Los catolicismos: fortalezas y debilidades.
Por: Elio Masferrer Kan.
Parece un lugar común la mención del avance de las propuestas del mundo evangélico en América Latina, sin embargo, el catolicismo, aunque disminuido se mantiene con una fuerte presencia en muchos países latinoamericanos, siendo de alguna manera un factor imprescindible en todos los estudios sobre religión, sociedad y política. Considero importante un análisis que nos permita identificar los aspectos claves de la vitalidad del catolicismo.
Un aspecto estratégico en esta perspectiva es asumir que hay una multiplicidad de propuestas religiosas que se identifican como catolicismo, por lo cual debemos hablar de catolicismos en plural, de la misma manera que en otras colaboraciones hicimos énfasis en asumir la realidad de los mundos evangélicos.
La Iglesia Católica, Apostólica y Romana llegó a este continente de la mano de los conquistadores castellanos y portugueses y fue desde su inicio una religión de estado. También está dirigida por una sola persona, el Papa. Esto es formal, los monarcas españoles tenían el privilegio del Patronato Real, que consistía en que designaban obispos, fijaban condiciones a las órdenes religiosas y aceptaban o rechazaban los decretos papales, una suerte de cogobierno.
Otro aspecto importante es que la Iglesia Católica tenía una estrategia de conversión de las nuevas poblaciones que consistía en un estudio bastante detallado de las creencias y costumbres locales, para en forma «lenta pero segura» ir imponiendo las creencias del catolicismo. Simultáneamente cada obispo tiene autoridad para hacer las adaptaciones a las peculiaridades de su diócesis, que se llama «iglesia particular».
Esto no empezó en América, sino que novecientos años antes, en el 599 el papa Alejandro Magno definió el «como», que consistía en la adopción de ciertos rituales y la preservación de los templos paganos, poniendo imágenes cristianas. Existen entonces dos tipos de «sincretismos», el «controlado» y desarrollado desde la institución, y el espontáneo «construído desde abajo» por los pueblos dominados.
En términos antropológicos no hacemos estas distinciones que son discriminatorias, por ello el término sincretismo no lo reconocemos como válido, sino que existen muchas construcciones simbólicas y míticas, diferentes entre sí que constituyen el pluralismo católiico.
Un aspecto estratégico de la Iglesia Católica fue el desarrollo del Culto Mariano, en términos bíblicos el papel de María, la madre de Jesús de Nazaret está acotado y no es el personaje central del culto. Pero había un problema.
Las creencias de la inmensa mayoría de los pueblos originarios estaban basadas en parejas primordiales, deidades masculinas y femeninas, no eran estructuras centradas en divinidades exclusivamente masculinas, como es judaísmo, religión que practicaban Jesús y los demás fundadores de esta escisión del judaísmo.
Es en este contexto americano que la Iglesia construye una pareja primordial innovadora, María se transforma en «la Madre de Dios», en una concepción virginal, aumentan la tensión del relato, mantienen aspectos claves de los textos sagrados, a la vez que se adaptan a la visión del mundo de los pueblos dominados que deben ser convertidos al catolicismo.
Este manejo estratégico le permitió al catolicismo resolver una de las principales contradicciones con las creencias locales, ahora la «nueva pareja primordial» serían Dios y María, pero María sería el centro del catolicismo americano, que implica una innovación simbólica. En este contexto Dios es Jesús, una relectura de la Santísima Trinidad, difícil de entender para muchos, que son uno y tres al mismo tiempo, pero además en el Culto Mariano, María (deidad femenina) es anterior a Dios, que se transforma en una figura masculina.
Esta estrategia evangelizadora, muy eficaz, sirvió además para que cada pueblo construyera su propia forma de catolicismo, lo que llamamos catolicismos étnicos.
Esta estrategia se complementa con otra realidad y es la Reconquista española, para reconvertir a los ibéricos musulmanizados la Iglesia en España tuvo también que construir varios sistemas simbólicos para garantizar la conversión o regreso de la población al catolicismo, así que tampoco los conquistados eran homogéneos en términos religiosos, pues los Habsburgos reinaban en distintos países, por ejemplo lo que hoy es Bélgica, Sicilia (Italia) e incluso partes de Austria. Los españoles eran de Castilla y Aragón, pero la tropa venía de Andalucía, en muchos casos.
Otro asunto que complicó aún más al catolicismo es la Reforma Protestante de 1519, para contrarrestarla se hizo el Concilio de Trento (1543-1563), pero no necesariamente las innovaciones del Concilio se aplicaron de inmediato y coexisten formas tradicionales de catolicismo, preferentemente en áreas rurales (90%) de la población, y en las ciudades, los jesuitas preferentemente llevan las innovaciones de Trento.
En el siglo XIX la Iglesia Católica se enfrenta al ascenso de los movimientos socialistas y anarquistas y lanzan la Rerum Novarum, proponiendo una doctrina social propia, que ahora el papa León XIV intenta una nueva actualización doctrinal.
La Rerum Novarum escindió a los católicos, entre modernistas y antimodernistas, preferentemente entre las elites urbanas y en 1963-1965 se hace el Concilio Vaticano Segundo en el cual la Iglesia se propone adaptarse a «los signos de los tiempos».
En estos contextos podemos ver que existen muchas formas de ser católicos en América Latina y esta segmentación le permite al catolicismo responder a los cambios sociales y estructurales, en la mayoría de los casos. En muchos contextos, donde no logran construir respuestas innovadoras se inicia un lento e inexorable proceso de disolución y «envejecimiento» del catolicismo. En otros casos puede exhibir una gran vitalidad, pero como estamos en sociedades plurales y cambiantes, esto no significa que no puedan perder feligreses que se transforman en Nueva Era, evangélicos, agnósticos y ateos.
La persistencia del catolicismo y la pérdida de feligreses no implica necesariamente la extinción de los catolicismos, sino que de la crisis pueden surgir nuevas fuerzas y propuestas innovadoras. Por ejemplo, el Papa que además de teólogo es matemático introduce un intento de evangelizar al mundo de la inteligencia artificial.
Podemos entonces concluir que en la pluralidad y el reconocimiento de lo diverso está la fuerza de las innovaciones en los sistemas de creencias y visiones del mundo.
*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH INAH
