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VOTANDO CON ODIO

Por: Manuel Alcántara Sáez.
Si hay un término de moda en la política contemporánea no es otro que el de polarización. Sin embargo, la imprecisión en la definición de quienes lo usan es frecuente. También hay una notable ignorancia a propósito de su origen y de las consecuencias que a medio y largo plazo puede traer sobre la democracia. Por ello, este trabajo de Mariano Torcal, catedrático de ciencia política de la Universitat Pompeu Fabra e investigador ICREA, es una obra imprescindible que continúa la senda abierta por su libro de 2023 De votantes a hooligans donde ya sentaba las bases de la relevancia de la polarización en España. Ahora la conclusión tiene un doble perfil que ya anticipo: la animosidad tiene efectos electorales muy limitados, pero deja una factura democrática alta.El libro se centra en validar la hipótesis que se extendió tras las elecciones españolas del 23 de julio de 2023 de que la crispación y el “odio” al adversario movilizaron al electorado de izquierda y decidieron el resultado. Para ello, el autor se apoya en una evidencia empírica notable basada en estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas (1987-2024), en cinco olas del Comparative National Election Project (CNEP) para España (1993, 2004, 2011, 2015 y 2023), en una base comparada de unas setenta elecciones democráticas y en el panel EPADE en España, Alemania,



Portugal y Países Bajos.

El punto de partida es conceptual y supone una aportación relevante para la comprensión de la polarización. Torcal distingue entre la polarización ideológica, que es el alejamiento de posiciones en el eje izquierda-derecha y la polarización afectiva, que es la simpatía hacia los propios y la hostilidad hacia los otros. Dentro de esta última separa dos componentes con lógicas distintas. La afinidad nace del entusiasmo y el apego mientras que la animosidad surge de la ira, que refuerza las predisposiciones y busca culpables.La obra se estructura en tres partes. En la primera, que integran los capítulos 2 al 4, aborda la afinidad y la animosidad en las democracias. Torcal subraya que lapolarización ideológica crece de forma sostenida desde 2002, sobre todo en la derecha, aunque España sigue lejos de Estados Unidos, Brasil o Argentina. Por su parte, la polarización afectiva también aumenta desde comienzos de siglo y se estabiliza desde 2021 en torno a 5,4-5,8 sobre 10.En términos de comparación internacional, España destaca por su animosidad, situada en la franja alta. Sin embargo, dentro del país la polarización se explica sobre todo por la afinidad, que supera a la animosidad en casi toda la serie y es el componente que más crece. La animosidad se dirige más contra los líderes que contra los votantes rivales y antes de las elecciones de 2023 era plana e ideológicamente indiferenciada. Solo después se “politizó”, sobre todo entre los votantes del PP. No es mayor entre los jóvenes, porque crece con la edad, ni entre los votantes de partidos nuevos. Paralelamente se señala que afecto e ideología se han alineado. La correlación entre ambos pasó de 0,22 en 1993 a 0,39 en 2023, impulsada por la afinidad. El mejor predictor para entender esa situación es la percepción de que la oferta partidista se ha radicalizado, mientras que la desigualdad o el desempleo pesan poco. La polarización se fabrica “desde arriba”, siendo la crispación de las élites el motor fundamental.La segunda parte la integran los capítulos 5 y 6 y se centra en la relación entre la polarización afectiva y las elecciones. Torcal distingue entre participación, que es la predisposición estable para votar, y movilización, que es la activación de quien no habría votado sin la campaña. Con relación a la participación, la afinidad aumenta modestamente la probabilidad de votar (del 94% al 99%) mientras que la animosidad no tiene efecto. Los más polarizados deciden su voto antes de la campaña. Quienes deciden durante ella son los menos polarizados y los que más la siguen por cualquier medio, incluido Internet. El cambio final que supuso el giro que acaeció en 2023 hacia PSOE y Sumar lo protagonizaron votantes de izquierda con poca hostilidad, pero preocupados por temas programáticos. Con respecto a la comparación efectuada se constata que, en 44 elecciones de otros países, la animosidad nunca moviliza la participación ni tampoco el seguimiento de la campaña.Torcal propone además una tipología de votantes. El “hooligan” emocional, con alta afinidad y voto decidido de antemano, es el tipo más numeroso en todas las elecciones españolas. En cambio, se desploma el votante leal sin pasión ni hostilidad, típico del bipartidismo. Crecen quienes deciden durante la campaña, sobre todo por la fragmentación de la oferta dentro de cada bloque. La animosidad orienta el voto contra el gobierno, pero no construye adhesión. En 2023 el electorado más hostil fue el del PP, no el de Vox, y el de Sumar fue el menos hostil.La tercera parte incluye los capítulos 7 al 10 y aborda las implicaciones de la polarización donde la animosidad sí pesa. En primer lugar, en términos de la legitimidad electoral, se constata el rechazo a la limpieza de las elecciones que pasa del 8% entre los menos hostiles al 28% entre los más hostiles hacia los líderes rivales. Entre 2004 y 2023 surge una “hostilidad sistémica” donde los perdedores mantienen alta animosidad, aunque reconozcan que las elecciones fueron limpias.En segundo término, y con respecto a la confianza electoral, destaca que la animosidad reduce la confianza en el parlamento y en los tribunales, con más fuerza cuanto más lejos del poder está el votante, hasta casi anularla en la extrema derecha. La afinidad no compensa ese daño.En tercer lugar, en relación con el apoyo a la democracia, Torcal sostiene que la animosidad no erosiona el apoyo a la democracia como principio. Por el contrario, sí debilita, de forma asimétrica, el respaldo a sus normas concretas, como los contrapesos y las garantías electorales de modo que en la izquierda las refuerza y en la derecha las debilita.Finalmente, y en cuanto al origen de la simetría, se subraya que es relativamente reciente (posterior a 2009) y que coincide con el ascenso de la derecha radical y el contagio de su discurso a la derecha tradicional. El mecanismo que la suscita es la oferta partidista, no una conversión de los ciudadanos.Es de destacar que el libro en su conclusión ofrece una «doble cautela» que debe tenerse en cuenta. Por una parte, no hay motivo para el catastrofismo, porque la democracia como principio resiste, pero tampoco para la complacencia, porque la crispación erosiona lentamente las reglas del juego. La afinidad es el motor electoral y la animosidad supone la factura democrática. La responsabilidad recae sobre todo en los partidos y en los consultores que diseñan las campañas electorales que han hecho de la hostilidad una estrategia que conlleva indudable éxito.Mariano Torcal (2026). Votando con odio. Elecciones y hostilidad en España. Los libros de la catarata. Madrid. ISBN: 978-84-1067-736-4. 288 págs.