Libro | El espíritu de la esperanza
Miramos angustiados el futuro como algo nefasto. Hemos perdido la esperanza. Los escenarios apocalípticos como pandemias, la guerra mundial o catástrofes climáticas, nos hacen pensar en el fin del mundo o el final de la civilización humana. El fantasma del miedo nos acecha. Así comienza Byung-Chul Han, filosofo germano de origen sudcoreano, su obra, “El Espíritu de la Esperanza: contra la sociedad del miedo”, publicada en el dos mil veinticuatro.
Por: José Guillermo Mártir Hidalgo*
[dropcap]A[/dropcap] nte el miedo, cómo excelente instrumento de dominación, ya que vuelve a las personas dóciles y fáciles de extorsionar, presenta la esperanza, como la variable que nos permitiría una vida para vivir más que sobrevivir. La esperanza es opuesta al miedo. Significa mirar a lo lejos, mirar al futuro. La esperanza, nos abre los ojos a lo venidero. La esperanza sale en busca de lo nuevo, lo totalmente distinto y lo que jamás ha existido.
Han distingue la esperanza del culto dominante en el régimen neoliberal, el pensamiento y psicología positiva. Manifiesta que la psicología positiva se desliga de la psicología del sufrimiento. La psicología positiva trata de la dicha, del bienestar. Hace que las personas a las que les va mal se culpen a sí mismas. Psicológiza y privatiza el sufrimiento en lugar de responsabilizar a la sociedad, con lo cual deja intacto el complejo cegamiento social que lo causa. El culto a la positividad aísla a las personas, las vuelve egoístas y suprime la empatía. El régimen neoliberal vuelve a la sociedad insolidaria, ya que a las personas no les interesa el sufrimiento ajeno.
La esperanza nos hace creer en el futuro. En cambio, el miedo, nos hace perder nuestra fe y resta crédito a la realidad, por eso, impide el futuro. El tiempo venidero tiene dos modos: el futuro, que nos trae cosas que se producirán más tarde y el advenimiento, acontecimientos en forma totalmente imprevista. Han dice que ser libre significa, no estar sometido a presiones. Pero en el régimen neoliberal, esos apremios los crean las mismas personas, al convertirlas en empresarias de sí mismas e infundirle el miedo al fracaso. Quien tiene miedo, se somete al poder.
Solo la esperanza de un mundo distinto y mejor despierta un potencial revolucionario. Por eso la palabra esperanza, no pertenece al vocabulario capitalista. Hay que distinguir entre esperanza pasiva, parecida a un deseo débil y la esperanza dinámica, que inspira a las personas a acciones eficaces y creativas. Tener esperanza significa estar dispuesto en todo momento, a algo que aún no ha nacido.
Martin Luther King, expresa la dimensión activa de la esperanza. Las visiones que tenemos cuando soñamos despiertos engloban un nosotros, dispuestos a actuar para mejorar el mundo. Solo los visionarios que sueñan despiertos, son capaces de sacar adelante una revolución. La esperanza precede a la acción y no al revés.
Han apunta que ser culpable significa que, el hombre está a merced de las consecuencias de sus acciones. El perdón, redime de la culpa inherente a la acción. Las promesas se dan, para formar ciertas islas perfectamente delimitadas de previsibilidad, en un mar de incertidumbre. El perdón nos permite manejar el pasado, la promesa nos permite manejar el futuro. Perdón y promesa, son condiciones básicas de la acción humana.
La esperanza absoluta, nace ante la negatividad de la desesperación absoluta. Cuanto más profunda sea la desesperación, más intensa será la esperanza. Han denota que, el pensamiento tiene una dimensión afectiva y una dimensión corporal. Sin afectos, emociones, ni pasiones y en general, sin sentimientos, no hay conocimiento. Los sentimientos inervan el pensamiento, ese es el motivo, dirá, por el que la inteligencia artificial no puede pensar. Los sentimientos y los afectos, no pueden reflejarse en algoritmos, porque son acontecimientos análogos y corporales.
El autor nos dice que, quien piensa es un idiota. Pensar en un gesto de hacer el idiota. Solo puede ser idiota quien lleva un nuevo comienzo, quien rompe radicalmente con lo que había y encomienda lo sido a lo venidero. Solo un idiota puede tener esperanza.
El amor, como eros, es la aspiración del alma a un conocimiento más perfecto. El conocimiento, como visión esencial guiado por el amor, no es prospectivo, sino, retrospectivo. También la esperanza genera sus propios conocimientos, pero, no aprende de lo sido, sino de lo venidero y conoce lo que todavía no es. Es la esperanza la que genera acciones plenas de sentido, actos que traen novedades al mundo. El pensamiento de la esperanza, desplaza el interés cognoscitivamente desde el pasado hacía el futuro, desde lo sido hacía lo venidero.
La esperanza se puede entender, igual que la angustia, como un modo ontológico básico. Priorizar ontológicamente la angustia, por encima de las demás disposiciones anímicas, no es una decisión metodológica, sino, una decisión existencial. La angustia surge, cuando se derrumba el edificio de los modelos familiares y cotidianos de percepción y comportamiento. La angustia se produce, cuando se hunde el suelo sobre el que se asentaba el mundo cotidiano. El desmoronamiento de todas las instancias que infunden sentido y dan orientación, se manifiesta como angustia.
Cuando uno tiene esperanza, confía en algo que lo trasciende. Es un estado de ánimo general que configura la forma básica de estar en el mundo. La esperanza, como estado de ánimo básico, no está sujeta a ningún suceso intramundano. La existencia no puede desprenderse de su carga existencial. La preocupación, es el rasgo fundamental de la existencia. Pero, quien tiene esperanza se trasciende así mismo. La fórmula básica de la esperanza es “confiar en”. El Yo trasciende en un nosotros. Quien tiene esperanza ama, cree, se entrega al otro y trasciende la esencia del Yo. La esperanza dice Han, es un denuedo festivo que nos exonera del lastre existencial. El pensamiento de la esperanza no se rige por la muerte, sino, por el nacimiento. No se rige por la “estancia en el mundo”, sino, por la venida al mundo. La clave fundamental de la esperanza es, la venida al mundo como nacimiento.
*Psicólogo salvadoreño
