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EL SALVADOR: El día después del miedo: ¿Cómo volvemos a la normalidad?

Por: Miguel A. Saavedra.

Petición ciudadana de «Seguridad con Derechos». No queremos que vuelvan los criminales. Queremos que regrese la normalidad,

Hay algo que debemos reconocer antes de comenzar esta conversación: la seguridad, sí importa. Quien ha vivido los años oscuros de la violencia, las extorsiones y el terror sabe por qué el miedo resurge ante la mínima sospecha de que el estado de excepción pueda levantarse algún día.

Ese temor es profundamente legítimo y merece todo nuestro respeto.Pero se están aprovechando del dolor lanzando campañas masivas para infundir miedo y evitar opiniones de otros inocentes afectados.

Pero precisamente porque anhelamos una seguridad real y duradera, tenemos el derecho y la responsabilidad de hacernos una pregunta crucial:

¿Cómo logramos que esa paz se sostenga en el tiempo cuando el régimen de excepción deje de ser necesario?

El pequeño «contra-chip» mental.
Una medida excepcional no significa que la regla desaparezca para siempre y en este caso no se apliquen reglamentos y leyes especiales que ya existen para combatir la delincuencia .Además que la gente perdió el miedo de colaborar en detección y movimientos de personas en ilícitos.

Pensemos en algo cotidiano. En la escuela existe un uniforme, pero llega el Día del Alumno y se permite vestir de manera diferente. Todos lo entendemos: es una excepción porque tiene un motivo, un momento y un final lógico. Nadie asume que, por un día sin uniforme, la regla de vestimenta sea ya no usar  uniforme después.

Lo mismo ocurre en una familia que atraviesa una crisis económica: el ingreso cae y se ajustan los gastos de forma temporal.
Y hay que reducir un timpo de comida y por la mañana solo habrá café y pan… Pero si el problema se supera y los días o meses siguientes  pasan igual, la pregunta natural surge: ¿Por qué seguir en la misma emergencia, si ya no estamos en las mismas condiciones, porqué sacrificar a la familia?

El contra-chip no busca dictarte qué pensar, sino ayudarte a recuperar preguntas sencillas y esenciales:

 ¿Cuál fue la emergencia original que justificó la excepción?

2. ¿Sigue existiendo exactamente esa misma emergencia hoy?

3. ¿Qué indicadores concretos tendrían que cumplirse para que la excepción termine?

4. ¿Quién ejerce el control efectivo sobre la autoridad que aplica la excepción?

5. Si la medida funciona, ¿qué estamos haciendo para trasladar esos resultados a las instituciones ordinarias?

6. ¿Es posible defender la seguridad sin convertir la excepción en nuestra forma de vida permanente?

7. ¿Cuestionar una herramienta del Estado significa desear el regreso de los delincuentes? es el falso argumento que le presentan la propaganda oficial y sus opinadores a la gente cda día y semana :La respuesta a la última pregunta es un rotundo NO.

Podemos exigir que los criminales paguen por sus actos y delitos, al mismo tiempo, exigir que los inocentes recuperen su libertad.
También aplaudir el combate frontal al delito y, al mismo tiempo, exigir que la Policía, la Fiscalía y los tribunales funcionen con pleno apego a la ley.¡queremos las leyes y las instituciones funcionen¡ y se rescate su credibilidad.

Podemos y debemos apoyar la seguridad y defender el derecho sagrado de cualquier ciudadano a opinar distinto sin temor a represalias.

Una cosa no debería obligarnos a renunciar a la otra. Y quizás la disyuntiva correcta no sea «¿Quieres que regresen los malos?», sino:

«¿Qué estamos haciendo hoy para asegurar que nunca regresen, mientras recuperamos nuestra normalidad institucional?»

 Manifiesto ciudadano: Por la seguridad y el retorno a la legalidad

Ante cada prórroga de una medida extraordinaria, cualquier
ciudadano independientemente de su postura tiene derecho a exigir un estándar mínimo de rendición de cuentas:

1.Justificación transparente: Que toda prórroga explique públicamente las razones técnicas y fácticas que la motivan.

2.Cifras claras: Publicación periódica de datos verificables sobre detenidos, procesados, condenados y personas que recuperan su libertad.Existen familias con 4 años sin saber si su familiar vive o no ,pero les exigen la entrega del paquete penitenciario.

3.Control de excarcelaciones: Informar con precisión cuántas personas han sido liberadas por falta de pruebas, sobreseimiento u otras causas legales.

4.Garantía contra abusos: Canales efectivos, transparentes e independientes para investigar y sancionar posibles excesos de autoridad.

5.Protección a la libertad de expresión: Que ninguna voz sea perseguida por motivos políticos, periodísticos, académicos o religiosos, delimitando claramente la crítica legítima del delito.

6.Fortalecimiento institucional: Inversión progresiva y medible en la capacidad operativa de la justicia y la seguridad ordinaria.

7. Indicadores de salida: Publicación de métricas objetivas que definan cuándo las condiciones permiten relajar o concluir las medidas extraordinarias.

8. Ruta de transición: Que cada decreto de prórroga detalle las acciones dirigidas a restaurar la normalidad institucional.

9. Seguridad como política de Estado: Garantizar la protección ciudadana como un objetivo permanente, no como un pretexto para eternizar la excepción.

10.Derecho a disentir: Reconocer y respetar el derecho de las minorías y mayorías a formular preguntas y cuestionar las decisiones del poder.

Estas exigencias no buscan el regreso de la criminalidad; buscan que la seguridad se convierta en una conquista institucional y no en una dependencia perpetua de la crisis.

Porque la verdadera fortaleza de una nación no se mide por cuánto tiempo es capaz de gobernar bajo emergencia, sino por su habilidad para construir instituciones sólidas que le permitan superarla.

No queremos volver al país del miedo. Queremos un país seguro, con justicia imparcial, instituciones fuertes y ciudadanos libres para pensar y preguntar.

Y ese, al final del día, es el mejor contra-chip: dejar de pensar al revés para empezar a pensar por nosotros mismos.