en su percepción sobre la mujer. Dos meses más tarde declaró a un periodista en París, que en sus recorridos por Medio Oriente y África comprendió que no hay progreso sin la acción protagónica de la mujer y sin sus aportes a la lucha por la libertad. “…soy una persona que está a favor de darles toda la libertad posible porque han dado un aporte mayor que muchos de nosotros los hombres (X, 2004: 535).
Amo al revolucionario
El 11 de diciembre el Che habló ante el plenario de la Asamblea General de la ONU y, entre tanto que dijo, llamó a vengar el crimen contra Patricio Lumumba. Después de dieciocho semanas fuera del país Malcolm se había reincorporado a sus actividades políticas y lo invitó al Audubon Hall de Harlem junto al ministro de Comercio de Tanzania, el jeque Abdul Rahman Muhammad Babu. el Che no quiso comprometerlo tras el terremoto que provocó en Washington y envió una nota. Malcolm refirió que Babu acababa de cenar con otro “muy buen amigo nuestro. […]. Amo al revolucionario. Y uno de los hombres más revolucionarios de los que se encuentran actualmente en este país, iba a venir aquí con nuestro amigo Babu, pero lo pensó mejor y nos envió este mensaje”. Después de leer el breve saludo en que el Che recordó la visita de Fidel a Harlem y terminó con la frase: “Unidos venceremos”, Malcolm participó: “Este mensaje es de Che Guevara” (X, 2004: 542).
Malcolm se reunió con 37 jóvenes de Misisipi el 31 de diciembre y proclamó la determinación de dar un paso más: “Conseguiréis la libertad dejando saber al enemigo que haréis cualquier cosa para lograr la libertad […] os llamarán extremistas o subversivos, o sediciosos, o rojos, o radicales. Pero cuando llevéis suficiente tiempo siendo radicales y cuando consigáis que suficiente gente sea como vosotros, conseguiréis vuestra libertad” (Zinn, 2004: 337).
Un telegrama enviado el 24 de enero de 1965 al jefe del Ku Klux Klan en Alabama a partir de un acto agresivo contra Martin Luther King, devela su resolución:
Sirva esto para advertirle que ya yo no estoy impedido de luchar contra los supremacistas blancos por el movimiento musulmán negro de Elijah Muhammad, y que si su actual agitación racista contra nuestro pueblo allá en Alabama causare algún daño físico al reverendo King o a cualquier otro negro norteamericano que solamente esté tratando de disfrutar de sus derechos como ser humano libre, usted y sus amigos del Ku Klux Klan sufrirán la máxima represalia física por parte de aquellos de nosotros que no estamos maniatados por la filosofía desarmadora de la no violencia, y que creemos en la necesidad de afirmar nuestro derecho a la autodefensa… por todos los medios que sean necesarios (X, 2004: 565).
A las 2 a.m. del 14 de febrero de 1965 individuos no identificados lanzaron cocteles Molotov en su casa. Predijo su muerte y pasó la noche del 20 de febrero en el hotel Hilton. Tenía un gran mitin al día siguiente en el Aučon Ballroom —una sala de espectáculos en el alto Manhattan— y buscó un lugar seguro en el que nadie lo encontrase para ordenar sus ideas. Nada iba a cambiar el destino y lo asesinaron a mansalva mientras se dirigía a la audiencia. Tenía 39 años.
Se ha planteado que pervive la incógnita acerca de quién lo asesinó y qué mano estuvo detrás. No es cierto, las incógnitas han sido despejadas. El FBI no solo penetró la cúpula de la Nación del Islam, pocos días antes del atentado en complot con la policía presionaron a un informante para incitar a la comisión de delitos a dos miembros de confianza del equipo de seguridad de Malcolm. Querían arrestarlos para impedir que resguardaran la entrada en el lugar del crimen. La policía también retiró intencionadamente a los agentes del interior del salón de baile y el FBI tenía personal encubierto en el momento del ataque, pero sus agentes no intervinieron.
De los tres condenados por el asesinato, dos ni siquiera estaban presentes en el lugar del hecho y cumplieron 20 años de cárcel. Se encontraban ya en libertad cuando en 2022 su causa fue revocada; una investigación concluyó que los fiscales, el FBI y el Departamento de Policía de Nueva York (NYDP) ocultaron pruebas que podrían haberlos exonerado de culpabilidad; a su vez, los archivos del NYPD mostraron que un reportero del New York Daily News recibió una aparente pista sobre el asesinato poco antes de que ocurriera. Lo cierto es que el verdadero autor: Al-Mustafá Shabazz —antes William X Bradley— fue cobijado por el FBI y la propia comunidad de la Nación del Islam en Harlem. Murió impune en 2016.
Malcolm dictó su Autobiografía al periodista Alex Haley entre 1963 y 1965. Se presentó el 29 de octubre de 1965, ocho meses después de un atentado que constituye un caso de terrorismo de Estado en un complot que involucró al FBI, el NYDP y la CIA. Se ha reeditado cientos de veces en decenas de idiomas (inglés, árabe, turco, español, entre otros). Para 1977 había vendido más de seis millones de ejemplares y ese nivel de ventas perdura hasta hoy. En 1998 la revista Time lo incluyó entre los diez libros de no ficción más importantes del siglo XX.
Forma parte habitual de los planes de enseñanza de la historia en Estados Unidos y constituye una fuente de inspiración para varias generaciones. El propio presidente Barack Obama lo refiere en sus memorias como un libro inspirador en su juventud. Spike Lee, el realizador que dirigió la película biográfica: Malcolm X (1992) con Denzel Washington como protagonista, señaló que el libro transformó su manera de pensar y actuar. La escena del filme en la que aparece Nelson Mandela —por cuya libertad tanto abogó Malcolm— con los niños de una escuela primaria, marca una impronta a preservar: todos se paran, una a uno, y proclaman con la más firme determinación: “Yo soy Malcolm X”.
Bibliografía
Dretzin, Rachel y Phil Bertelsen: Quién mató a Malcolm X (miniserie documental). Netflix, 2020.
George, Nate: “Malcolm X in Lebanon” (PDF). Presentation in American Beirut Unversity, MEST 301, January 1, 2009. Disponible: https://aub.edu.lb.libguides.com/ld.php?content_id=57419052
Leonard, Graham: “Entrevista a ETSU Online Programs”. Disponible: https://youtu.be/XBTowa8PgcU?si=SLXHb4A_bS8gw3jc
X, Macolm: “Zionist Logic”. Egyptian Gazette, september 17, 1964. Traducción de Revista Crisis https://www.revistacrisis.com/debate-global/sobre-la-logica-sionista
________: Autobiografía. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2004.
Zinn, Howard: La otra historia de los Estados Unidos. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2004.
