La generación Z se toma la Bastilla en París: el mensaje a la juventud de El Salvador
Por: Mauricio Manzano.
Al ver a la generación Z marchar en París y otras partes del mundo, vemos el latido de una nueva revolución. Y hablar de la «Toma de la Bastilla» no es solo recordar un evento de 1789; es invocar el momento exacto en el que un pueblo decide que el miedo ya no es suficiente para mantenerlo de rodillas.
En la actualidad las prisiones ya no siempre son fortalezas de piedra; a veces son regímenes de excepción, deudas impagables y propaganda digital. Y el mensaje que los jóvenes del mundo le están enviando a la juventud de El Salvador es claro: la verdadera libertad comienza cuando se rompe la ilusión de que el silencio garantiza la paz.
Redactemos este artículo como una carta abierta a esa juventud salvadoreña amenazada y precarizada
En primer lugar. La Bastilla actual son los barrotes del miedo. La Bastilla original era una prisión que representaba el poder absoluto y arbitrario del rey. La Bastilla de los jóvenes salvadoreños hoy es distinta, pero igual de opresiva.
Están viviendo bajo un régimen de terror, y se les ha hecho creer que exigir derechos es sinónimo de ser criminales o pandilleros. La amenaza constante del régimen de excepción funciona como una guillotina invisible que corta cualquier intento de organización estudiantil y juvenil en general.
Esta generación viven bajo precariedad disfrazada, se les ha entregado luces led, promesas de ciudad bitcóin, estadios, trenes del pacífico, hasta un satelite cuscatlan, por mencionar algunas, pero se les niega un salario que alcance para comer, un sistema de salud digno, educación de calidad, trabajos dignos, etc. Viven en una celda decorada con pantallas brillantes.
En segundo lugar. El mundo les está dando un ejemplo y un llamado, despertad nativos digitales de El Salvador. Las protestas de los jóvenes que vemos en Francia o Brasil, es la demostración de que la anestesia digital tiene fecha de caducidad. Los jóvenes que hoy marchan en Francia o Brasil son la misma Generación Z que creció con teléfonos en la mano. Sin embargo, han comprendido que los «likes» no pagan el alquiler ni reparan los pupitres. Han decidido usar su hiperconexión no para evadir la realidad, sino para organizarse y salir a pisar el asfalto. Han demostrado que el cuerpo presente y la voz alzada siguen siendo la tecnología más avanzada contra la injusticia.
Y por últimos, que no será lo ultimo. La invitación a los jóvenes del mundo a protestar. Los jovenes de París, Brasil, y de otros países, que protestas contra los abusos de poder, la corrupción, y le negación de los derechos que tienen los jóvenes ciudadanos, es una invitación a los jóvenes de El Salvador y el mundo a romper el cerco del miedo. No es un llamado a la violencia, sino un llamado a la dignidad. Es la invitación urgente a recuperar el derecho al pataleo.
También es un mensaje, le están diciendo a jóvenes y adultos, el miedo solo funciona cuando aísla. Si un joven estudiante, obrero, campesino o profesional protesta sólo, lo aplastan. Pero si miles se levantan, el sistema tiembla. La juventud salvadoreña debe entender que el gobierno que los amenaza es, en el fondo, el que más les teme. Porque ninguna dictadura consentida puede sobrevivir el día en que sus jóvenes deciden que prefieren el riesgo de la libertad a la seguridad de la jaula. Y la juventud lo sabe, sabe que el miedo es una pared que parece de piedra, pero que está hecha de papel; basta con que unos cuantos se atrevan a empujarla juntos para que se derrumbe.
En fin, la historia nos grita que la juventud que no incomoda a su gobierno está traicionando su propia naturaleza. Los jóvenes salvadoreños no están solos; el eco de miles de estudiantes marchando en el mundo es la prueba de que el conformismo no es el destino final. La generación Z salvadoreña tiene la llave de su propia Bastilla en el bolsillo; solo hace falta que, como hicieron en París, decidan sacarla y abrir la puerta.
