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El uso de la deuda externa como arma para someter a los países. COMENTANDO A VILLALONA.

POR: MIGUEL BLANDINO.


Parafraseando al poeta puedo decir que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos… pero seguimos estando igual. Ser y estar no es lo mismo en inglés que en español, pero los gringos nos tienen bajo sus plantas hoy como ayer.
Villalona tiene razón: el deterioro de la economía y el endeudamiento y su consecuente empobrecimiento de la población están a la vista.
Pero la pregunta que salta de inmediato es sencilla ¿por qué nos quieren pobres y endeudados?
¿Acaso no se dan cuenta de que eso conspira contra sus intereses?
Yo, sinceramente, no pienso que sean tontos.
La política económica de bukele ha sido consistente en todos los años desde 2019: pagar intereses de la deuda para poder seguir pidiendo préstamos cuyo destino es dudoso. Con una sola excepción, por cierto, en cuanto al pago de intereses: la deuda con los fondos de pensiones de los trabajadores salvadoreños, porque a esos no se les pagan los intereses.
Lo que no menciona Villalona es que esa política económica es la misma que se aplica en el resto de países del continente.
Y, si observamos las consecuencias, que golpean especialmente a la población más pobre de cada país involucrado, que deteriora los servicios públicos, disminuye el empleo en todos los sectores privados y públicos y, particularmente, en el agro, no existe lugar a ninguna duda de que se trata de una política de descarte social.
Reducción de ingresos y eliminación de servicios ya resulta en aumento desproporcionado de las cifras de mortalidad inusitadas en Argentina -donde el acceso a la información no ha sido restringido (aún)- en los grupos etarios de menores de cinco años de edad y personas de la tercera edad, así como de personas con enfermedades crónicas sin acceso a sus medicamentos o degenerativas sin medios para su atención. El aumento desmedido de la tasa de suicidio adolescente y juvenil afecta a la población de menores recursos.
Esta eliminación de la población mayor y la reducción de la tasa de natalidad son congruentes con la medida principal que establecieron desde 1970 los neomalthusianos como solución al problema de inhabitabilidad del planeta y la imposibilidad de colonización de algún planeta cercano.
El recuento de Villalona es idéntico al de Roberto Navarro en Argentina y otros de otros economistas que se preocupan por la divulgación de sus investigaciones y hallazgos.
Sin embargo, les falta poner en común toda esa informacion para descubrir que se trata de la aplicación de un molde en las sociedades, sin distinción del tamaño de su economía, de su poder geopolítico y de los recursos disponibles.
El paradigma es el mismo que ya se instrumentalizó en los años 80 del siglo pasado. El uso de la deuda externa como arma para someter a los países hizo posible la rendición de toda América Latina para que los gobiernos vendieran las empresas paraestatales de servicios -de distribución de energía eléctrica, telefonía, vivienda social, etc.- y para la adopción del modelo neoliberal en todo el continente.
La diferencia entre aquella época y la actual es la posición que tenían entonces los Estados Unidos y si posición actual: aquella posición era de ofensiva y la actual es defensiva.
En los años 80 estaba comenzando a derrotar definitivamente a otro elemento de la bipolaridad. Hoy está siendo desplazado del lugar central. Hace medio siglo comenzaba a cimentarse la unipolaridad del poder omnimodo de los Estados Unidos, tras la debacle de la URSS.
Hoy, la razón que mueve a los Estados Unidos a implementar una política de asfixia por la vía del endeudamiento es exactamente la opuesta.
En el pasado era para someter a todos para reinar sin rival. Hoy es de pura y exclusiva necesidad de supervivencia ante el indetenible e irreversible avance de China como nuevo poder hegemónico global.
Y América Latina es el último reducto imperial para la satisfacción de sus necesidades materiales y la retaguardia estratégica para su defensa y su seguridad.
El problema para los pueblos sigue siendo el mismo que hace medio siglo y tiene nombre propio: oligarquía criolla e imperialismo yanqui.