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Cuento Corto: La Última Flor de Otoño.

Por: Landon Elizarrarás Rivera.

La primera flor de invierno

Era una mañana fría, en un poblado de la montaña otomí, en el Estado de México, Deni, estaba encendiendo el fogón, en el cuarto de humo, para elaborar las tortillas de aquel día, su padre José Miguel, era el líder comunitario, se levantó rápidamente, pues debía encontrarse con un grupo de campesinos, para escardar su tierra. Jacinto, el más joven de ellos lo inquietó ¡José Miguel! has encontrado ya prometido para tu hija ¡No! aún no, pero, espero que, en la celebración de nuestra fiesta patronal, a San Esteban, pueda conseguir alguno; caminando, con cierta rapidez, llegaron a la parcela para iniciar sus trabajos.

Llegando el medio día, se dispusieron a almorzar tortillas con quelites, salsa, frijoles y un buen sorbo de pulque, adquiriendo nuevas fortalezas para seguir en su labor. Cuando llegada la noche, muy preocupado pensaba para sí mismo – el pueblo me ve de forma muy escandalosa porque no he podido desposar a mi hija, quizá por el mal de su pie y nuestra creencia de que ella pueda heredar este mal a sus hijos- por eso, nadie se siente obligado, ni dispuesto, a pedirme la mano de ella.

Después de mucho tiempo, logró dormir, así pasaron muchos días, hasta la llegada de octubre, para la gran celebración. Llevó a su hija a la plaza principal, le permitió pasearse bebiendo un raspado, pero visible con su caminar aquel defecto congénito, a pesar de la belleza de su rostro. Deni, era la más triste, porque sabía de la aflicción de su padre por no poderla desposar como a cualquier chica casadera de su grupo social, honrando la tradición, por eso, lloraba sin ser vista largos y prolongados momentos.

La mañana del domingo, primero del mes de enero, acompañaba a su padre al centro de la localidad, para adquirir maquinaria agrícola, mientras él trataba el asunto con el responsable de la tienda, un grupo de cinco hombres, provenientes de Tlaxcala, que se encontraban buscando mujeres jóvenes para comprarlas y tratarlas sexualmente, rondaban por aquel lugar.

Uno de ellos, cuyo nombre era Víctor, mejor conocido entre su cartel como “el negro” quedó admirado por el bello rostro de Deni, inmediatamente, se acercó a ella suponiéndola sola, y le preguntó ¿Puedo acompañarte? En el acto, la chica de tan solo 15 años corrió al lado de su padre, este, al observar al hombre, se le acercó para preguntar qué ocurría, aquel le dijo, señor qué bella hija tiene, me permitiría visitarla, soy un hombre de negocios y busco una esposa para mí, ella es muy hermosa y me gustaría pedirle su mano, no importa el costo que tenga que pagar, al momento, aquel padre, quedó sorprendido, no esperaba nunca que aquello pudiese ocurrir no obstante, que realmente lo deseaba; al momento, pidió al hombre que lo acompañara hasta su localidad y, poder conversar al respecto, tomando unos tragos.

El negro, aceptó al instante la invitación, señalando a José Miguel, “viene mi hermano conmigo” ¿puede el acompañarnos?… sí, sí, no hay problema, partieron con rumbo aquel hogar, y en la mente distorsionada de Víctor, ya se maquinaba las ganancias que iba a obtener prostituyendo a Deni, se frotaba las manos en señal de Victoria, e inclusive, hacía cuentas mentales pensando cuánto podría dar al padre de la chica para poder llevársela.

Se sentaron en la mesa, José Miguel saco 3 vasos y sirvió pulque …mis intenciones, ya usted la sabe, dígame, ¿qué precio tengo que pagar por llevar conmigo a su hermosa hija?, José Miguel quedó sin palabras y solo balbuceo, deseo $20,000 pesos, y una tonelada de forraje para mis vacas.

Víctor, carcajeo un poco, hoy por la tarde tendrás lo que pides, y salió rápidamente en compañía de su “hermano”. Eran casi las 8 de la noche de aquel mismo día, cuándo tocaron a la puerta, era el Negro, con dos tipos más, ¡vengo por su hija!, dile que se prepare, mis hombres están vaciando el forraje en su granero, aquí está el dinero, ¡muchas gracias!

Deni, un poco ausente de este trato, escuchó a su padre decir que se iba con ese hombre, que le deseaba mucha felicidad y, nostálgico señalo, ¡dame pronto nietos!, entrecortada esa expresión, se arrojó pausadamente a sus brazos, dándole un beso en la mejilla ¡Papá, no quiero irme, pero es tu voluntad!, terminó de arreglar sus cosas y subió a la camioneta que la llevaría a Tlaxcala.

A lo lejos, Yaca, única amiga de Deni, una perrita criolla, que los últimos 5 años había estado con ella, se vio claramente triste, saltaba alocadamente, previendo lo que iba a ocurrir, nadie se dio cuenta, porque quizá, a nadie le interesaba, sobre todo, cuando corrió detrás de la camioneta, sólo se supo que la noble mascota desapareció.

La segunda flor de primavera

Al amanecer, del segundo día, después de que Deni saliera de su casa, llegó con aquellos hombres a un poblado de Tlaxcala, famoso, por la trata de blancas; no había comido nada, estaba hambrienta y meditabunda para sí misma, cuan feliz sería con aquel hombre que la había comprado, éste le dijo: ¡baja rápidamente de la troca!, jaloneándola violentamente; ella le preguntó ¿qué pasa? su respuesta, un par de golpes en el rostro; sangrando, es metida en aquella propiedad, particularmente, a una gran habitación, donde se encontraban al menos otras 20 chicas, ¡tu vida va a cambiar!, le dijo el Negro. ¡Marta, Alicia!, ayúdenla a cambiarse, va a iniciar a trabajar; aquellas mujeres, inmediatamente, la despojaron de sus prendas, la metieron a una regadera y la bañaron con agua fría, sin dejarla secarse, fue vestida, peinada y maquillada, para iniciar su trabajo como prostituta, era una virgen, tenía más valor en el medio; aquellas mujeres, le dijeron, ¡niña!, desde hoy, serás “Carmesí”,

ese día, fue ultrajada, por al menos cinco hombres, su cuerpo estaba destrozado, no tenía descanso, ni unas cuantas horas; desconoció el lugar donde estaba, no supo cuántas manos la tocaron, tampoco cuánto dinero produjo para aquel el grupo de delincuentes.

Un día, domingo de abril, en plena celebración de la candelaria, un grupo de 20 hombres irrumpieron con violencia en aquella casa, asesinando, al menos a 10 mujeres, también, cayeron 5 o 6 sicarios. Carmesí, parecía haber huido, pero dos calles adelante, fue capturada por aquel grupo enemigo. “Mira” dijo el Tacho, líder de la banda, ¡que flor tan hermosa”, llevémosla con nosotros nos producirá buen dinero.

La tercera flor de verano

La flor había dejado sus pétalos, su invierno y una amarga primavera se vislumbraba en su vida, pasó de la trata sexual, a la servidumbre casi esclavista, se convirtió en la mujer principal de Tacho; prepara la comida, aseaba la casa donde se encontraba. Pasaron, poco más de 6 meses, hasta que una mañana, preparando los alimentos, escuchó unos ladridos, que le parecieron conocidos y, por el resquicio de un viejo ventanal, pudo ver una pequeña figura a la distancia, que saltaba y ladraba en muy mal estado, desnutrida y sucia, pero pudo identificarla

¡Es Yaca, sí, es Yaca!, mi fiel amiga!

Los vecinos de aquel lugar, decían, que aquella perrita, rondaba las casas donde vivió Deni, desde hacía más de un año, comiendo poco, velando día y noche, en la espera de la libertad de su ama.

Deni, no sabía qué hacer, se encontraba feliz, pero también preocupada, pensando, gracias Dios mío, ha llegado mi salvación, así pasaron por lo menos otros tres días, hasta que la mañana de un lunes, una de las matronas, de nombre Toña, con rasgos faciales extremadamente toscos y una voz que amedrentaba a cualquiera, levantó violentamente a Deni, ¡muchacha, muchacha ponte de pie, me acompañarás al mercado, no intentes nada!, señalando un arma de fuego que traía en la cintura o, ¡tendré que dispararte!

Rápidamente Deni se arregló para acompañar a la mujer; mientras tanto, en una esquina y, de reojo, al caminar hacia el mercado, pudo notar la compañía de Yaca, que como si fuese un ángel, no ladró, ni siquiera se acercó demasiado, solamente le seguía a cierta distancia… ¡Lorenzo, quiero un kilo de bistec! ¡Apúrate! y tú, ¡chamaca, abre la bolsa! ¡no es posible que seas tan lenta!, grito esa ruda mujer, quién la tomó por el cabello y la jaló con destino a la casa; en el acto, Yaca, al ver a su dueña maltratada, se arrojó encima de Toña, haciéndola caer y mordisqueando su brazo izquierdo, al lograr voltearse, la mujer, sacó el arma de fuego para dispararle, Deni, trato de impedirlo, golpeándole la mano, no obstante, el arma fue detonada un par de ocasiones hacia ella, la noble Yaca, se arrojó nuevamente contra la delincuente, impidiendo que las balas pegaran a Deni; inexplicablemente, pudieron las dos, escapar

corriendo con rapidez por las calles llegando a un prado enorme; de repente, el noble animalito cayó al pasto gravemente herida, una de las balas había atravesado su pecho y ahí mismo murió; por fortuna una oficial de policía de género, se encontraba vigilando las inmediaciones de aquel parque, acercándose a Deni y, apoyándola en todo momento, quedando impactada por la sencillez de la muchacha, hasta llegar a convertirse en su mejor nueva amiga, motivándola a denunciar e inclusive utilizar su experiencia en beneficio de otras mujeres en situación parecida a la sufrida por ella.

La última flor de otoño

Con la muerte de su amada perrita, Deni, lloro inconsolable, cavando en el prado una tumba con sus propias manos para dar descanso y, colocando encima de su tumba una flor silvestre de ese lugar, prometiendo entregar una cada otoño, en honor a quién dio su vida por salvarla.

El corazón de Deni, seguía lleno de coraje e impotencia. Ahora, era libre, libre, terminó yéndose hacia la ciudad y, con el apoyo siempre incondicional de la oficial de policía, se dedicó a estudiar, hasta convertirse en una brillante abogada, dedicada a proteger la vida de jóvenes indígenas, para no ser violentados por ninguna circunstancia; fue, además, una importante vocera, que, salía cada 25 de noviembre a gritarle al mundo ¡cero, violencia contra la mujer!, llevando, en cada pancarta la imagen de su fiel amiga Yaca, no la olvidaría nunca

Los años pasaron y la promesa que un día hizo, al pie del sepulcro, entregando, con su piel arrugada y, cabello encanecido, la última flor de otoño a su amada ángel, quién, al percibir la presencia de Deni, hizo voltear su rostro y, le miro frente a frente, por fin estaban juntas, ahora sí, para toda la eternidad.