Creencia

El Anticristo vs las Piedras videntes.

Por: Gabriel Bourdin. UNAM – México

Peter Thiel es uno de los más importantes animadores de la Nueva Jerusalem tecnocrática  llamada Silicon Valley. Cofundador de PayPal y Palantir, primer gran inversor externo de  Facebook, es una figura central del tecnocapitalismo contemporáneo. Palantir es su empresa  más influyente, desarrolla sistemas de análisis masivo de datos utilizados por agencias de  seguridad, ejércitos y gobiernos, entre ellos la CIA, el FBI, el Departamento de Defensa de  Estados Unidos, el Comando Cibernético, el Ejército estadounidense, el Ministerio de  Defensa del Reino Unido y diversas agencias europeas de inteligencia. A esta lista se suma  la perla de su corona: su intervención operativa en la identificación, persecución y  deportación de miles de trabajadores latinoamericanos a través de los servicios de aduana y  migración, en particular el tristemente célebre ICE, que ha utilizado la plataforma  Investigative Case Management, conocida como ICM, para rastrear domicilios, redes  familiares y lugares de trabajo. Esta dimensión represiva, dirigida contra poblaciones vulnerables, completa el cuadro de una empresa que no solo modela datos, sino que modela  destinos humanos. El nombre mismo de la compañía, tomado de las palantíri de El Señor de  los Anillos, tampoco es un gesto decorativo. En la novela, esas piedras videntes prometen  transparencia absoluta y terminan sometiendo a quienes las consultan. La visión total se  vuelve trampa, y la información, servidumbre: alienación, enajenación de las conciencias se  la llamó en la filosofía materialista del siglo XIX, manipulación de la persona a través del  algoritmo y el gemelo digital, le llamaremos hoy. Que una empresa de vigilancia adopte ese  nombre revela, quizá sin quererlo, la sombra que acompaña a toda aspiración de omnivisión  (5). Ese trasfondo explica la densidad política de su visita a Roma en marzo de 2026.  

El viaje no fue público ni ceremonial. Durante tres días, Thiel participó en dos sesiones  cerradas organizadas por la Asociación Cultural Vincenzo Gioberti, en espacios discretos de  la capital italiana. Allí se reunió con dirigentes católicos ultraconservadores, entre ellos  Alberto Garzoni, figura clave de Catholics in the Conservative Party. La alianza, improbable  solo en apariencia, articulaba dos pulsiones convergentes: el deseo de restaurar un orden  identitario católico (en principio, en Italia y el Reino Unido) y la voluntad tecnocapitalista de  liberar la inteligencia artificial de cualquier límite ético o político. El encuentro ocurrió en  un momento de tensión explícita con el Vaticano, cuyo magisterio, bajo León XIV, insistía  en la necesidad de regular la IA para proteger la dignidad humana.  

Las conferencias se desarrollaron bajo un régimen de secreto absoluto: sin teléfonos, sin  cámaras, sin grabadoras, sin notas visibles. No existe un texto escrito del discurso. Lo que  hoy conocemos proviene de la reconstrucción periodística del Financial Times, ampliada por  elDiario.es y comentada críticamente por Avvenire (1)(2)(3)(4). Según esas fuentes, Thiel  desplegó una retórica que mezclaba cristianismo heterodoxo, anarcocapitalismo y  transhumanismo. Su tesis central fue que quienes buscan regular la IA encarnan una fuerza  de estancamiento, una negación del impulso creador, una especie de Anticristo secular que  detiene la ciencia bajo la coartada del riesgo existencial. La metáfora no era teológica en  sentido estricto, sino política. Era un modo de dramatizar la oposición entre progreso  tecnológico y prudencia ética.  

El episodio revela un marco ideológico coherente, que conviene desglosar para su análisis  antropológico. Primero, el aceleracionismo tecnológico, que concibe la IA como motor del  destino humano y rechaza cualquier límite. Segundo, la antirregulación radical, donde la ética  aparece como un obstáculo disfrazado de virtud. Tercero, la combinación de cristianismo  heterodoxo y transhumanismo, que convierte la tecnología en un horizonte casi escatológico.  Cuarto, la crítica a la democracia liberal, vista como un sistema incapaz de sostener el ritmo  del cambio. Quinto, la alianza con sectores católicos ultraconservadores, que buscan un orden  social basado en identidad y obediencia. Y, finalmente, la confrontación directa con el Papa  León XIV, que marca el choque entre dos antropologías. De un lado, la que sostiene que la  dignidad humana es irreductible, que ninguna vida puede ser traducida sin pérdida a un  conjunto de datos. Del otro, la que confía en el cálculo cibernético, en la lectura maquínica  del mundo, en la idea de que los procesos humanos pueden ser optimizados como si fueran  flujos de información. Allí se juega una disputa por el sentido mismo de lo humano: una  antropología afirma que la persona excede cualquier modelo, la otra que el modelo puede  anticipar y gobernar a la persona.  

Estos puntos serán desarrollados en los próximos artículos del Boletín, no como polémica  coyuntural, sino como síntomas de una mutación profunda en la relación entre técnica, poder  y humanidad.  


Referencias 

(1) Demócrata, 2026. Peter Thiel desafía al Papa en Roma: conferencias secretas sobre el  Anticristo y la IA. https://www.democrata.es/internacional/peter-thiel-desafia-papa-en roma-conferencias-secretas-sobre-anticristo-ia/  

(2) elDiario.es, 2026. Cobertura sobre las conferencias privadas de Thiel en Roma.  https://www.eldiario.es 

(3) Avvenire, 2026. Críticas del asesor Paolo Benanti y análisis del rol de Palantir.  https://www.avvenire.it  

(4) Financial Times, 2026. Reconstrucción original del contenido del discurso.  https://www.ft.com  

(5) Tolkien, J. R. R. El Señor de los Anillos II: Las Dos Torres. Trad. Luis Domènech.  México, Minotauro, reimpresiones desde 2002. Libro III, capítulo 11, El Palantír.  

(6) The Intercept, 2019. Palantir Provides the Engine for Donald Trump’s Deportation  Machine. https://theintercept.com/2019/12/22/palantir-ice-deportations/