Democracia y Civilización.
Por: Edwin Felipe Aldana Aguirre. Investigador social y docente universitario.
Era el año 1987 y la vida siguió corriendo mientras seguía en otro campo de batalla luchando por mi tierra, y que muchas veces no entendía o no quería entender… Y dentro de eso me tocó asistir a un hospital de niños y niñas en Panamá. La guerra a veces exige escenarios contradictorios, y muchas veces, ese horizonte te muestra que Dios si tiene “güevos” en buen centroamericano. Y la batalla del buen Dios es de amplios escenarios y el teatro de operaciones es inabarcable. Quizá por eso me gustó San Ignacio, por lo rústico y esperanzado.
Ir a servir a un hospital de niños e ir a servir específicamente a una sala de niños con enfermedades terminales y con la desmesura de ser niños y niñas abandonados… Sí, hay pobres y ricos que abandonan a los niños enfermos, niños y niñas que muchas veces seguirán muriendo solos, sin caricias, sin la mirada amorosa y triste de alguien que le ame.
Y es que, eso me impide muchas veces hablar de democracia, de civilización, de independencia, de libertad y mucho menos de paz. Son mierdas que se me atoran en la garganta y el perfil académico no es más que un inmenso promontorio de basura. Y ahora estoy sacando lo vivido, no porque sea una etiqueta de glamur, sino que, todo lo contrario. Muchas veces ni los tuyos entienden las vainas en que te metiste.
Si querés no leas esta parte, pero en este puto mundo es necesario comparar; no para otros, sino, para vos mismo. Resulta que me han disparado con varias versiones de M 16, con metralletas, con G 3, con pistolas y hasta con AK 47, porque hasta eso tenían para culparnos por sus muertes. Alerta permanente, miedo y la certeza de que en algún momento te van a matar…
Pues esa sala del hospital es más dura que todo eso, es más radical, es más ponzoñosa y la tristeza de verdad sólo te permite llorar por dentro.
Veía a un viejo cura moverse con bata blanca por el hospital y a veces llegaba a la sala y solamente tocaba la cabeza de los niños y dejaba algunas galletas y algunos dulcitos y una mirada que no podía entender. Y yo pensaba, este curita se siente doctor y me sonreía, si, con algo de burla hasta que… uno de los niños, un negrito bello y con cuerpo deforme me hizo su todo y me esperaba con ansias, con alegría y con una mirada que solo Dios en su infinito amor puede entender. Y yo esperaba el día de llegar al hospital, pensando en los niños y las niñas (y me vale verga la rial academia) porque hay niños y niñas. Pero, sobre todo, pensaba en ese niño que me esperaba porque él me hizo su todo. Un día que llegué fui visitando y llevando “alegrías” a los niños y niñas de la sala. Pero cuando llegué a su camita-cuna, ésta estaba vacía y pregunté por él y la enfermera sólo me abrazo y me dijo que murió mientras dormía.
Cuando llegué a la casa hablé con mi jefe, porque mi superior nunca fue y en ningún nivel y le dije que necesitaba tomarme unos rones y le conté la muerte del niño. Bebí y lloré y supe que estaba en un teatro de operaciones más cruel y desalmado.
Cuántas mujeres, cuántos matrimonios con dinero y sin dinero, llevan con amor y presentan a Dios a esa criatura con su dignidad intacta. Cuánta gente tan sufrida y no se esconde tras su sufrimiento y su tragedia, cuánta gente no culpa a Dios de la vida de estos niños y niñas; te aseguro que es la inmensa mayoría que le hace frente no a las enfermedades de los niños y niñas, sino, al hecho de amar sin condiciones y darlo todo por ese ser que es hijo e hija de Dios y que se te ha encomendado porque todos somos capaces de amar sin restricciones. Si, de verdad, todos y todas somos capaces de amar sin restricciones y por eso tenemos culpa.
Pocas cosas me gustan de la misa, pero me gusta eso de …he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Lo del pan y el vino me sabe a casaca, me sabe a magia, a somnífero porque no terminamos en nada.
Ahora nos preocupan las “inteligencias artificiales” que desnudan el grado de estupidez a la que hemos llegado, y no sólo eso, gente brillante creyendo que entre más maneje eso de las “inteligencias artificiales” más modernos e innovadores seremos. Realmente el problema es la gente que sucumbe al sistema, y vamos de traición en traición derrotando a la escuela, preparando rebaños competentes en la obediencia, el desgano, la pereza y creyendo que ser honestos es para los tontos.
Esa sala de hospital simplemente desnuda al mundo, nos desnuda como seres humanos, nos desnuda como cristianos y como ciudadanos. Por eso me gustó también Don Bosco, no por la magnificencia de las obras actuales, sino, por ese amor incondicional hacia los jóvenes, hacia los pobres sobre todo si son niños solos y con hambre en este mundo. Sí, por aquellos que no le importan a nadie. Y seguimos el cuento…
San Salvador, 15 de septiembre de 2026. Año y día del Señor.
Edwin Felipe Aldana Aguirre. Investigador social y docente universitario.
