JORNADAS LABORALES DE ONCE HORAS, UNA POLÉMICA CON MUCHO SILENCIO.
Por: Róger Hernán Gutiérrez. *
Es una reforma absurda que permitiría trabajar hasta 11 horas diarias a cambio de más “días de descanso”, parecería que todavía nos chupamos el dedo—sin ofender a los niños y niñas que lo hace por razones del crecimiento. La propuesta ha generado polémica—qué bien— por sus claros efectos nocivos sobre los derechos laborales, cuáles, primero las horas de trabajo son 8, de acuerdo a la Cn. y código de trabajo art.8 ordinal 6°y art.161 CT; y este número de horas ha sido sustentado desde 1886 con la lucha de los mártires de Chicago, y desde ese tiempo la lógica laboral que se impuso tenía a la base que las altas jornadas de más de 16 horas, el trabajo sin derechos y las labores para los menores y mujeres violentaba el derecho a la vida, la familia, y los derechos humanos de las personas trabajadoras en general.
Todo esto a lo largo de siglos ha venido en lucha constante por más derechos y reformas laborales que garanticen los derechos humanos y, hagan de la persona trabajadora un ser humano que vive y trabaja para satisfacer sus condiciones materiales de existencia sin ninguna restricción, sin riesgos a su salud, con el salario que le permita una vida digna y decente, con protección social suficiente y con la seguridad para desarrollar su trabajo en las mejores condiciones posibles. En tanto por la otra parte la patronal su finalidad es la ganancia, la acumulación de dinero que le permita una vida egoísta, sin austeridad, nada solidaria para con el resto de las personas en una sociedad determinada; lo que le condiciona a abusar e imponer arbitrariedades, lo que despoja la relación laboral de condiciones humanas, generándose la injusticia socio-laboral.
No obstante esta premisa, hay fuertes oleajes con intereses mezquinos y desproporcionados a la realidad que viven las personas trabajadoras de quienes detentan el poder político, económico y social; una reforma laboral injusta que busca establecer horarios para determinadas actividades del sector privado, principalmente aquellas que requieren operaciones continuas, aquellas actividades continuadas como son los ingresos, gastos, activos y pasivos que una empresa mantiene en su funcionamiento habitual y que planea conservar a futuro, a diferencia de las operaciones discontinuadas (aquellas líneas de negocio o áreas que se han vendido, cerrado o separado). En ese sentido se desconocen las razones que el sector privado sustenta para hacer tales cambios en las horas de trabajo y hablan de que sea selectiva, para determinadas empresas con ciertas actividades económicas. Y parecer ser una propuesta que no pretende sustituir la jornada tradicional de ocho horas, sino establecer una modalidad diferente para actividades que cumplan determinados requisitos, apartado que desconocemos las razones que la sustentan.
Esta situación oscura no abona en lo que se propone por la parte del gobierno y empresas interesadas; la reforma se desconoce lo que busca y a quienes está dirigido y se escucha de actividades privadas que necesitan mantener operaciones durante períodos prolongados o de manera ininterrumpida. Entre los sectores contemplados podrían encontrarse la industria, la manufactura y determinados servicios corporativos que operan en diferentes zonas horarias; sin embargo, se desconoce a ciencia cierta, cuáles serían poniendo a todos en guardia y atentos a las imposiciones que han sido tradición en el país. Algunas podrían descartarse, y excluir talvez a las instituciones públicas, actividades agrícolas, agropecuarias y de
construcción, pero qué de aplicarse a trabajos considerados pesados, peligrosos o insalubres, no se dice nada al respecto, y la maquila de confección textil parece estar en la lista sin excluirse claramente.
Uno de los puntos más relevantes de la reforma que pretende imponerse, está relacionado con la remuneración, pero no se habla nada en tanto lo que se pretende es una mayor explotación ante la no discontinuidad del trabajo que se quiere, el salario mínimo está bajo y no compensa en nada el costo de vida, y no se habla de cambios para quienes lo habrán de sufrir. Ni se habla de pequeños cambios como pausas en el trabajo y el tiempo de almuerzo mayor a los 40 minutos que se dan, que deberían aumentarse y fijarse para evitar el estrés laboral que una jornada de 11 horas provocaría. Tampoco se dice si habrán de implementarse medidas para prevenir la fatiga laboral, realizar evaluaciones de salud ocupacional y facilitar transporte cuando los horarios no coincidan con la disponibilidad del servicio público o por el simple hecho del pésimo servicio de transporte que se tiene.
La situación estaría incrementando la posibilidad de realizar trabajo extraordinario durante parte de ese período de descanso, en tanto no se tendrían durante el horario de 11 horas, por tanto, no descansarían los tres días, que es supuestamente lo más compensatorio de lo que se anuncia, y habría que aclarar cuestiones como un máximo de horas extras semanales y un descanso suficiente garantizado después de completar la jornada semanal. Finalmente, no se dice nada, se habrá abortado la descabellada idea o simplemente es una estrategia para ganar en la sorpresa a la que nos tienen bien acostumbrados.
*Sindicalista salñvadoreño.
