Opinión

Qué vendrá en la era después del Covid 19

[dropcap]N[/dropcap]o hay fecha precisa establecida, ni la habrá, para que termine la pandemia. La gestación de la peste comenzó mucho antes de que el supuesto animal silvestre le traspasara el virus al primer humano, en diciembre de 2019. El final será más bien una ola de lenta desaparición que irá dejando huellas y secuelas en personas y países, hasta que, gracias a la ciencia y su tecnología resultante, se cuente con vacuna y medicinas debidamente distribuidas y la enfermedad esté bajo control.

Los posibles cursos de acción son principalmente dos: se construye un mundo mejor o, después de una recuperación leve, se sigue igual. En ambas opciones lo que se haga deberá referirse a todos los órdenes de la vida: modelo y régimen económico, patrones de conducta, regímenes sociales y naturaleza de los Estados y sus gobiernos y, lo que podría llamarse a riesgo de ser poco original, nuevo orden mundial.

Un escenario posible, aunque lejanamente, es el colapso total de la humanidad, lo cual a la luz de la historia se puede ver que, a pesar de las muchas y más letales pandemias, las guerras que han sido más letales que las pandemias y las conmociones de la naturaleza, el mundo y los países han sabido salir de crisis y retomar caminos de progreso y de humanización. Siempre hay obras inconclusas y necesidades por satisfacer; pero también siempre hay esperanzas y propósitos de construir proyectos sociales nuevos y beneficiosos.

Para buscar y lograr un mundo mejor se identifican algunos asuntos de interés para la humanidad, que podrían, y quizá deberían, ser parte de tendencias previstas, buscadas y necesarias. Se mencionan y esbozan los siguientes:

1- Restablecimiento del rol del Estado; 2- Replanteamiento de la economía;
3- Democratización del poder;
4- Reformulación de la Gobernanza mundial de nuevo tipo y de las relaciones internacionales;
5- Reforma profunda de la Educación como factor clave.

Restablecimiento del rol del Estado
En los últimos 30 años, los Estados desdibujaron y a veces perdieron las funciones para lo que están concebidos a lo largo de la historia reciente, desde la Paz de Westfalia de 1648, cuando se le dio fin a la guerra europea y de bases religiosas llamada de los 30 años y se sentaron los perfiles de los actuales Estados.

En el marco del auge de los organismos multilaterales y la irrupción de mercantilistas, privatistas y librecambistas, los Estados se fueron debilitando como expresión jurídica de sus sociedades y descuidaron la protección de su territorio, su población, su gobierno democrático y, sobre todo, su soberanía y entregaron parte de sus funciones a empresas privadas, sobre todo transnacionales.

Con la crisis, ha quedado en evidencia que un Estado debilitado no puede proteger debidamente la salud de sus habitantes y, es evidente, que aún los anti-estatistas, ahora recurren al Estado para que afronte la crisis y salve las economías. Hay, entonces, condiciones para que los Estados recuperen sus funciones y, con base en la democracia y el imperio de la ley legítima, se hagan cargo de la conducción de los asuntos de interés para la sociedad y garanticen la vida, la salud, el bienestar económico, las libertades y la justicia social.

Replanteamiento de la economía
La economía es un proceso social en el que personas producen y consumen. La crisis ha puesto en evidencia que, por lo general, la organización de las economías en los Estados propicia las discriminaciones y las desigualdades.

Las personas con los ingresos más bajos y con menos acceso a servicios básicos y que trabajan en la informalidad han sido los que más han recibido el embate de la crisis al perder su empleo y no tener ni seguros ni reservas para enfrentar la escasez repentina. Se dice que el virus es democrático porque ataca sin distingo de condición económica y social, lo cual es engañoso, porque los daños económicos que siguen a la enfermedad son mayores en los pobres que en los ricos.

Es en las consecuencias y en las secuelas que el virus consolidará la diferencia de clases. Las medidas de alivio están bien, pero son momentáneas. Son un Demerol para un dolor de cáncer.

La evidencia surgida de esas desigualdades económicas da pie para que se trabaje en un replanteamiento de eso que llaman el modelo económico que es, ni más ni menos, la máquina socialmente aceptada de cómo producir y obtener ganancias y acumularlas. Se debería buscar una más equitativa distribución del ingreso nacional.

Aquí se aplica lo que hace cuatro décadas predicaba monseñor Romero –ahora San Oscar Arnulfo Romero- a propósito de la situación explosiva que tenían la economía y la sociedad en El Salvador en 1980: “Hay que cambiar el sistema de raíz”. Por eso lo mataron.

Democratización del poder
Es tiempo de tomar en serio que la democracia es el poder en manos del pueblo. Más que una frase o una consigna demagógica debe ser la esencia de un cambio cualitativo profundo en la política.

Democracia no es sólo tener la oportunidad de votar cada cierto tiempo para elegir presidentes y congresistas que teóricamente representan al pueblo, en abstracto, pero que en realidad representan a partidos políticos o a grupos elitistas en torno a un jefe.

El poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo debe concretarse en la economía y en la distribución del poder político. Elecciones democráticas, sí, pero también representación directa, referéndum revocatorio, plebiscitos, cabildos abiertos, consejos ciudadanos con poder decisorio en los gobiernos locales y participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas deben ser los instrumentos políticos para democratizar el poder y, de paso, la economía.

Esa democratización del poder demanda liderazgos de nuevo tipo, no sólo dedicados, honrados, sencillos y ligados al pueblo en concreto, sino con la práctica de un continuo aprendizaje desde la autodidaxia o desde la formalidad. Realmente, para dirigir hay que saber y para saber hay que estudiar toda la vida. Sólo así será posible que el líder político practique lo que, según el intelectual francés, André Malraux, le dijo Mao Zedong en 1965, en una entrevista: el dirigente debe devolver al pueblo con precisión, lo que el pueblo le enseña con confusión.

Reformulación de la gobernanza mundial de nuevo tipo y de las relaciones internacionales
El siglo XX contuvo la fundación o consolidación de varios organismos multilaterales, mandatarios de los Estados, con inclinación por mandato a abordar globalmente los problemas de la humanidad. A veces, esta novedad en las relaciones internacionales ha ido en detrimento de los Estados con menos peso específico en la geopolítica.

Después de la primera guerra mundial y bajo los auspicios del presidente Woodrow Wilson, de los Estados Unidos América, se creó en 1919 la Sociedad o Liga de las Naciones. Su propósito era evitar otra guerra mundial; pero fracasó, pues 20 años después estalló la segunda guerra mundial, más mortífera que la primera.

Sobre los escombros de la Liga de las Naciones, el presidente Franklin Delano Roosevelt, de Estados Unidos, y el primer ministro, Winston Churchill, del Reino Unido, en plena segunda guerra mundial, sentaron las bases, en 1941, para lo que 4 años después sería la Organización de Naciones Unidas, fundada en San Francisco en junio de 1945, con el propósito de evitar la guerra y construir la paz mundial. Dos meses después de esa fundación, en agosto de 1945, Estados Unidos marcaba un hito en las guerras al destruir con bombas atómicas dos ciudades importantes de Japón y dar por concluida la segunda guerra mundial. Y se estrenó la era del terror de las armas atómicas y nucleares que, cual Espada de Damocles, aún penden sobre la humanidad.

Un año antes se habían fundado el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, supuesto brazos monetarios y financieros mundiales del Sistema de Naciones Unidas pero que en realidad funcionan con base en pactos entre Estados Unidos y Europa y sus decisiones estratégicas.

A partir de entonces fueron surgiendo o se consolidaron las demás agencias del Sistema de Naciones Unidas para atender globalmente la ayuda para el desarrollo en campos tales como la salud, la educación, el desarrollo, la infancia y otras instancias para propósitos similares. La Organización Mundial del Comercio, fundada en los años 1990 como evolución del llamado GATT (General Agreement on Trade and Tariffs), es otra parte del sistema multilateral y de alcance global con ciertos grados de autonomía y gran preponderancia de las grandes potencias.

Desde que surgió el Sistema de Naciones Unidas, la geopolítica ha cambiado profundamente. De una membrecía de 50 países fundadores en 1945 se pasó a 193 en la actualidad. Un Consejo de Seguridad poderoso está en manos de cinco potencias económicas y políticas (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y China) que además de tener poder de veto cuentan con el complemento de otros diez países que son elegidos periódicamente para fungir por dos años. Este poco democrático mecanismo, en términos de respetar el principio de “un voto un Estado” para los 193 miembros de la ONU, es crecientemente cuestionado. Mucho país emergente, en cuanto a su peso específico en el mundo, aspira a tener asiento permanente o a que se reforme la manera de constituir el Consejo.

En cuanto al FMI y al BM, con gran peso específico de Estados Unidos y Europa, los órganos gobernantes se basan en un poder de voto de los países en función proporcional a los recursos financieros que aportan.

Eso es lo que hace que muchos países propongan cambios en los órganos gobernantes de todas estas organizaciones, con vistas a una gobernanza más democrática en términos de representación igualitaria de los Estados para tomar decisiones de alcance global en la guerra, en la paz y en el desarrollo.

El post-covid19 hará más necesaria que nunca la convicción y práctica de la interdependencia entre países, al interior de regiones y del mundo. Si la crisis es mundial, los abordajes para salir de ella deberán ser igualmente mundiales o al menos regionales.

La práctica de la cooperación y la interdependencia y la democratización de los órganos gobernantes de las entidades inter-estatales deberán ser el interés prioritario de los Estados, principalmente de los menos desarrollados, para las relaciones internacionales y la diplomacia del post-covid19.

Reforma profunda de la educación como factor clave
En las transformaciones profundas que, se espera, surjan en la post-covid19, la educación deberá jugar un papel clave. Hay un bagaje de conocimientos e instrumentos que, debidamente utilizados, pueden hacer diferencias significativas en la educación de los países, desde los sistemas formales clásicos hasta otras expresiones de la educación informal, no formal, ciudadana y científica.

El desarrollo de la ciencia y las tecnologías al servicio de la humanidad es imperativo para que sucedan las transformaciones profundas que se necesitan. Y los científicos y los tecnólogos son formados a través de la educación.

Científicos comprometidos con la humanidad pueden investigar sobre especies para aplicar sus propiedades en la medicina al margen de los intereses y prioridades de las grandes transnacionales farmacéuticas y sus pingües ganancias.Ciudadanos concientizados a través de educación permanente serán más respetuosos del medio ambiente, de sus deberes y de la convivencia con los demás.

Científicos bien formados a través de educación de excelencia explorarán los enigmas y posibilidades que hay en los océanos y el universo y darán significado a las maravillas de los avances tecnológicos para ponerlos al alcance de todos los seres humanos.

Neuro-científicos con sólida educación estudiarán esa maravilla del universo que es el cerebro humano con sus millones de neuronas e interconexiones, para conocerlo mejor y contribuir a que los humanos desplieguen óptimamente todo su potencial para una vida sana, productiva, sensible y solidaria.

Pedagogos y psicólogos deben formarse en programas de educación superior de alta calidad. La secuela de ansiedades y angustias que se deriven del post-covid19 demandarán mucha reparación de almas, mentes y psiques como se le quiera llamar a ese rasgo espiritual tan propio de los humanos.

Razón tenía el maestro de la humanidad, Nelson Mandela, cuando decía que el arma más poderosa para transformar una sociedad, es la educación.

La educación en la era post-covid19 debe ser para la producción eficaz, el consumo inteligente y la distribución eficiente, pero sobre todo para la libertad, la dignidad, la solidaridad y la felicidad.

Por: Víctor Manuel Valle Monterrosa, docente universitario salvadoreño.