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Reseña del libro: FINAL DE PARTIDA.

POR JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.

Peter Turchin, científico ruso-estadounidense, publicó en español en enero de 2024 su libro Final de partida: élites, contraélites y el camino a la desintegración política. Turchin aplica modelos matemáticos a la historia para explicar el auge y la caída de sociedades. Es jefe de proyectos en el Centro de Ciencias de la Complejidad en Viena y profesor de ecología y biología evolutiva en la Universidad de Connecticut. Para estudiar la evolución social recurre a la macro-sociología histórica, la historia económica, la cliometría, la modelación matemática de procesos sociales a largo plazo y al análisis de enormes bases de datos históricos.

Comenzó su carrera como ecólogo, investigando la dinámica poblacional de escarabajos, mariposas, ratones y ciervos. Observó ciclos de auge y caída en poblaciones animales y extendió esa perspectiva a las sociedades humanas. Junto a la musa de la historia, Clío, estudia los ciclos de integración y desintegración política. Mediante la cliodinámica —disciplina que combina historia, matemática y biología evolutiva— Turchin analiza por qué colapsan las sociedades complejas.

El libro examina el tránsito de la estabilidad a la crisis y, en último término, a la desintegración. La cliodinámica aplica modelos cuantitativos y teorías de sistemas históricos para identificar patrones recurrentes y mecanismos causales detrás de los colapsos políticos y sociales. Según Turchin, las sociedades oscilan entre una fase integrativa —cuando la riqueza se distribuye con mayor amplitud y el número de aspirantes a élite se aproxima a los puestos disponibles— y una fase desintegrativa, caracterizada por el colapso de la cohesión social y una polarización ideológica extrema. Estos ciclos suelen abarcar alrededor de cien años de integración seguidos por cien de desintegración.

Las sociedades tienden a colapsar por causas estructurales medibles. Dos conceptos centrales de la cliodinámica son la “bomba de riqueza” —la concentración de recursos en una minoría acompañada por el empobrecimiento de la mayoría— y la sobre producción de élites” —la existencia de más aspirantes a posiciones de poder y prestigio que puestos disponibles—. La desigualdad hace que la prosperidad fluya desproporcionadamente hacia la cima, intensificando la competencia por ascender socialmente.

Turchin subraya que la estabilidad depende de cómo se distribuye la riqueza. Cuando se acumulan ciertos factores, las sociedades entran en fases de inestabilidad política. Tres elementos claves son la sobre producción de élites, el empobrecimiento de la mayoría y el debilitamiento del Estado. Cada sociedad tiende a generar más aspirantes a puestos de élite que plazas efectivas; dado que los puestos de poder son limitados y crecen poco, surge una masa creciente de aspirantes frustrados. Al comprobar que no hay espacio para todos, estos grupos pueden transformarse en contraélites con capacidad organizativa y capital cultural para liderar movimientos de protesta, movilizando el descontento de las clases trabajadoras contra el orden establecido.

Un Estado fragmentado afronta tres presiones simultáneas: caída de ingresos fiscales frente al aumento del gasto, pérdida de confianza de la población en las instituciones y ruptura de la cooperación entre élites, que desemboca en luchas internas. El ciclo histórico se repite: crecimiento y estabilidad, aumento de la desigualdad, conflicto entre élites y, finalmente, crisis o colapso. Antes de los colapsos suele advertirse un periodo prolongado —entre 40 y 50 años— de “bomba de riqueza”. Cuatro indicadores permiten anticipar el riesgo: desigualdad, sobre producción de élites, deuda pública y pérdida de legitimidad. La concentración extrema de riqueza, el exceso de aspirantes a élite y la rivalidad intensa incrementan la probabilidad de violencia política y desintegración institucional.

Algunas sociedades han evitado el desastre mediante reformas radicales y redistribución del poder: reduciendo la desigualdad, limitando la concentración patrimonial y fortaleciendo instituciones, han logrado frenar la sobre producción de élites y recuperar estabilidad.

Turchin sitúa a Estados Unidos en un periodo integrativo entre 1940 y 1970 y en una fase desintegrativa entre 1970 y 2030. El autor sostiene que aún hay tiempo para reformas en las que las élites cedan privilegios voluntariamente; pero advierte que la ventana se cierra en 2030 y que, sin cambios, podrían seguir décadas de violencia política.

Aplicados al gobierno de Nayib Bukele, los dos motores de crisis muestran matices. En cuanto a la pauperización de las masas, las políticas públicas —reducción de la violencia de pandillas, entrega de paquetes alimentarios, control de precios energéticos— han mejorado el bienestar y mitigado parte de la desigualdad, pero los salarios siguen estancados, por lo que no se ataca la raíz de la “bomba de riqueza”. Respecto a la sobre producción de élites, la reducción de contrapesos institucionales y la exclusión de actores tradicionales —académicos, periodistas, opositores políticos y sectores empresariales— pueden generar focos de resistencia. La marginalización de élites facilita la polarización y la desestabilización.

Bukele concentra poder al desplazar a élites tradicionales; su imagen de líder providencial y popular podría erosionarse si falla la economía. Si la “bomba de riqueza” no se neutraliza, El Salvador corre el riesgo de entrar en un ciclo de desintegración política. El estilo centralizador del mandatario aumenta la probabilidad de surgimiento de contraélites y, con ello, de crisis políticas en el futuro.