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¿Se desintegra UK? Por qué el proyecto británico ya no necesita al Reino Unido

Por: Daniel Estulin.

Lo que se desintegra no es una isla, es una máquina de cinco siglos. Los imperios mueren dos veces: primero pierden tierra y después sus símbolos dejan de significar lo que significaban.

– El Reino Unido nunca fue solamente un país: fue una ingeniería para gobernar redes y no territorios.

– Los titulares hablan de Escocia, de Gales y de Irlanda; la arquitectura habla de Venecia, de la deuda y del dragón que cambia de color.

Viene la posible desintegración del Reino Unido, pero no como un recorte de mapa, sino como el desmontaje de una máquina veneciana que aprendió a sobrevivir sin Estado.

En ese sentido, lo visible es el nacionalismo pero lo decisivo es si el dragón rojo todavía sostiene el sentido de la corona.

La pregunta parece sencilla y, por eso mismo, engaña: ¿puede desintegrarse el Reino Unido tal como lo conocemos?

Quien se quede en la encuesta, en el pacto de Cardiff o en el próximo titular sobre Escocia saldrá de la conversación con una respuesta de periódico, por eso propongo otra operación: no negar esos hechos, sino bajarlos de categoría.

Escocia, Gales e Irlanda del Norte, el Brexit, el relevo de la corona y el trato cada vez más frío de Washington hacia Londres existen, se tocan y se leen, pero pertenecen a la superficie, debajo de esa superficie habría una construcción mucho más antigua, exportada desde Venecia, afinada por John Dee, consolidada con el Banco de Inglaterra y sostenida durante siglos no por el tamaño de una isla, sino por el control de las rutas, del crédito, de la información y de los símbolos.

Si esa lectura se sostiene, la desintegración posible del Reino Unido no sería el final de un país, sería la muda de una máquina que, en su lógica más profunda, nunca dependió del mapa que hoy se agrieta…