Los profesionales del espejo roto: Amoldan saberes para que el poder siempre tenga la razón.
Dicen que tu conducta es el reflejo de tu verdadera imagen. Lo demás es currículum.
Por: Armando Fernández /Comunicador Comunitario
No se puede analizar el presente desde la comodidad aséptica de un túnel académico ni desde la abstracción etérea de un paisaje decorativo. Durante décadas nos vendieron que la acumulación de títulos y el ejercicio intelectual funcionarían como el gran dique de contención frente al abuso del poder. Hoy constatamos lo contrario: el conocimiento técnico se ha vuelto modular, flexible y portátil según sople el viento del favor político o económico.
Hay dos formas de ver la realidad en El Salvador. Está el que la ve desde el túnel: oscuro, estrecho, con una sola luz al final que le ha puesto el poder. Desde ahí, todo se justifica y todo se aplaude; es cómodo y hasta pagan por mirar desde ahí. Y está el que la ve desde el paisaje total: crudo, incómodo, con sol y sombras, con fiestas agostinas y con 20 mil presos sin juicio, con hospitales sin medicinas y con carrozas. Duele verlo así, pero es lo único honesto. Esta reflexión es para los segundos. Y es una denuncia contra los primeros.
La traición del saber
Lo que sabes, lo que estudiaste, lo que te enseñaron sobre ética, método y rigor… eso es tu verdadera imagen. Pero en El Salvador vivimos la epidemia del profesional esquizofrénico: lo que sabe es una cosa, y lo que dice y hace es otra. Cuando están frente a una cámara o un *live* de TikTok, hacen a un lado su *expertise* y su ética para volverse traductores simultáneos del poder.
El problema no es equivocarse.
El problema comienza cuando el economista sabe una cosa pero dice otra; cuando el abogado conoce los límites constitucionales pero prefiere llamarlos «errores administrativos»; cuando el periodista transforma una noticia en opinión selectiva; cuando el sociólogo sustituye el análisis por los eslóganes oficiales; cuando el líder religioso predica sobre el sufrimiento universal mientras guarda silencio frente al sufrimiento que ocurre a pocas cuadras de su templo.
No siempre es corrupción ,muchas veces es algo más sofisticado,sino es la normalización del acomodo intelectual.
Noam Chomsky ha señalado cómo los sistemas de comunicación transforman especialistas y medios en reproductores del discurso dominante. La propaganda moderna rara vez obliga, prefiere persuadir. Y para persuadir necesita expertos. No es ignorancia, es conveniencia cómplice.
El catálogo de servilismo es grande, pero aquí expongo algunos de los más relevantes:
La Economía de la casualidad:El economista que celebra un espejismo macroeconómico y lo disfraza de política exitosa.
Lo que sabe:Que el crecimiento estructural está estancado, que no hay inversión extranjera real y que el país vive de remesas.
Lo que dice en medios:»¡Vamos por buen camino! ¡Crecimos un 5% en inversiones este trimestre!»*
Traducción real:Crecimos porque el miedo a la deportación masiva en EE. UU. hizo que nuestra gente mandara todo lo que tenía en pánico. Confunden una ola de miedo con una política de desarrollo. Análisis vil disfrazado de optimismo.
La Sociología de eslogan:El científico social que sustituye el análisis estructural por frases importadas del manual del vocero oficial.
Lo que sabe:Que hay ruptura del tejido social, miedo, autocensura, migración forzada y familias fracturadas por el régimen de excepción.
Lo que dice en medios:»La nueva forma de gobernar es aceptada por la gente, hay una nueva cohesión social».
Traducción real:Cambió la teoría social por un spot de Casa Presidencial. Dejó de investigar la conducta humana para repetir jingles.
El Derecho de los errores cómodos:El abogado que reduce la arbitrariedad sistemática a meros «desvíos procedimentales», blanqueando la cooptación institucional.
Lo que sabe:Que hay miles de detenidos sin orden judicial, sin defensa y sin juicio, violando la Constitución.
Lo que dice en medios:»No es justicia fallida, son errores de procedimiento. Eso siempre ha pasado».
Traducción real:La mayor bajeza intelectual. Llama «error de procedimiento» a tener a miles de inocentes años en prisión sin ver a un juez. Normaliza la aberración jurídica para quedar bien con el amo.
El Periodismo del test guiado:El comunicador que confunde la opinión selectiva con fiscalización.
Lo que sabe:Que despedir a casi 2,000 profesionales de la salud pública en un sistema colapsado es una crisis sanitaria.
Lo que publica:»Fueron despedidos por quejas y la modernización exige cambios drásticos».
Su técnica:Le da al invitado un test de opción cerrada y, si se sale del guion, le interrumpe. No entrevista, custodia. Defiende lo ilegal desde un set con aire acondicionado. Solo ve la gota del vaso que le conviene, porque el resto del agua le paga el sueldo.
La frase que los desnuda :la confesión cínica final
La mayor desfachatez la confesión final de su indigencia moral aparece cuando convergen en el mismo mantra de culto, sin sonrojo ni vergüenza: «Es mejor una dictadura buena que una democracia imperfecta».
Vaya conclusión. Traducen su favoritismo, su cheque o su miedo a perder el poder en filosofía barata. Confunden orden con justicia, eficacia con legitimidad y popularidad con democracia, mientras justifican el culto a nuevos salvadores mesiánicos que prometen resultados a cambio de obediencia.
Una democracia imperfecta puede corregirse; una dictadura elimina precisamente los mecanismos para corregir al poder.
Y cuando un profesional deja de cuestionar al poder para explicarlo y justificarlo, ya no está ejerciendo su conocimiento: está prestándole o vendiendo su prestigio.
El silencio que grita: Jerarquías con sandalias sin polvo
¿Qué decir de una jerarquía religiosa que nos interpreta la última encíclica papal sobre la fraternidad universal, pero omite la realidad de su propia catedral, a unas cuadras del centro histórico? Parece una iglesia que ya no siente. La lectura del evangelio se queda en el cielo, como un mensaje tirado al aire, sin esencia, sin tocar el suelo con las sandalias.
Quizás no encuentran cómo aterrizar el mensaje angelical con el dolor, el hambre local, los encarcelados sin causa y los centenares de fallecidos por el régimen. De ahí que tengamos una gente que tampoco se solidariza, sino hasta que la tragedia les toca a ellos. Evangelios etéreos para no incomodar al poder, porque incomodar cuesta y trae consecuencias.
El espejo roto
Entonces, ¿cómo le llamamos a esto? Negación de realidades por conveniencia, silencios cómplices, cegueras rentables, indolencia con título universitario y pasar de largo con corbata. Sentir desde las redes, porque el algoritmo no siente, pero tú deberías…
Este país no se va a fracasar por los que no saben. Se está cayendo por los que saben y se callan, por los que aprendieron a medir el viento antes de abrir la boca.Tu conducta es tu verdadera imagen. Y hoy, la imagen de muchos profesionales en El Salvador es la de un espejo roto frente al poder: solo reflejan lo que el poder quiere ver.
Las sociedades necesitan economistas, abogados, periodistas, sociólogos y líderes religiosos, pero los necesitan libres, conscientes y valientes.
Cuando el conocimiento se pone al servicio del poder, deja de cumplir su función más noble: interpelar, contrastar y ampliar nuestra comprensión de la realidad. El verdadero profesional no es quien confirma lo que el gobernante o el mercado desean escuchar. Es quien, asumiendo el costo personal, mantiene la coherencia entre lo que sabe, lo que investiga y lo que está dispuesto a decir.
La historia no recuerda con admiración a quienes justificaron cada decisión del poder de su tiempo; reconoce a quienes conservaron la independencia de criterio cuando resultaba incómoda. Ese es el mayor desafío ético de cualquier profesión: no convertir el conocimiento en un espejo que refleje la conveniencia del momento, sino en una ventana que permita ver el paisaje completo, incluso cuando ese paisaje nos deslumbrá o nos hiere.
