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Shakira: el Pop y la cosmética del régimen.

Por: Mauricio Manzano. (Investigador y Consultor Educativo).

En la política del siglo XXI, la imagen no es un accesorio, es el poder, la visita de Shakira a El Salvador no debe leerse como un simple evento cultural, sino como una operación de «Art-washing» de alta precisión. Mientras las caderas de la estrella mundial capturan la atención de las cámaras, el régimen de Bukele anota un gol estratégico en su campaña por vender una narrativa de libertad y desarrollo que choca frontálmente con la realidad del país.
La utilización de figuras de talla mundial cumple una función biológica en la política, actúa como una luz intensa que deslumbra al observador, impidiéndole ver lo que ocurre en la periferia. Shakira pisa suelo salvadoreño bajo el patrocinio implícito y la logística del Estado, el mensaje enviado al exterior no es musical, es geopolítico, un país que recibe a la reina del pop no puede ser una dictadura. Es la estética de la normalidad utilizada para validar la excepción legal.
Shakira es el testimonio vivo de un país «libre». Sin embargo, hay una contradicción dolorosa en el aire, se celebra la libertad de movimiento y la alegría de una estrella internacional, mientras miles de salvadoreños viven bajo un estado de excepción permanente, donde las garantías constitucionales han sido suspendidas. La libertad que se le ofrece al turista y a la celebridad es el disfraz que oculta el control férreo sobre el ciudadano común.
La narrativa del «país en desarrollo» se apoya en estos eventos masivos. Se presentan estadios remodelados y luces de neón como prueba de progreso. No obstante, el desarrollo real se mide en la refrigeradora del ciudadano, cada dia mas vacia, en la independencia de los jueces y en la calidad de la educación y la salud. El concierto pasa, los fuegos artificiales se apagan, pero la deuda pública y la erosión de la democracia permanecen. La fama de Shakira se utiliza aquí como un filtro de Instagram sobre una realidad económica y social que sigue siendo precaria para las mayorías.

No confundas espectáculo con libertad, la libertad no se mide por quién nos visita, sino por quién puede hablar sin miedo dentro del país. El régimen sabe que una foto con una celebridad vale más que mil informes de derechos humanos en la era de la manipulación de la verdad. No permitas que el brillo de los famosos nuble tu juicio crítico. Un país en desarrollo construye hospitales y escuelas que funcionan, no solo estadios para que el mundo lo aplauda.

Cuando vean a todo el mundo mirando hacia el escenario de luces, giren la cabeza y miren qué está pasando en la sombra. Allí es donde se encuentra la realidad del pueblo salvadoreño.

En fin, El show de Shakira es la máxima representación del espectáculo como distracción social. Hay que aprender a desconfiar de las verdades que vienen envueltas en papel de regalo y música pegajosa.