Videos de resurrección con IA idealizan la guerra en términos políticos.
Por: Fabian Acosta Rico. Universidad de Guadalajara- México
Idealizar la guerra y las muertes que genera fue una temática muy presente en el discurso nacionalista de los nacientes Estados modernos. De ahí la estrofa del himno patrio mexicano: “un soldado en cada hijo te dio”. ¿Quién? Pues Dios.
Antes, el sentimiento y el pensamiento religiosos concibieron la guerra desde significaciones igualmente exaltadas: el creyente es llamado a combatir el mal, a las huestes demoníacas que desafían a la verdadera fe y profanan la santidad de la religión única. Un caso contemporáneo son los yihadistas del Estado Islámico que, en tierras de Medio Oriente, convocan a los “guerreros santos” a pelear contra los idólatras e impíos.
En este asunto de santificar la guerra y el morir en el campo de batalla llama la atención lo que está ocurriendo en Rusia. Como sabemos, el régimen de Vladimir Putin sostiene una guerra de ocupación contra su vecina Ucrania. Por móviles geopolíticos, considera una amenaza a su seguridad territorial la tentativa incorporación de su vecino a la OTAN.
El propósito de idealizar el combatir y morir en la guerra se resuelve por partida doble en el caso de la Rusia de Putin: al soldado se le alecciona que entrega la vida por la patria, pero también que se sacrifica por la fe cristiana resguardada por la Iglesia ortodoxa.
Para respaldar esta narrativa propagandística, el régimen ruso encontró en la tecnología un recurso eficaz. ¿Cómo consolar a la viuda, a la madre o a la hermana que pierden a su hombre en el frente ucraniano? Pues con un montaje multimedia que recrea a su ser amado difunto ascendiendo, con toda justicia, al cielo.
Si en la lógica del régimen ruso el soldado finado peleó por una causa justa, avalada por Dios y por la Patria, entonces merece como recompensa la vida eterna al lado del dispensador de la existencia.
Traer de vuelta a la vida al soldado caído a través de la inteligencia artificial se presenta como una manera de ayudar a sus deudos a sobrellevar el duelo, por tan solo treinta dólares, en consonancia con la propaganda estatal.
Las escenas recreadas por la IA son por demás emotivas: imágenes del finado ascendiendo a la gloria, rodeado por sus seres queridos, esposa y familiares que lo despiden y atestiguan su transformación en ángel, al que se le abren las puertas del cielo.
Los bots de inteligencia artificial que ofrecen estas exequias virtuales pueden encontrarse en Telegram y en VKontakte, el Facebook ruso. El servicio ha sido todo un éxito: un canal en especial, dirigido por Anna Korableva, recibe más de 500 pedidos al día (una cifra que habla de muchos muertos “ascendiendo” a la gloria eterna de manera virtual).
Un desahogo para el corazón, una idealización, que raya en lo cursi, del soldado que murió todo por un precio que promedia entre los 35 y 60 dólares. A petición del cliente, incluso pueden replicar la voz de su deudor.
Una opción funeraria en las eventualidades de la guerra: muchos de los cuerpos de los caídos no son rescatados y sus familiares pueden recrear, para su consuelo, un simulacro de despedida de su ser querido.
Redes sociales en duelo: estos videos proliferan en el Internet ruso a manera de homenaje a los caídos. Los rusos y su resonar épico con la muerte; ahí está el caso de la música del Ejército Rojo, con sus piezas corales que rememoran las proezas de los combatientes rusos en su lucha contra los fascistas europeos durante la Segunda Guerra Mundial.
En Instagram, la popular red social rusa, el medio de noticias anticensura y pacifista Astra Press ofrece todo un catálogo abigarrado de estos videos de familiares dándole el último adiós a su finado.
Del otro lado de la trinchera, también los ucranianos tienen su propia plataforma: stopfake.org, que ofrece consuelo en el duelo a los deudos.
En la era digital, nuestras inclinaciones culturales, morales y espirituales para significar la muerte, en los múltiples contextos donde ésta tiene lugar, dan cabida a estas manifestaciones religiosas y culturales como formas que podríamos considerar eficaces y hasta válidas para afrontar la trágica pérdida de un ser querido, revisto con las insignias morales de un héroe de Dios y de la Patria.
Los mexicanos nos ufanamos mucho de nuestros altares de muertos; en nuestras festividades del primero y dos de noviembre los montamos en todas partes: templos, escuelas, oficinas y negocios. Una puesta al día, en estos tiempos cada vez más tecnologizados, sería también instalarlos en Internet y, por qué no, en el metaverso así como lo hacen los rusos.
