La quimera de la nación blanca. El drama de las visas.
Por: Elio Masferrer Kan. *
La cancelación de visas para ingresar o residir en los Estados Unidos ocupan los titulares de muchos periódicos latinoamericanos, la gran prensa hace énfasis en la cancelación de la misma a personajes conocidos por su acción política y es noticia de primera plana, en las páginas interiores de los periódicos aparece que miles de visas han sido canceladas a ciudadanos y ciudadanas «de a pie».
Me parece importante analizar estas últimas cancelaciones, pues las de los políticos son relativamente obvias. «si me caes mal, no quiero verte por aquí». Pero son más interesantes las cancelaciones a ciudadanos aparentemente inofensivos políticamente. Los relatos muestran el drama de apacibles amas de casa que llevan a su niño a la escuela y el personal migratorio las intercepta al intentar cruzar «al otro lado» (los Estados Unidos) para que su infante, que es ciudadano estadounidense por nacimiento pueda ir a las clases de escuela primaria. La mamá con visa cancelada es una residente y ciudadana de «este lado» de la frontera mexicana que eligió tener a su hijo/a «en el otro lado». Pocos pueden entender como los niños se transforman en un tema de seguridad nacional.
Hace unos meses el presidente Trump emitió una Orden Ejecutiva (decreto presidencial, con fuerza de ley) de acuerdo a la Constitución americana, que retiraba la ciudadanía a los hijos de personas que nacieron en su territorio, pero cuyos progenitores no eran ciudadanos o residentes, tratando de evitar el llamado «turismo de partos».
La novedad era que Trump intentó modificar la Constitución con un decreto presidencial, cuestión que vulnera el sistema de cambios constitucionales de ese país, que por cierto es considerado de los más difíciles de modificar, se requieren los dos tercios de ambas cámaras y la ratificación por dos tercios de los estados. La Suprema Corte de Justicia declaró inválida la Órden Ejecutiva, garantizando así el derecho a la ciudadanía a los nacidos en territorio americano, con la única excepción de los hijos de personal diplomático extranjero.
¿Cuál es la lógica de estas medidas? Qué va acompañada de otras acciones tendientes a restringir el acceso de ciudadanos de países africanos y asiáticos, algunos de mayoría musulmana.
Es evidente que se trata de preservar el carácter WASP de los Estados Unidos. La población descendiente de los fundadores de la Unión americana, blancos, anglosajones y protestantes son alrededor del 4% de la población, pero se incorpora a esta categoría a originarios de países europeos, con lo cual esta cifra asciende al 56%, aunque hace 50 años eran alrededor del 70% y es la población que tiene el menor crecimiento demográfico. Se calcula que en el 2046 estén por debajo de la mitad de la población y lentamente sean rebasados por descendientes de otras minorías, particularmente en la frontera con México los estados que antes de la Guerra de 1846-48 eran mexicanos la población de origen mexicano será la mayoría, en términos locales. En muchos estados se consolidaron enclaves de población de origen africano y asiático que está disputando la mayoría en condados muy importantes. Resulta paradigmático que en Nueva York haya sido electo alcalde un migrante de Uganda de origen indú y musulmán.
La perspectiva de un sector de población WASP que se sentía muy hospitalaria recibiendo migrantes de todo el mundo, en una actitud cosmopolita y asumiendo que «todos somos hijos de Dios», se transforma en una población que se siente intimidada y asume la construcción de un «nacionalismo cristiano» que rechaza a poblaciones de otras religiones, y aunque sean cristianos, como es el caso de la población latinoamericana y mexicana, se siente que está perdiendo «el color». Algo similar sucede en Europa y explica el avance de la ultraderecha y de las políticas antimigrantes.
Estas políticas públicas van acompañadas de otras acciones como eliminar las medidas «de acción afirmativa» que trataban de «nivelar» a las mayorías que no estaban adecuadamente representadas en los sistemas educativos y de salud, al igual que las teorías jurídicas del «racismo estructural» que trataban de explicar y eliminar las asimetrías jurídicas en el ejercicio de los derechos.
No podemos dejar de recordar la lucha que encabezó a principios de los sesenta del siglo pasado el asesinado pastor bautista Martin Luther King por la plena vigencia de los derechos civiles de las minorías, particularmente de los afroamericanos, a las cuales se adhirieron en forma destacada segmentos importantes de la izquierda judía, entre ellos un joven politólogo, ahora más conocido como el senador Bernie Sanders.
Dicen que la historia nunca se repite, al principio cómo tragedia y después como comedia. La demografía humana tiene reglas inexorables, y quienes las desafían pagan las consecuencias, como fue el intento de «un sólo hijo en China».
Lenta, pero inexorablemente las sociedades humanas eliminan el racismo y la xenofobia, eligiendo así formas exitosas de convivencia humana, aunque algunos se empecinan en complicarlas..
Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH
