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BREVE HISTORIA DEL FUTURO

Por: José Guillermo Mártir Hidalgo.

Jacques Attali, economista y pensador francés, fue consejero de François Mitterrand y fundador del Banco Europeo. En 2006 publicó “Breve historia del futuro”. La idea central del libro es que la historia constituye una sucesión de «órdenes» destinados a organizar el poder. En el pasado, este procedía de lo sagrado; después, de la fuerza militar y política; y, en la actualidad, del dinero y el comercio.

Dentro del orden mercantil, el «corazón» del mundo se ha desplazado por distintas ciudades: Brujas, Venecia, Amberes, Génova, Ámsterdam, Londres, Boston, Nueva York y Los Ángeles. Cada centro surge gracias a una innovación tecnológica y decae cuando esta pierde impulso. En la actualidad, según Attali, Estados Unidos declina y el mundo avanza hacia un orden multipolar, con un nuevo centro en el Pacífico y Asia.

Attali proyecta un futuro marcado por tres etapas. La primera, el hiper imperio (2006-2030), estaría caracterizada por el predominio del mercado sobre los Estados, que perderían poder frente a las corporaciones y las fuerzas privadas. La segunda, el hiper conflicto (2030-2060), devastaría el planeta: la violencia, la desigualdad, el terrorismo, las crisis ecológicas y las guerras dominarían el escenario. Por último, la hiper democracia —a partir de 2060— representaría la salida más optimista, en la que el altruismo y la fraternidad harían posible una gobernanza global.

En el hiper capitalismo, todo se convierte en un producto susceptible de ser comercializado. Los gobiernos pierden capacidad para regular y proteger a sus ciudadanos, mientras los Estados-nación se debilitan ante el surgimiento de las empresas transnacionales. La sociedad se dividiría entre nómadas hiper conectados —una élite global con plena movilidad— y nómadas precarios: migrantes y trabajadores desplazados, carentes de protección. Entre las herramientas centrales de la gobernanza estarían la vigilancia masiva, las prótesis tecnológicas, la clonación y la manipulación genética con fines comerciales.

La erosión de los Estados-nación y la escasez de recursos provocarían el colapso del orden mundial y conducirían al hiper conflicto. La violencia ya no sería ejercida principalmente por ejércitos nacionales, sino por corporaciones militares privadas, mafias y grupos extremistas. También se abriría paso una tecnología del terror, basada en armas miniaturizadas, biotecnología empleada como arma y conflictos por la supervivencia frente al cambio climático.

Ante la devastación del hiper conflicto, surgiría una corriente mundial de solidaridad que impulsaría la hiper democracia. Se establecería un gobierno democrático global y redes de gobernanza descentralizada para gestionar los bienes comunes de la humanidad. Sus protagonistas serían «transhumanistas» altruistas, que utilizarían la tecnología no para acumular poder o riqueza, sino para cooperar.

Las principales ideas del libro de Attali pueden resumirse así. Primero, el autor presenta una síntesis de la historia de la humanidad y, en particular, del capitalismo, con el propósito de identificar las grandes tendencias que orientan el devenir histórico. Segundo, divide la historia del capitalismo en nueve periodos o formas, cada uno organizado alrededor de una ciudad. Tercero, el orden mercantil, expresado en la democracia de mercado, se ha extendido por todo el mundo. Mientras Estados Unidos se estanca y Europa se debilita, Asia crece.

Cuarto, emergerían once potencias económicas y políticas: China, India, Japón, Rusia, Indonesia, Corea del Sur, Australia, Canadá, Sudáfrica, Brasil y México. Quinto, las amenazas ecológicas y la escasez de alimentos y agua serían mucho más graves que la falta de materias primas o de energía. Las empresas estadounidenses llegarían a considerar su propio país un obstáculo para sus intereses y se instalarían en paraísos fiscales.

Sexto, el dólar dejaría de utilizarse en muchas partes del mundo. Estados Unidos podría transformarse en una socialdemocracia de tipo escandinavo o derivar hacia una tiranía. Séptimo, la democracia de mercado se impondría en un mundo policéntrico. El mercado reemplazaría servicios como la educación, la sanidad y la soberanía por nuevos productos fabricados en serie.

Octavo, un mercado sin Estado tendría que afrontar problemas que las compañías de seguros y de entretenimiento intentarían resolver mediante formas de gobernanza planetaria auto proclamadas. También se extendería el nomadismo, al menos entre los más ricos. A medida que desaparecieran los Estados, surgirían dos nuevos tipos de empresas: las empresas piratas, que combinarían actividades lícitas y criminales y recurrirían a la violencia, y las empresas relacionales, sin ánimo de lucro.

Noveno, aumentaría la violencia durante el siglo XXI. Todas sus formas podrían confluir en un único conflicto de alcance planetario y consecuencias catastróficas. La hiper vigilancia podría convertirse en una de las expresiones más absolutas de la dictadura.

Décimo, las iglesias evangélicas protagonizarían un fuerte enfrentamiento con el islam en distintas partes del mundo. Las armas no convencionales se extenderían cada vez más. Quince países podrían llegar a tener armas atómicas, entre ellos Irán, Japón, Turquía, Egipto, Indonesia, Australia, Brasil y Arabia Saudita.

Undécimo, si todos los conflictos anteriores coincidieran en un mismo momento, se desencadenaría un hiper conflicto. La visión optimista de una gobernanza global, sostenida por redes de cooperación, organizaciones altruistas e inteligencia colectiva —a la que Attali llama hiper democracia— constituye una apuesta para evitar la extinción. Es la única manera de lograr que la élite nómada comprenda que, si no cambia de rumbo, también se hundirá.

Breve historia del futuro ofrece un marco para interpretar la configuración política, económica y social que se ha creado bajo el modelo de Nayib Bukele en El Salvador. El país funciona como un laboratorio acelerado de algunas de las dinámicas que Attali proyectó para el siglo XXI. El mercado busca desvincularse de la regulación de los Estados tradicionales, mientras las fronteras se vuelven permeables al capital financiero transnacional.

Bukele apostó por convertir El Salvador en un centro de innovación tecnológica. «Bitcoin City» se presentó como un polo de atracción para el capital cripto y la tecnología privada, con la intención de eludir los controles de la banca central internacional y de los organismos multilaterales tradicionales. Para ello, el Estado se reformuló a sí mismo como una empresa o plataforma de atracción de capital transnacional, ofreciendo exenciones fiscales y flexibilidad jurídica.

Attali sostiene que la población mundial se dividirá en dos grupos: los hiper conectados y los precarios. El proyecto turístico «Surf City» buscaba atraer cripto nómadas e inversionistas extranjeros, posicionando al país como un enclave exclusivo para una élite global desterritorializada. La tecnología de vigilancia, según esta perspectiva, no sería impuesta únicamente por los gobiernos: también sería aceptada voluntariamente por la sociedad a cambio de convivencia y seguridad física.

Con el Plan Control Territorial, la mega cárcel y la digitalización del monitoreo urbano, la sociedad salvadoreña habría aceptado un pacto: ceder libertades individuales y garantías procesales a cambio de orden absoluto. Estos elementos encarnan la «sociedad de control» mediante la vídeo vigilancia, los patrullajes y la presencia militar.

La democracia representativa parece obsoleta e ineficiente ante las exigencias de la hiper aceleración del mercado moderno, y podría ser reemplazada por formas de poder personalizado y por un autoritarismo eficiente y corporativo. El modelo de Bukele —marcado por la concentración del poder ejecutivo, la reelección consecutiva y el debilitamiento de los contrapesos judiciales y legislativos— refleja ese desplazamiento. Bukele sustituye la deliberación política por una forma de gobernanza directa, basada en la comunicación digital, la eficacia publicitaria y el hiper presidencialismo.