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EL SALVADOR. Vienen otras elecciones y el agua no llega al chorro

«No hay derrame económico, hay mil fugas y pérdida del 60% de agua procesada.»

Por: Armando Fernán /Redactor comunitario

Vienen otras elecciones y el Derecho Humano al Agua no llega a las comunidades. Así de simple, así de brutal. Lo que demuestra que hay dos El Salvador, uno aparece en la propaganda de redes sociales, conferencias de prensa, en los anuncios turísticos y en los discursos oficiales: un país que crece, que atrae visitantes, que se transforma, o muestra cárceles como fetiche de seguridad y que presume sus éxitos ante el mundo. Mientras el otro El Salvador, llena barriles, espera la pipa y calcula cuánto dinero le queda después de pagar el agua.

Los medios también tienen su propia agenda de celebraciones. La semana  morazánica, los torneos de pesca de marlín en altamar y las competencias internacionales de surf, mientras alistan las promociones de Halloween y Black Friday. Eventos que, sí, pueden atraer visitantes, generar algo de actividad y proyectar una postal bonita hacia afuera.El problema no es celebrarlos. El problema es confundir la vitrina con la casa. La vitrina se adorna para la foto; la casa es la que se queda sin agua en el chorro. Y no son lo mismo.

Porque detrás de las fotografías, los escenarios y los discursos, la economía doméstica cuenta otra historia. Según los datos que deben contrastarse con fuentes recientes , el 40% hogares no lograrían cubrir sus gastos mensuales. Y cuando el dinero no alcanza, las palabras «gracias, a la seguridad» «crecimiento» «derrame económico»y «Milagro económico» suenan como una fiesta que se celebra en la casa de enfrente.Y cada vez resuena más en la gente la frase «yo, no me harto de la seguridad».

¿De qué sirve que crezcan los indicadores ,si la vida cotidiana de una parte de la población sigue encogiéndose?Mientras tanto, en cada entrevista y conferencia, los funcionarios de turismo y las gremiales empresariales anuncian con pecho inflado crecimiento del 4,5 y 5% para este año. Repiten el mantra: cadena de valor, derrame económico, el país cambió. Y los más atrevidos, ya en plena blasfemia, declaran que todo el éxito es gracias al enviado de Dios.

Pero los números de la economía del hogar son crudos y reales: 4 de cada 10 salvadoreños no alcanzan para los gastos del mes. El ejército y granja de sirenas cantantes (analistas ,opinadores,trolls y bots)no pueden ocultar esa realidad galopante que golpea el bolsillo y el plato de la familia salvadoreña.Mientras anuncian 5% de crecimiento en la economía empresarial  la gente paga $15 a la semana por agua en barril.

La política social está ausente. Y el Derecho Humano al Agua se suma a esa larga lista de promesas que no salen del tuit. Mientras hay presupuesto elevado para propaganda, eventos y gastos superfluos, en lo social se recurre a más y más préstamos, y luego ni siquiera los invierten en su totalidad.

El país del barril: El DHA no se bebe con propaganda.
Porque el DHA, el Derecho Humano al Agua, No llega hasta el chorro de cientos de miles de hogares en comunidades rurales, barrios y colonias del país. En Apopa, en Cuscatancingo, en Ciudad Delgado, en los municipios alrededor del Cerro San Jacinto, por ejemplo.Ahí la gente paga $10 o $15 dólares semanales por agua de pipa para llenar barriles y tener el vital líquido. $60 al mes por agua. Saquen la cuenta. Esa es la verdadera cadena de valor de la hablan: la del barril.

El país está en crisis hídrica, y la crisis crece año tras año por la forma en que se gestiona el recurso. La propia ANDA lo confirma: pierde el 60% del agua que extrae. es agua que no factura, y que no llega al ciudadano, que se va entre el punto de origen y el chorro de cada vivienda. No es eficiencia que seis de cada diez gotas se pierden en el camino. Eso no es eficiencia ,si sucediera así con los Kw/ hora de las distrbuidoras eléctricas ,¡Ya hubieran quebrado!.

El derrame que sí existe
El día a día no sale en los noticieros ni en los programas de opinión. Cuando el agua llega, llega sin presión,cae a cuenta gotas, llega a medianoche y se va a las tres de la mañana.En una colonia de Apopa de 40 pasajes, en la entrada hay una fuga que lleva meses, pasan los meses ,el agua corre día y noche frente a todos. No la reparan desde la autónoma. En otro pasaje, otra fuga no atendida,el agua corre por la cuneta que se hunde, mientras al interior de los pasajes no hay agua para bañarse.

Ese es el verdadero derrame económico del que deberían hablar.Porque el agua tiene su costo y valor.Hay escasez en el abastecimiento, estamos avanzando a una crisis hídrica que ya es estrés hídrico. El país ya está en rojo,pero muy poco se habla de ello.¿Se acuerdan? cuando en plena pandemia del Covid, cuando el segundo o tercer presidente de ANDA puesto por este gobierno, un arquitecto que de agua sabía muy poco y de propaganda mucho, anunció con bombos que abriría y reactivaría 11 pozos para resolver el desabastecimiento en el Gran San Salvador. Pasaron los años. Nunca informaron dónde se abrieron esos pozos. La poca información que se filtró fue que eran pozos inhabilitados por grave contaminación, que costaría mucho más descontaminarlos para volverlos potables. ¡Vaya, cabeza técnica!.

ANDA: administrar el agua no es administrar plazas políticas
La Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) debería organizar su trabajo alrededor de una pregunta elemental: ¿cómo garantizamos que el agua llegue en el tiempo desde la fuente hasta cada hogar, en condiciones adecuadas y a un costo razonable?

Para responderla hace falta una estrategia integral. Proteger cuencas y zonas de recarga hídrica, prevenir la contaminación, rehabilitar pozos, modernizar las redes, detectar fugas, mejorar la distribución y anticipar los efectos del estrés hídrico. No son tareas independientes, sino partes de un mismo sistema. Si una falla, las demás terminan pagando la factura.La institución rectora del agua adolece de lo elemental: no tiene un plan estratégico (por lo menos público)que atienda y entienda la verdadera lógica servicio con enfoque integral [ desde la fuente hasta el chorro]. No protege cuencas, no tiene planes propios ni coordinados para proteger fuentes.

En estos tiempos de la automatización tiene más personal de servicio y asistente administrativo , ayudantes de asistentes ,etc. que: ingenieros ,personal técnico para estudios o de campo para reparaciones. Así se manejan las instituciones,como un aparato lleno de personal para actividades secundarias. Todo el mundo sabe que ANDA como otras autónomas y Ministerios es una institución que recibe a los allegados políticos, <<donde se le busca una plaza al recomendado>>, al primo del diputado, al activista del partido. Y por eso hay más personal administrativo que técnicos y colaboradores de campo, que es justamente donde debería apuntar la estrategia.

La institución estatal del servicio de agua y alcantarillados no puede seguir funcionando como sala de espera para los allegados del poder.Su misión es atender, peticiones , quejas y reclamos de la población usuaria para resolver sus necesidades,pero esta actividad se realiza al revés ;hay todo un pabellón de empleados en call center 24/7 y solo una cuadrilla de 5 ó 6 para ir a reparar donde se necesita.

El derecho humano al agua termina donde empieza la tubería vacía
El Derecho Humano al Agua (DHA) no debería ser un eslogan ni una promesa que reaparece cada elección. Es una necesidad básica y una obligación pública. Sin agua suficiente y segura, la higiene se vuelve un problema, cocinar exige planificación y recursos ,hasta las tareas más sencillas se convierten en problema económico y de salud con el tiempo.

Pensemos en lo que significa esa cifra para un hogar que ya lucha por pagar alimentos, transporte, energía eléctrica y alquiler. El agua no es un lujo que pueda aplazarse hasta la próxima quincena. Pero, cuando el servicio público falla, la familia termina pagando dos veces: primero mediante sus obligaciones y después comprando por su cuenta el recurso que no recibió.El derecho existe en el papel. La necesidad existe en la casa. Lo que falta es que ambos se encuentren en el chorro.

El Salvador puede atraer turistas, organizar competencias internacionales y anunciar expectativas de crecimiento. Nada de eso es incompatible con invertir en servicios básicos. La verdadera contradicción aparece cuando el espectáculo recibe atención y recursos, mientras las necesidades esenciales se administran como si fueran asuntos secundarios.

No se trata de estar contra el turismo ni de negar cualquier avance económico. Se trata de recordar que el desarrollo no puede medirse solo desde los hoteles, las estadísticas o las pantallas. También debe medirse desde la cocina de una familia que no sabe si mañana tendrá agua para preparar los alimentos.

Se acercan las elecciones: ¿quién va a hablar del agua?

Con cada ciclo electoral regresan las promesas, los recorridos, las consignas y las campañas cuidadosamente diseñadas. Los candidatos hablan de seguridad, inversión, modernización y futuro. Pero ¿cuántos pondrán sobre la mesa un plan hídrico con metas concretas, costos publicados, plazos verificables y responsables identificables?

Y no basta con decir que el país avanza. Hay que preguntar quién avanza, quién se queda atrás y quién sigue pagando de su bolsillo por un derecho que debería estar garantizado.La crisis no puede explicarse únicamente con la falta de lluvia o con la idea de que el país tiene pocos recursos. También hay que mirar cómo se administra el agua disponible.

Según las cifras atribuidas a ANDA que deben verificarse en sus informes oficiales más recientes, la institución pierde cerca del 60% del agua que extrae antes de que llegue al usuario o sea facturada. Si el dato se confirma y corresponde al indicador citado, estamos ante una señal alarmante: una parte enorme del recurso se pierde en el camino, mientras miles de personas esperan que salga por sus grifos.

No se trata solamente de extraer más agua. Se trata de proteger las fuentes, reparar las redes, reducir las fugas, mantener los pozos, planificar la demanda y garantizar que el servicio funcione de manera continua. De poco sirve llenar un depósito si las tuberías que deberían distribuir su contenido parecen un colador.

La crisis hídrica no empieza cuando se seca el grifo
Cada fuga ignorada es algo más que una avería. Es agua que no llega, dinero que se pierde y confianza pública que se deteriora. Y cuando la respuesta tarda meses, la ciudadanía termina preguntándose si el problema es la falta de capacidad, la falta de planificación o la falta de voluntad.

El país enfrenta un problema que va más allá de las interrupciones del servicio. El estrés hídrico, la presión sobre las fuentes, la degradación de las cuencas y las pérdidas en las redes exigen planificación de largo plazo. No basta con reaccionar cuando las comunidades protestan o cuando las quejas consiguen abrirse paso hasta las noticias.

Hace falta saber cuánta agua tenemos, cuánta se extrae, cuánta se pierde, qué fuentes están amenazadas y cómo se garantizará el abastecimiento dentro de diez, quince o veinte años. También hacen falta metas públicas, presupuestos transparentes y evaluaciones periódicas que permitan distinguir una obra real de una promesa reciclada.

Sin embargo, el agua rara vez ocupa el centro del debate político con la urgencia que merece. Es menos vistoso anunciar la reparación de una tubería que inaugurar un escenario. Una red renovada no suele producir fotografías espectaculares; un festival internacional, sí. Pero una fotografía no llena un barril, y una ceremonia tampoco repara una fuga.La política pública se mide precisamente en esas tareas poco glamorosas que cambian la vida de la gente.
Los otros olvidados, de esta problemática son los 2300 sistemas de agua rurales , los que en un 64% funcionan con bombeo eléctrico .Estos funcionan andministrados por juntas de agua y ADESCOS, las cuales con el alto costo de la energia eléctrica , estan ahogados económicamente, pues están absorbiendo el costo energético para no afectar el golpeado bolsillo de los usuarios del servicio.

El agua no puede seguir esperando a que pase la campaña. La vida tampoco.

Las elecciones se acercan. Los discursos ya están afinándose y las cifras de crecimiento comienzan a desfilar. Pero en miles de hogares, la pregunta sigue siendo mucho más sencilla que cualquier consigna electoral: ¿cuándo va a llegar el agua?
Porque un país no demuestra que ha cambiado cuando lo proclama desde una tarima. Se paga con gestión, transparencia y resultados.Un tema tan delicado para la vida no es prioridad de políticos ni de programas estatales. Mientras tanto, hay que esperar a que llueva y que la gente tenga un recipiente para acopiarla y luego ver cómo la utiliza.

En pleno siglo XXI, el agua y su derecho están muy lejos de ser realidad. Vienen elecciones, anuncian crecimiento, desfilan eventos , conciertos y modelos, pero el chorro sigue seco.