Reseña libro: “El ascenso de Apolión 2012: el símbolo perdido encontrado y el misterio final del Gran Sello revelado”.
POR JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.
Thomas Horn fue un autor, investigador y conferenciante estadounidense especializado en escatología bíblica. En 2009 publicó “El ascenso de Apolión 2012: el símbolo perdido encontrado y el misterio final del Gran Sello revelado”, donde describe una sociedad clandestina que habría influido en la formación de Estados Unidos.
Horn interpreta los discursos presidenciales como ventanas hacia agentes sobrenaturales. Cita, por ejemplo, el segundo discurso inaugural de George W. Bush, que incluyó la frase «fuego en las mentes de los hombres», tomada de Los poseídos, de Fiódor Dostoyevski, texto que trata la represión de un gobierno violento y el surgimiento de la insurrección. En ese mismo discurso Bush aludió, según Horn, a un supuesto involucramiento masónico en la Revolución Americana: «Los fundadores declararon un Nuevo Orden de las Edades, que debe ser completado». Horn también recuerda frases crípticas de otros presidentes —como la expresión de Bill Clinton «forzamos a que venga la primavera»— y las interpreta como lenguaje criptico o simbólico para legitimar políticas públicas.
Para Horn, la administración Bush estuvo decidida a entrar en la guerra de Irak/Babilonia; sostiene además que los atentados del 11 de septiembre fueron orquestados y permitieron a la élite ampliar un proyecto de dominación global. Según el autor, el espíritu que animó a esa administración es comparable al de los «ángeles oscuros» cuya influencia origina la guerra y el mal.
El sueño masónico de Sir Francis Bacon —la Nueva Atlantida—, afirma Horn, se encarnaría en Estados Unidos. Tras el 11-S, las Torres Gemelas funcionarían como arquetipo masónico de los «Pilares de Hércules» y habrían señalado que había llegado el ascenso de esa Nueva Atlantida. A partir del 11-S, augura Horn, surgiría en el escenario mundial un individuo de inteligencia superior presentado como salvador; para su llegada como anticristo es preciso, según él, un «revivido» orden mundial donde religión y política se unan para conformarlo.
Horn postula la existencia de una red secreta detrás del auge de Barack Obama. Esta es una superclase gobernante que dicta políticas a los Estados-nación y a organismos supranacionales. De esta manera, unos pocos miles de personas controlarían la mayoría de las decisiones a escala global. Los fines de estas órdenes y fuerzas a las que sirven serían invisibles para la ciudadanía; «oscuros poderes angelicales», escribe Horn, empujarían a las élites hacia la instauración de un Nuevo Orden Mundial vinculado al sistema anticristo. En su relato, Estados Unidos habría sido designado como la Nueva Atlantida destinada a traerlo.
Horn cita además referencias simbólicas del Gran Sello de Estados Unidos y la planificación de Washington D. C. —documentadas por otros autores— para sostener su tesis. Señala que en el diseño urbano habría trazos que remiten al pentagrama de Baphomet y que en el reverso del billete de un dólar aparecen frases y símbolos —como “E Pluribus Unum”, “Annuit Coeptis” y el número trece repetido— que, en su interpretación, aluden a una deidad antigua con el nombre de Apolo, Osiris o Nimrod. Para Horn, estos símbolos codificarían la promesa de un «mesías» masónico que regresaría para gobernar en el Novus Ordo Seclorum.
Horn desarrolla una genealogía mítica. El águila del Gran Sello sería una máscara del fénix; la pirámide simbolizaría a la sociedad humana, imperfecta e inconclusa; la combinación del fénix, la pirámide y el «ojo que todo lo ve» procedería de sociedades secretas preexistentes a la Guerra de Independencia. Rememora el papel de Henry Wallace —masón grado treinta y dos y secretario de Agricultura bajo Roosevelt— como transmisor de la importancia simbólica del Gran Sello y recoge la lectura esotérica de lemas como E Pluribus Unum y Annuit Coeptis, interpretando el primero como referencia a un dios con múltiples nombres y el segundo, a Júpiter favoreciendo grandes empresas.
En la cosmovisión que Horn propone, el Gran Sello codificaría la venida de Apolo —también llamado Abadon o «Rey del Abismo»—, un dios pagano asociado a la muerte cuya resurrección se vincularía con la instauración del Nuevo Orden.
Según él tras la caída el hombre del paraíso, este quedó separado de la mente divina y, en momentos señalados, fuerzas antiguas pueden «regresar» al mundo físico. Horn apoya estas ideas con relatos apócrifos y teorías sobre los Vigilantes (los Benei-Ita-Elohim) y los nefilim. En el Libro de Enoc, doscientos ángeles descienden desde los «altos cielos» y se mezclan con mujeres humanas, generando híbridos. Horn sugiere que esos ángeles intentaron abandonar su propia esfera para anclarse en la tercera dimensión y que, mediante mezclas con animales, provocaron mutaciones que corromperían el ADN. Interpreta la biotecnología y la manipulación genética contemporáneas como continuaciones de ese proyecto, donde la élite ocultista buscaría producir cuerpos exóticos y posthumanos, y la investigación militar (como el programa para crear «super soldados») sería un paso hacia la resurrección tecnológica de la deidad mitológica de Apolo.
En su relato extremo, Horn plantea a una élite elaborando y liberando deliberadamente un virus con decenas de miles de muertos y, mediante implantes o inyecciones transhumanas, controlando los cambios intracelulares que facilitaran la llegada del «dios» resucitado.
Horn distingue además entre la masonería pública —fraternidad dedicada a la ética, la educación y el servicio— y una «sociedad invisible», una fraternidad secreta dedicada al servicio de un arcano misterioso. Para él, el año 2012 podría representar, dentro de una lectura escatológica cristiana, el inicio de la Gran Tribulación y, tras ese periodo, la instauración del anticristo. El propósito declarado de El Ascenso de Apolión 2012, según Horn, es alertar sobre los últimos tiempos y exponer los objetivos que, a su juicio, los ocultistas persiguen.
