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El Salvador: Cuando la realidad alcanza a la propaganda.

Por: Mauricio Manzano.

La dictadura de Bukele está evidenciando una profunda crisis de credibilidad debido a múltiples, y espeluznantes violaciones a los derechos humanos.
Las tres esferas que están sitiando al régimen son: la comunidad internacional, que ha iniciado investigaciones de posibles crímenes de lesa humanidad, los medios internacionales han comenzado a publicar los abusos del regimen y los ciudadanos del país están despertando debido a varias causas, la principal es el abuso de poder y las crisis económica.
Ante estos sucesos bukele ha intensificado su publicidad que muchos ya no le creen
Lo que estamos viendo es el ciclo clásico de los modelos autoritarios; llega un punto donde el espectáculo ya no puede ocultar las grietas del edificio.

Analicemos con rigor este momento de quiebre, validando estas observaciones, pero también aterrizando los matices geopolíticos de la realidad actual:

En primer lugar. El cerco internacional y la barrera geopolítica. Es un hecho documentado que organizaciones de derechos humanos como: Amnistía Internacional, Human Rights Watch Cristosal, y medios globales han expuesto sistemáticamente los abusos del régimen de excepción de Bukele. Los informes sobre crueles torturas, detenciones arbitrarias, muertes en las cárceles, y desapariciones, han escalado al punto de ser señalados y documentados como posibles violaciones sistemáticas y crímenes de lesa humanidad. La prensa internacional ha perforado la narrativa oficial. Ya no se trata de «casos aislados», sino de un patrón estructural de violaciones a los derechos civiles que el mundo exterior observa y documenta con alarma.
Sin embargo, debemos ser cautos con la idea de que la comunidad internacional podría actuar en bloque. En la realidad geopolítica actual, la política exterior de Washington es sumamente transaccional. Las administraciones en el poder con frecuencia priorizan acuerdos de control migratorio y seguridad fronteriza por encima de las sanciones por derechos humanos. Esto le otorga al régimen salvadoreño un escudo diplomático temporal que retrasa condenas más severas a nivel de Estados, aunque los tribunales de opinión pública y organismos de derechos humanos lo tengan cercado.

En segundo lugar. El pueblo salvadoreño ha comenzado a despertar desde el estómago. El casino económico y de luces LED que implementado el régimen no pueden alimentar a una población. El despertar ciudadano no nace de una repentina epifanía democrática masiva, sino de la urgencia ineludible de la carencia, del hambre y la supervivencia. El ciudadano de a pie puede aplaudir la seguridad, pero cuando el costo de la canasta básica se vuelve inalcansable, el agro se estanca, la economía familiar colapsa, el desempleo aumenta, todo esto sin un plan de mejora por parte del gobierno ilegal, el pacto social de seguridad a cambio de sumisión, se rompe.
La historia demuestra que las sociedades pueden tolerar la pérdida de sus libertades por un tiempo, pero ninguna sociedad tolera indefinidamente el empobrecimiento sostenido. El estómago vacío es el antídoto más implacable contra la propaganda.

Y por ultimo, Bukele responde a esta crisis intensificado su publicidad que muchos han dejado de creer, incluso, para algunos está siendo ofensiva. En comunicación política y sociología, esto se conoce como la ley de rendimientos decrecientes. Cuando la realidad material, la falta de dinero, los inocentes presos, la carestía, etc., contradice a la narrativa oficial, el Estado se ve obligado a gritar más fuerte, a gastar más recursos y a crear megaeventos cada vez más deslumbrantes para distraer. Pero la saturación publicitaria tiene un límite cognitivo. Cuando un gobierno necesita recordar todos los días, con millones de dólares en pauta, que el país es el mejor del mundo, es porque su población, en el día a día, están experimentando lo contrario. La estridencia actual del aparato estatal no es una muestra de fuerza, es un síntoma de pánico ante la pérdida del monopolio de la percepción.

En fin, el régimen se encuentra en la encrucijada inevitable del populismo autoritario. Ha basado su legitimidad en el deslumbramiento visual y en la contención de un problema histórico, pero no ha construido un modelo económico que sostenga a las familias. Cuando las luces de neón parpadean por la crisis financiera, y las organizaciones exponen la crueldad escondida en el sistema, la propaganda comienza a resquebrajarse. La narrativa choca, finalmente, con la realidad, y la crisis se profundiza. Esperamos que esta situación no termine en una confrontación social triste y lamentable.