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El efecto dominó de la desconfianza: ¿Qué pasa realmente con CREDICASH en Chalatenango?

Por: Miguel A. Saavedra.

El caso que hoy moviliza a los chalatecos no es un hecho aislado: es la punta de un iceberg que refleja años de vulnerabilidad financiera y desprotección ciudadana. La pérdida de capital en Credicash ha encendido alarmas y, más que señalar culpables, ha generado un fenómeno social inesperado: miles de personas reclamando lo que legítimamente les pertenece.

Chalatenango ya venía herido. Hace dos años tuvo dos sedes de COSAVI (la cooperativa Santa Victoria que desfalcaron por unos $35 millones). Ahora esto. El departamento es uno de los que más remesas recibe del exterior. Muchos depositaron ahorros familiares, excedentes de pequeños negocios o esas remesas que llegan con esfuerzo desde la diáspora. Miles de personas afectadas, mienras  que la fisclía de la república reporta que ya hay denuncias formales , y en las redes sociales se informa sobre una movilización de casi un millar de personas en las calles.

Lo de Chalatenango no es solo una noticia financiera; es un síntoma de un sistema que está empezando a toser sangre. Tras el terremoto de COSAVI, el caso de Credicash ha caído como un balde de agua fría (o más bien de ácido) en uno de los departamentos que más depende del esfuerzo de la diáspora. Imagina esto: un empresario local exitoso, dueño de una flota de buses (Imperio Yajaira o Transportes Yajaira, según las versiones), con cientos de vehículos y presencia en varios negocios.

De repente, la Fiscalía interviene su “casi financiera” Credicash, captura a Gerson Adriel Orellana Ayala, le decomisan entre $38 y $48 millones en efectivo y cuentas, y se habla de un esquema piramidal que habría movido hasta $51 millones. Prometían  y entregaban intereses mensuales del 10% o más. Suena demasiado bueno para ser verdad, ¿no? Pues sí, eso es exactamente lo que grita “Ponzi” a leguas.

Un golpe más a la confianza

Este último desfalco no llega solo. Chalatenango ya había sufrido por la quiebra de cooperativas como COSAVI y Santa Victoria, y ahora, sumado al caso Credicash, el patrón se repite: ciudadanos que confían sus ahorros, excedentes empresariales o remesas familiares terminan atrapados en un sistema donde la seguridad financiera parece una ilusión.

La movilización es significativa: cerca de un millar de afectados se han concentrado en sitios públicos, reclamando transparencia y devolución de sus fondos. Lo curioso es que la ira social no se dirige tanto hacia el gerente capturado, sino hacia un vacío institucional: el Estado que debería proteger los ahorros de sus ciudadanos.

¿Qué es realmente Credicash?

La fiscalía de El Salvador aún no tiene claridad. ¿Financiera? ¿Cooperativa? ¿Intercambio privado? La versión oficial fluctúa entre un esquema Ponzi y un “arreglo turbio entre particulares”. La idea general es que el sistema sobrevivía con dinero fresco de nuevos inversionistas, generando intereses mucho más altos que cualquier alternativa legal en el país.

El gerente capturado, Gerson, no es un empresario cualquiera: dueño de cientos de buses , funerarias y otros negocios locales en Chalatenango en otros municipios  era habitual presencia habitual en eventos públicos, incluso acompañado del presidente de la Asamblea Legislativa. Que figuras de alto nivel participaran en actos de Credicash no es un detalle menor: ¿significaba acaso una validación implícita que llevó a la gente a confiar su dinero? Si el Estado “respaldó” con su presencia, ¿no adquiere ahora una responsabilidad moral o incluso legal frente a los afectados?

Esto revela una fractura: cuando el “éxito local” (un tipo que genera empleo con buses y paga intereses decentes) choca con las instituciones, mucha gente prefiere al primero. No porque ignore el riesgo, sino porque el sistema formal no les da alternativas atractivas y la intervención les deja en la incertidumbre total.

Su perfil expone un dilema evidente: la línea entre poder empresarial y político es difusa, reforzando la percepción ciudadana de impunidad. Y sin embargo, de la noche a la mañana, Gerson se encuentra en la mira de la fiscalía y bajo captura, un escenario que recuerda al caso de Don Cabalino Miranda ahora fallecido ,dejan al descubierto que tanto las amistades, acuerdos y pactos rotos determinan quién y cuando alguien es considerado como “desechable” sin que la ciudadanía común entienda  ni pudiera anticipar las reglas de ese juego de poder.

No es descabellado pensar que este ente captador de grandes sumas (Credicash) pudo haber sido presionado para financiar al partido hegemónico, tal como ocurrió con cooperativas ahora desfalcadas y en quiebra. Y al negarse, quizás se activó el brazo del poder… El tiempo y los testimonios terminarán de revelar la verdad.

La Fiscalía y sus contradicciones

Cada conferencia de prensa trae una versión distinta: se le acusa de vínculos con pandillas, de recibir dinero de dudosa procedencia, de estafa… pero las pruebas concretas son escasas. Mientras tanto, 36 millones de dólares decomisados y cuentas embargadas quedan suspendidos en un limbo judicial, dejando a los depositantes en incertidumbre total sobre el futuro de su dinero. La Fiscalía General de la República (FGR) parece estar jugando al tiro al blanco a ciegas. Un día la narrativa es que estamos ante un esquema Ponzi clásico donde el dinero de los nuevos paga el rendimiento de los antiguos, pero al siguiente, el discurso gira hacia el lavado de dinero o vínculos con estructuras criminales.

Aquí saltan las primeras alarmas:

La inconsistencia del cargo: Si es un esquema Ponzi, el «delito» es contra los ahorrantes. Si es lavado de dinero, el Estado es el interesado. Pero, ¿cómo sostener acusaciones de pandillas cuando el indiciado, el Sr. Gerson, era una figura pública en el departamento y que incluso compartía tarima con el poder político, específicamente con la presidencia de la Asamblea Legislativa?.

El efecto social

La reacción de los chalatecos rompe patrones: más allá de diferencias políticas, religiosas o deportivas, lo que une es la experiencia del abandono y la vulnerabilidad económica. En un departamento donde aproximadamente el 55% de las familias dependen de remesas desde EE. UU., esta movilización social adquiere un peso significativo.

Es un fenómeno social que trasciende lo financiero. La gente está diciendo: “nosotros confiamos, nos pagaron, ahora el Estado intervino y nos dejó colgados”. Mientras tanto, los grandes jugadores del sistema siguen operando con poca vigilancia real.

Qué ¿Solución? Se debe aplicar : Transparencia brutal en la investigación, devolución ágil y ordenada a los afectados (priorizando a los más pequeños), y una reflexión honesta sobre por qué estos esquemas florecen en regiones con alto flujo de remesas. Porque si no, el próximo “Credicash” o “COSAVI 2.0” ya está germinando en algún otro municipio.

La confianza de los depositantes es frágil. Golpearla dos veces en el mismo departamento en tan poco tiempo no es solo un error operativo: es un golpe a la estabilidad social. Y los chalatecos, con sus protestas organizadas y su defensa del “empresario local”, lo están dejando claro.

¿Es Credicash una estafa? Quizás. ¿o es un síntoma de un sistema bancario excluyente que empuja a la gente a riesgos altos? Definitivamente. Pero lo más grave es la ambigüedad judicial. Cuando las pruebas son pocas y las versiones muchas, la justicia se parece más a la política.

Hace unos días (22 de marzo) hicieron una caravana desde el estadio Gregorio Martínez hasta la catedral de Chalatenango exigiendo su libertad y la devolución inmediata de su plata. No lo acusan a él; piden que el Estado les responda. Algunos lo llaman “el Robin Hood de Chalatenango”. Interesante, ¿verdad? La gente prefiere defender al que les pagaba bien durante años antes que aplaudir la intervención.

La gente de Chalatenango ya no quiere explicaciones sobre «estructuras»; quiere su capital. Y si el Estado tiene los 36 millones, el silencio ya no es una opción aceptable. Ni política, ni religión; el hambre de justicia financiera despierta a un gigante dormido en las montañas de Chalate.

Chalatenango y la Acción Colectiva

Lo más fascinante de este fenómeno es la ruptura de la pasividad social. Desde 2019, el país ha vivido un letargo crítico, pero el bolsillo es el órgano más sensible del ser humano.

En Chalatenango, las diferencias políticas y religiosas se han borrado. El «detonante común» es el desamparo. Estamos viendo una movilización orgánica que entiende que, mientras se persigue a los «excluidos» que buscan opciones rentables, los grandes capitales extranjeros y el mercado  bursátil y de Criptomoneda se mueven sin auditorías reales.

Otro elemento digno de análisis, poco común, y casi inédito, es ver a las «víctimas» defendiendo al «victimario». Los ahorrantes en Chalatenango no piden la cabeza del gerente; piden que el Estado les devuelva su dinero. Esto sugiere que, para muchos, Credicash , funcionaba donde la banca tradicional falla y discrimina.

Las protestas como reacción social pueden ser un termómetro de desconfianza institucional que aún no se ha cuantificado ni estudiado a fondo.

Reacción social como indicador:

El caso Credicash es más que un fraude financiero: es un espejo de las desigualdades en El Salvador, de la concentración de poder, y de la capacidad de la ciudadanía para organizarse cuando ya no hay otra opción. Mientras la fiscalía sigue cambiando versiones, Chalatenango demuestra que la desconfianza tiene efecto dominó y que la voz de los afectados puede ser el catalizador de algo más grande.Y además cabe preguntarse ; Cómo operan realmente las redes de poder,¿de qué manera la cercanía del gerente con figuras políticas pudo haber influido en la operación y la aparente impunidad de Credicash? .

Y ahora, justo cuando esa “protección” desaparece, se le aplica una especie de revancha: pérdida de confianza, de respaldo político y de lealtad, dejando al descubierto cómo funcionan los mecanismos de privilegio y castigo en la esfera financiera y política del país.

Finalmente vale reflexionar con ampatía que ,tocar el ahorro de un chalateco es tocar el sudor del hermano lejano. Esto no es solo una protesta por dinero una protesta por la seguridad jurídica que el Estado prometió y que, tras los casos de COSAVI y ahora Credicash, parece  un caso con muchos cabos sueltos, que al encontrarlos , podrían salir implicados, donde gente de reconocida trayectoria politica y de diferentes ámbitos de la vida nacional como en casos . .