KAMIKAZE.
POR: MIGUEL BLANDINO.
Kamikaze se llamaban los pilotos japoneses que estrellaban sus aviones cargados de explosivos contra barcos de guerra enemigos. Eran muy eficaces. Todos los barcos que fueron atacados resultaron hundidos.
En El Salvador hay un tirano que ha destruido todas las instituciones y modifica la ley a su antojo. Nada lo limita. Y, además, tiene la jefatura de las tres fuerzas armadas: el ejército gubernamental, la policía nacional y los sicarios del crimen organizado, nacional e internacional.
El tirano ha organizado un proceso electoral en el que se inscribió de nuevo ilegalmente, como facineroso, después de que hace dos años se hizo reelegir inconstitucionalmente a pesar de que la ley suprema prohibía cualquier intento de reelegirse.
Todas riquezas de las arcas del Estado han sido puestas para hacerle propaganda al tirano y a su grupo de mafiosos. Son un basurero.
Hay en el país una serie de partidos políticos intrascendentes que viven parasitando del que está en control de las riendas del poder. Hay un partido -que lleva las mismas siglas de una antigua coalición de grupos guerrilleros- y que después de la guerra le sirvió de cuna política al tirano actual. El traidor después de verse encumbrado se buscó una salida legal para poder convertirse en el candidato de un partido del crimen organizado para llevarlo a la presidencia y de ahí a la tiranía.
Hoy el partido cuna del tirano está casi extinguido, pero sigue siendo su aliado y participa como vil comparsa en sus fiestas.
Pero de la bazofia que lo integra no existe uno solo entre sus dirigentes que le pueda servir como un candidato creíble, aunque todo mundo sepa que se trata de una farsa y que no importa si proponen un perro o un gato o un muñeco de trapo.
Pero los compinches del tirano pretenden pasar como vírgenes impolutas y buscan engatusar al primer cándido que les acepte los piropos. Y, claro que todavía hay almas crédulas.
En este caso se trata de un médico que ha dedicado gran parte de su vida profesional a compaginar su tiempo con el trabajo de dirigente del sindicato de su gremio en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social.
Este personaje dice que no es político y que no tiene ideología. ¡Vaya infantilismo! Si se lo cree, peor para él y sus seguidores porque se los van a comer de un bocado los políticos y los ideólogos del partido. Y si solo están fingiendo, peor para el pueblo que sigue creyendo que existen las putas virgas.
Entonces se ha producido una fusión entre el doctor que tiene credibilidad como sindicalista y el partido de filiación mafiosa.
Lo de menos es que ambos, candidato y partido, ya le están sirviendo al tirano para venderse como un demócrata respetuoso del multi partidismo.
Lo peor es que van a robarle los jirones de esperanza a un pueblo que ya no tiene lágrimas para llorar su desventura.
¡Cuervos apestosos!
El Doctor Aguirre pudo haber sido un torpedo que golpeara la línea de flotación del tirano. O bien un heroico kamikaze que encabezara las luchas del pueblo desde la trinchera de la calle.
Pero será recordado como el kamikaze que se estrelló contra la farsa y el engaño y desperdició toda su potencia sirviendo a un partido intrascendente.
