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La ideología de la “santificación”.

Por: Edwin Felipe Aldana Aguirre. Investigador y Docente Universitario.

Dios no anda en controversias, dice el fino y delicado pastor que gastará fácilmente un galón de desinfectante para manos; ya que por cierto saluda a mucha gente. Pero, además, Dios le bendice a él y a otros empresarios con una cantidad respetable de prisioneros con carta de libertad y otros a los cuales se las han negado alargando los plazos y procesos, por la sencilla razón de que son buenos trabajadores.  Eso sí, oran con la mano de obra esclava y les hablan de Dios…

Ignacio Ellacuría y sus compañeros lucen bien en la capilla, casi como un insumo promotor del turismo académico y sacro.  Allí pretenden tenerles, petrificados, inmovilizados ante el poder opresor que tiene sus aliados entre los mismos “nuestros”.  Ni las balas están causando tanto daño, como esta floristería disfrazada de respeto, amor y reflexión del ejemplo de seguimiento cristiano. 

Los Mártires son un alegre motivo de fiesta que permite ese escenario maravilloso en donde jugamos a estar con los pobres.  Es una micro semana santa, de costumbre, pretendiendo que de ella no nazca y crezca el amor de aquel que ellos seguían humanamente, como todo lo de este mundo. Y a la par que crece el buen negocio universitario, se va diluyendo la universidad como luz para la nación salvadoreña.

El mayor peligro que corre la santa vida de Mons. Romero es esa misma ideología de la santificación paralizante, inocua, boba; desligada de la vida de Jesús, aquel hijo de carpintero, que daba la mano a los pobres, enfermos, endemoniados (ahora enfermos de salud mental por el sistema).  Porque los altares y los podios y las tarimas por encima de la gente siempre te sacan del mundo de los vivos.  Eso sí, el Señor Jesús sólo tomo posición mayor para comunicarse, para compartir la buena noticia, para enseñar estando ahí, porque lo importante para él era el mensaje y no su persona. Por eso mismo no puede ser paralizado.

Más que la balas, los clavos, los látigos, la tortura… Los nichos son los espacios reducidos, carcelarios, en donde nos hacemos cómplices de los criminales, de los violentos e hijos del maligno. Allí disfrazamos con flores, fiestas y discursos el sacrificio de aquellos que ya están justificados por la cruz y la resurrección del Amado Jesús.

La tarea de la Filosofía y de la vida cristiana es desenmascarar con la vida real y con la reflexión sobre la misma, todas esas ideologías fariseas que pretenden ilusamente esconder la realidad “real” y la vida personal de nuestros mártires.  Y eso mismo nos exige como rigor académico el ir a la raíz de las cosas y situaciones, para Denunciar aquellas Estructuras, cuya naturaleza y dinamismos son contrarias a la Voluntad de Dios.

Ahora bien, si quieren discutir el carácter y naturaleza libertaria de nuestra Filosofía de la Realidad Histórica, que se nutre por cierto del Espíritu Cristiano de sabernos hijos e hijas de Dios, de hermanos y hermanas… Entonces está bien que nos asuste Daniel Ortega y Rosario Murillo o cualquier otro.  Daniel y la Chayo no creo que vivan más de cinco años. La edad es un imperativo natural y la muerte y la vejez a la cual temen los injustos, es inevitable.

Pero el miedo y la traición tienen larga vida y se convierten en Tradición y cultura malévola.

“El ángel les dijo a las mujeres: No tengan miedo. Yo sé que están buscando a Jesús, el que fue crucificado, pero no está aquí, porque ha resucitado, tal como él dijo.  Vengan y vean el lugar donde estaba.”  Mateo 28, 5-6.