CreenciaDestacadas

Creyentes en la política o políticos creyentes.

Por: Elio Masferrer Kan.

Los procesos electorales son constantes y la tentación de mezclar religión y política es sistémica. Los políticos profesionales necesitan construirse una aureola de santidad o al menos de cierta credibilidad, mientras que otros insisten en presentarse como “extranjeros” en la política, ciudadanos “apolíticos” dispuestos a “sacrificarse” en aras del bien común. En esta perspectiva se presentan con programas centrados en ciertos aspectos de la vida cotidiana como la familia, la “pureza del comportamiento”, el empleo y la libertad, entendiendo como tal a la eliminación de cualquier control estatal o gubernamental. El caso más reciente es el de Javier Milei quien propuso eliminar radicalmente a la “casta” de los políticos profesionales, aunque al asumir la presidencia se encontró con el dilema que debía designar cientos de altos funcionarios y debió recurrir precisamente a un segmento de la casta que había descartado, con lo cual quedó demostrado que su discurso había sido una “estrategia de campaña” y que la “casta” seguía en el poder.

Milei estudió en escuelas católicas conservadoras y se encontró con un Papa argentino que reivindicaba posiciones progresistas, no tuvo ningún problema en acusar al Papa Francisco de ser representante del “maligno” en la Tierra, para ya electo entrevistarse con Él en el Vaticano. Aunque eligió como identidad religiosa vincularse con los sectores más ortodoxos y conservadores del judaísmo, en una estrategia que le permitió aliarse con los sectores de la ultraderecha cristiana, y le facilitó el respaldo del presidente Trump en las elecciones intermedias, gracias a la promesa de un préstamo de 22,000 millones de dólares. Recientemente quebró una  empresa aérea en Estados Unidos porque el gobierno no quiso apoyarla con un crédito de 550 millones de dólares. Milei eligió un manejo eficiente de su identidad religiosa, pero a su vez desgastó el argumento. La posibilidad  de lanzamiento del predicador evangélico Dante Gebel de aparecer como un “marginal” de la política tiene muy pocas posibilidades, probablemente el electorado argentino opte por opciones más tradicionales, según las últimas encuestas.

El asunto no terminó con Milei, aunque definió una tendencia de éxitos conservadores, le siguió en Chile José Antonio Kast, el décimo hijo de Michael Kast, nacido en Alemania, miembro del Partido Nazi y combatiente en la Segunda Guerra Mundial, migró a Chile y sus hijos colaboraron con el Gobierno del General Pinochet. José Antonio estudió derecho en la Pontificia Universidad Católica de Chile e integra una opción católica conservadora: el Movimiento apostólico de Schönstatt. Es el primer presidente abiertamente pinochetista, desde el regreso a la democracia. El desarrollo de su propuesta ultraconservadora debe encontrar todavía formas de aplicación en términos de operatividad política, pero es importante resaltar, que, en términos discursivos, el éxito de su campaña política se basó en una reivindicación de la Dictadura de Pinochet y una reivindicación de masacres y exterminio de opositores, a lo cual se agregaron temas coyunturales como los problemas de inseguridad e impacto migratorio.

La sorpresa más compleja fue Perú, pareciera que en esta ocasión la historia se repite. La presencia de treinta y cinco candidatos presidenciales con sus respectivos partidos políticos y candidatos a cargos legislativos fue anrumadora. Todo apunta a que por cuarta vez Keiko Fujimori, hija del ya fallecido dictador peruano será candidata a la segunda vuelta electoral y se confrontará ahora con el congresista Roberto Sánchez, quien nunca figuró en las encuestas y que adoptó en la campaña todos los aspectos identitarios y programáticos del encarcelado y destituido presidente Castillo. Aparentemente, Sánchez dejó atrás al laico del Opus Dei Rafael López Aliaga, quien se perfilaba como la opción para confrontarse con Keiko, dejando al país en una disyuntiva entre la derecha vs la ultraderecha. La emergencia “inesperada” de Sánchez resucita el conflicto racista del Perú “gente decente (y blanca conservadora) vs “cholos” (mestizos e indígenas), con programas de izquierda y de reivindicación étnica. Keiko siempre ha reivindicado sus contactos con la ultraderecha evangélica y la derecha católica (López Aliaga) fue derrotada.

El campo político electoral mexicano también tiene sus aspectos político-religiosos que pueden obligar a reacomodos de fuerzas políticas. La Conferencia del Episcopado Mexicano moviliza constantemente a sus laicos tratando de consolidar una oposición política “viable”, aunque no logra conectarse políticamente con su feligresía. Algunos líderes evangélicos han desarrollado dos membretes partidarios (Vida y Paz) que nuevamente intentarán consolidarse como opciones políticas. MORENA, el partido gobernante, requiere decisiones estratégicas en la materia, pues su alianza con una desprestigiada iglesia le resta presencia entre los evangélicos, quienes a su vez representan un caudal significativo de votos en varios estados y es evidente que están a la expectativa para consolidar alianzas.

El poder es la capacidad de incidir en el comportamiento de las personas, muchos tienen poder y otros quisieran poder. Los verdaderos políticos son aquellos que saben identificar quienes pueden y quienes quisieran, pero no pueden.

Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH.INAH