El diablo travestido
Por: Manuel Alcántara Sáez.
| El 20 de septiembre de 2006 en una Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas como la que acaba de terminar, el entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, se dirigió a la audiencia pronunciando una frase que corrió como un reguero de pólvora y quedó para la posteridad. “Ayer estuvo el diablo aquí, en este mismo lugar ¡Huele a azufre todavía!”, dijo, refiriéndose a la presencia en el atril de expositores de George W. Bush, a la sazón presidente norteamericano. Dos décadas después, la presidenta encargada bajo el régimen autoritario venezolano se fotografiaba en pose amistosa con el actual mandatario estadounidense. ¿El diablo se había convertido en un ángel? El tiempo todo lo borra o al menos ayuda a cambiar los referentes y de ahí los marcos interpretativos. Puede tener que ver con la duración de los veinte años referidos o de los nueve meses y medio desde que Venezuela fuera bombardeada con el resultado de casi un centenar de víctimas mortales y la captura de su presidente y esposa. Puede ser porque la secretaría de Estado de los Estados Unidos estuviera a cargo de Condoleezza Rice, primera mujer afroamericana en el cargo, o porque hoy este lo ejerza Marcos Rubio, primer latino en desempeñar esa función. Es también posible que sea el espíritu de los tiempos de 2006 en pleno ascenso del socialismo del siglo XXI que se extendía en el derrotero en contraposición al impulsado por el Escudo de las Américas. Los diablos ya no son lo que eran ni quienes así los definían.Manuel Alejandro Tovar Rivera era el ministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica hasta el pasado día 24. Su cese fulminante fue motivado por su asistencia aparentemente no comunicada a la presidenta Laura Fernández a la reunión del Escudo de las Américas previa a su intervención en la Asamblea General a la que la presidenta Fernández había declinado participar. Tan inminente fue que no pudo pronunciar el programado discurso algo que corrió a cargo de un subalterno del ministerio. Dio lo mismo que a la reunión de marras tampoco fuera el presidente Trump, convocador de la misma.Nada importó que Tovar Rivera formara parte junto con Laura Fernández del equipo de gobierno improvisado puesto en marcha por el presidente Rodrigo Chaves tras su éxito electoral de 2022. Él fue durante los cuatro años de la administración chavista ministro de Comercio Exterior y ella ministra de Planificación Nacional y Política Económica y luego ministra de la Presidencia. ¿Quién de los dos es el diablo o acaso no lo será Chaves-el verdadero poder en la sombra? ¿Por qué la presidenta Fernández declinó participar en la Asamblea General cuando habría tenido una oportunidad de oro para hacer lobby en favor de la candidata a la secretaría general de la ONU su compatriota Rebeca Grynspan? Laura Fernández en lugar de viajar a Nueva York prefirió realizar su primera visita oficial a Colombia. En Barranquilla, capital oficiosa del país, el presidente Abelardo de la Espriella, quien también declinó asistir a la Asamblea General, fiel, por ahora, a su compromiso de no viajar al exterior, la recibió siendo a su vez la primera visita presidencial que atendía. De la Espriella sintió la necesidad de oficiar una alternativa complementaria con la que cubrir el expediente de la ausencia de ambos a la reunión del Escudo de las Américas centrando la conversación en la lucha contra el narcoterrorismo profundizando la cooperación en materia de seguridad, intercambio de inteligencia y cooperación aérea y marítima, según informa este periódico.Hace tres años cuando su predecesor, Gustavo Petro, visitó a Rodrigo Chaves en San José el Darién era el coladero por el que se canalizaban anualmente medio millón de migrantes que seguían su camino hacia el norte atravesando Costa Rica. La satanización migratoria se ha trastocado hacia el narcotráfico por la agenda que se impulsa desde Estados Unidos donde la solución nunca se refiere a la atención de lo que supone el consumo de narcóticos en su territorio o en lo referido a la movilidad y blanqueo de capitales, sino que siempre se deriva hacia la centralidad de la oferta. Los diablos han cambiado de cara.En Argentina, la teoría de los dos demonios ha jugado un papel relevante en las últimas cuatro décadas por su carácter explicativo de que la gravedad de los delitos cometidos por agentes estatales como parte del terrorismo de estado entre 1976 y 1983 es equivalente a los actos de violencia perpetrados por la guerrilla desde mediados de la década de 1960 hasta 1976. El presidente Raúl Alfonsín que se movió en el filo interpretativo de la misma al inicio de su gobierno años más tarde se desligó claramente de ella.Hoy, el presidente Javier Milei utiliza el caso de las Malvinas no como un factor diabólico en la política argentina sino como un demiurgo de su quehacer. Después de calificar a la ONU en su discurso del pasado día 23 como una “organización inútil” que alimenta a una “casta de parásitos”, en consonancia con su clásico discurso atrabiliario, abordó el contencioso territorial pendiente de Argentina y el Reino Unido al que dedicó un tercio de aquel.“Las Malvinas son argentinas por historia y por derecho, no hay discusión al respecto… Malvinas es para nosotros una causa nacional”, dijo. ¿Qué había pasado en el ideario libertario de Milei para abrazarse al, desde esa perspectiva doctrinaria, rancio nacionalismo donde, además, el estado requiere jugar un papel central en las antípodas de su obsesiva visión ideológica? La pérfida Albión se investía de su carácter demoniaco animándose esta visión por el supuesto apoyo que Milei cree recibir de Washington. El mismo que la Junta Militar estimó que tenía cuando en abril de 1982 inició el operativo que tras 74 días la llevó al descalabro. ¿Un nuevo diablo travestido? |
