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¿Imparcialidad?

Por: José Meléndez.

La Inquisición medieval se recuerda como una época de oscurantismo en la que varios científicos, médicos y pensadores fueron perseguidos, censurados o condenados por el Tribunal de la Inquisición debido a sus ideas filosóficas, astronómicas o médicas que desafiaban el dogma religioso. De manera similar, algunos presentadores de los medios de comunicación afines al gobierno, asumen un rol de jueces portadores de la verdad absoluta al criticar de manera irracional a políticos opositores; aunque juran ser imparciales mirando al techo.

En política, la imparcialidad absoluta es una ilusión. Cada decisión, ley o discurso refleja una visión particular del mundo, con valores y prioridades que favorecen a ciertos sectores. La ideología orienta las acciones, ya que cada actor político defiende su propio modelo de sociedad. Además, los intereses materiales y personales influyen en estas posturas. Finalmente, la realidad demuestra que la asignación de recursos públicos nunca es neutra y que algunos medios de comunicación se benefician de ello.

Consideremos los siguientes hechos. En El Salvador algunos programas de debate político suelen declararse imparciales y advierten que las declaraciones son responsabilidad exclusiva de los participantes. Sin embargo, las preguntas dirigidas a los panelistas obedecen a una agenda preconcebida que se aplica a los opositores, con la intención de que el invitado exponga argumentos que ventilen las intenciones o los movimientos tácticos del partido que representa y responda preguntas capciosas para situarlo en una posición incómoda ante las cámaras.

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Algunas de tantas entrevistas matutinas, vía TV, se caracterizan por la armonía entre los analistas participantes, en la que el discurso consiste en decir lo que el otro quiere escuchar. No existe contradicción, planes o propuestas para mejorar las condiciones de vida de la gente de a pie. El enfoque de la discusión es lanzar una lluvia de críticas infundadas contra la oposición política. La imparcialidad política que se atribuyen estos grupos de comunicadores en sus medios, es un membrete pomposo de publicidad.

En resumen, optar por desconocimiento, a la imparcialidad o la neutralidad en política suele jugar a favor de quienes ya ostentan el poder pues permite que las injusticias y desigualdades sigan su curso sin resistencia; pero quienes eligen la imparcialidad por conveniencia, dos cosas lo explican: Su partido no vale nada o el hombre no vale nada.