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El banquete de los parásitos: el enemigo de Bukele duerme en su casa.

Por: Mauricio Manzano. (Investigador y Consultor Educativo) 

Bukele se puede decir que se ha convertido en un organismo huésped; y que sus verdaderos enemigos son los que viven de su despensa.

En la narrativa oficial, el poder se presenta como una columna de granito, sólida. Sin embargo, bajo la óptica de la realidad política la figura de Bukele ha dejado de ser un líder autónomo para convertirse en algo más complejo y vulnerable: un organismo huésped.
Un organismo huésped es aquel que provee el entorno, los recursos y la protección para que otros, una pequeña colonia, sobrevivan. Bukele no es solo un presidente; es el ecosistema completo. Su popularidad, su control del aparato estatal y su dominio de la narrativa digital son la sangre que nutre a una vasta red de actores que sin él, perecerían en la irrelevancia política o la persecución judicial.
Los verdaderos enemigos de un proyecto de poder no suelen ser los que gritan desde la acera de enfrente, la oposición, periodistas, académicos, religiosos, etc.., sino los que se sientan a su mesa todos los días. Estos son los habitantes de su despensa, aquellos que han escalado no por competencia, sino por adulación, y cuyo único patrimonio es la cercanía al huésped.
A su alrededor hay intereses económicos satélites: empresarios, grupos de poder, holgazanes, vividores, etc, que han prosperado bajo la sombra del régimen y que no dudarán en devorar al huésped si el suministro de recursos comienza a escasear.
Un gigante que ha crecido tanto que ahora requiere una alimentación constante de presupuesto y excepciones legales para no volverse contra quien lo creó, es el aparato de seguridad, ¡cuidado!, otros sus allegados proxi, leales aduladores, pero no hay que olvidar que toda lealtad comprada es el primer paso a la traición. El peligro para Bukele no radica en la resistencia ciudadana, que se percibe desarticulada, sino en la voracidad de sus propios dependientes. Un organismo huésped es fuerte mientras su despensa está llena. Pero, ¿qué sucede cuando la economía se estanca, cuando el crédito internacional se cierra o cuando la narrativa del éxito se enfrenta a la realidad del plato vacío?

En ese momento, los que viven de su despensa dejan de ser protegidos para convertirse en depredadores. La lealtad comprada tiene una fecha de caducidad exacta; el día que se acaba el presupuesto.
Sus verdaderos enemigos son los que viven de su despensa, son peligrosos porque conocen las costuras del traje. No buscan derrocar al sistema por ideales, sino preservarse a sí mismos. Si el huésped ya no puede nutrirlos, buscarán uno nuevo o canibalizarán lo que queda de la estructura.

El poder es sólo un préstamo efímero, quien se rodea de gente que solo busca «comer de su mano», termina siendo devorado por esas mismas manos. La verdadera independencia consiste en no necesitar la despensa de nadie para pensar o existir. El que no come de la despensa del régimen, es el único que realmente puede decirle la verdad. Cuidado con el elogio, los que más aplauden suelen ser los primeros en huir cuando se apagan las luces.