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La trampa escondida

Pretenden liberar a cómplices y etiquetar como culpables a los inocentes

Por: Miguel A. Saavedra.

El camión de la policía se detuvo sin encender los faros frente a la casa de don Tomás, en un cantón del oriente salvadoreño. En tres minutos, la puerta cayó, los ladridos desesperados de los perros del vecindario se ahogaron entre gritos militares y don Tomás  un campesino de más de sesenta años que jamás había pisado una delegación fue arrastrado en calzoncillos hacia la cama del pick up policial. No hubo orden de captura, no hubo explicación, solo la etiqueta instantánea: «sospechoso». Durante cuatro años, su familia vendió el poco ganado que tenía para pagar los paquetes de aseo e insumos carcelarios que el propio Estado les vendía en la puerta de la prisión. Más de cuatro años de silencio, de miedo a denunciar, de ver a los analistas de la televisión repetir en horario estelar que «quien está preso es porque algo debe y no hay inocentes en la cárcel».

Hasta que una mañana de lluvia, la celda se abrió. LLega la nueva forma de justicia del régimen «autoincriminarse».A don Tomás no le pidieron disculpas, ni le reconocieron su inocencia. Le pusieron una hoja en blanco sobre una mesa de metal y un lapicero azul en la mano temblorosa: «Firme aquí como colaborador indirecto y se va en unos meses; si no firma, se queda o talvés ya no salga de aquí vivo».
lapicero
El ciudadano de a pie por fin comprendió la estafa y engaño.
Está comprendiendo la estafa , la tomada de pelo , el engaño y del cuento bien montado.Durante más de cuatro años lo atiborraron de miles de videos,en TV, y redes , cortos de TikToks con música épica, de «análisis» donde decían que la oposición quería liberar a los malos, que los defensores de derechos humanos querían soltar mareros, que pedir debido proceso era querer ver al país ensangrentado otra vez.
Mentira. Pura escenografía. Porque de la noche a la mañana, el mismo presidente que les vendió esa película, ahora sale diciendo que hay miles de «postes», colaboradores de baja monta, a los que va a favorecer con penas menores o sacarlos de prisión.

Entonces aclaremos, sin anestesia: ¿Quién es el que quiere liberar pandilleros?

Porque al panadero que cayó en la redada de Soyapango por no tener DUI a mano, a ese no lo sacan. Al albañil que se llevaron de la parada de buses por tener un tatuaje de su hija, a ese no lo sacan. A la cajera del súper, al repartidor delivery que andaba en moto, al muchacho que iba a traer tortillas, a esos que sirvieron para llenar la cuota de capturas y para que en la policía y el ejército repartieran días libres, bonos y ascensos… a esos no los quieren soltar sin antes ponerles un sello en la frente que diga «colaborador».

Esa es la perversidad. Les duele la boca para decir tres palabras que salvarían su alma: «Hubo muchos errores» ,»Nos equivocamos». Les arde la lengua para decir: «Hay inocentes presos». Prefieren inventar otra mentira para tapar la primera.¿Y por qué el giro? Porque ya no pueden sostener que la Corte Penal Internacional siga llenándoles el expediente. Porque saben que cada caso de muerte bajo custodia, cada firma bajo coacción, cada paquete carcelario extorsionado, es un clavo más en un proceso que termina como terminan todos los dictadores que ya conocemos: solos, señalados como responsables de crímenes que no prescriben.

Todo régimen autoritario requiere una corte de aplaudidores, analistas a sueldo y corifeos digitales encargados de pavimentar el camino del miedo. Durante cuatro años, estos actores sostuvieron una premisa incuestionable: quien está preso es culpable, y quien pida debido proceso defiende criminales.Hoy, la brusca pirueta del propio gobernante al anunciar liberaciones ha dejado a esta masa de propagandistas en una disonancia cognitiva desoladora. El perro de presa se ha quedado sin guion. Al enmudecer o ensayar torpes malabares explicativos, los analistas prepago demuestran que nunca les importó la justicia ni la seguridad real de las comunidades; solo les interesaba la renta política de la propaganda estadística.

Su quiebre moral es una de las mayores lecciones de este proceso: la mentira autoritaria siempre termina devorando a sus propios voceros.

¿Y dónde queda la narrativa de los opinadores a sueldo? ¿Dónde está la abogada oficialista de cada jueves, la que decía con tono de fiscal del pueblo que «si lo capturaron es porque andaba en algo», que «no hay inocentes en la cárcel»?Hoy su «ídolo presidencial» la dejó en ridículo en cadena nacional. Hoy la interpretación de su dogma judicial personal ,se hizo polvo.

Que lo entienda el incrédulo: no era la oposición la que quería liberar criminales. Era el régimen el que necesitaba criminales para justificar su poder. Y ahora, es el régimen el que quiere liberar  a su modo, marcándolos, extorsionándolos  a esa misma gente que usó como carne de propaganda. Gastaron millones, en sembrar miedo y  odio , ahora lo quieren despachar en una frase confusa.Millones en videos con música de película, en drones sobre el CECOT, en tomas de tatuados rapados, en cadenas nacionales con fondo negro y voz grave. Millones en granjas de trolls, en pauta en YouTube, en vallas que decían «aquí no hay derechos humanos para terroristas». Nos vendieron el miedo como si fuera seguridad.

El miedo fue su presupuesto. El miedo fue su modelo.

Y ahora, en una declaración confusa, a media voz, entre anuncios de inversión agua y proyectos en energía, dicen: «estamos planeando que el 50% de los capturados puedan quedar libres con medidas judiciales».

¿Así? ¿Sin pedir perdón? ¿Sin explicar por qué?

Es la confesión más cara de la historia. Admiten que la mitad de la gente que metieron presa no debía estar presa. Que la mitad cabe en «medidas fuera de la cárcel». Que la mitad no era el monstruo que nos vendieron en 4K. Y lo más perverso: los meten a todos en la misma bolsa. Justos y pecadores. Revuelven al panadero inocente con el poste de verdad. Al repartidor que cayó en una redada con el colaborador de baja monta. ¿Para qué? Para no tener que decir: «nos equivocamos, hay inocentes».

Si los separan, tienen que indemnizar. Si los separan, tienen que reconocer que quebraron miles de familias por una estadística. Entonces los revuelven. Les ponen a todos la misma etiqueta de «colaborador» y los sacan como si les hicieran un favor.Es contabilidad criminal: convierten el error judicial masivo en un acto de magnanimidad. Convierten la deuda en limosna.

Gastaron millones para hacernos creer que cada capturado era un demonio irrecuperable. Ahora necesitan que creamos que la mitad son angelitos recuperables a los que el presidente, en su infinita bondad, les va a dar libertad asistida.No es justicia lo que están manejando, sino es como liquidación de inventario de un almacén. Están vaciando a escondidas lo que llenaron a la fuerza, porque la bodega ya huele a muerto, a denuncia internacional y a quiebra moral.

Y al pueblo ya no se le olvida: el que gastó millones para sembrar miedo, es el mismo que hoy no tiene cómo pagar la verdad.

¿Qué lecciones nos quedan?
Para romper la inercia del espejismo, este momento deja lecciones operativas implacables.

A. Para el ciudadano de a pie y las víctimas: Superar la Anestesia
La verdad documentada es inexpugnable. El miedo pierde su monopolio cuando el dolor se transforma en memoria organizada y testimonio protegido. No hay libertad real sin dignidad: ninguna excarcelación en forma de «favor» sustituye el derecho inalienable a la inocencia plena y a la reparación del daño. No firmen culpas que no cometieron sin dejar constancia de la coacción.

B. Para el Sistema Judicial: Retomar la autonomía e independencia
Un tribunal puesto a dedo es un sello de goma de la tiranía. Jueces y magistrados deben comprender que servir de notarios de la voluntad del Ejecutivo los convierte en cómplices de crímenes que no prescriben. La única vía para salvar la dignidad de la magistratura es exigir y ejercer la independencia plena para deliberar con apego estricto a la ley, no al tweet.
con humildad les repetimos lo que dijera Sn Romero :»Ya es momento que recuperen su conciencia…» y judicialicen acorde a derecho.

C. Para los gobiernos de la región: El Fetiche de la Seguritización
No importen bombas de tiempo institucionales. Copiar la suspensión de garantías y el encierro masivo como fórmula rápida de popularidad es comprar una hipoteca de dictadura , o un título de dictador otorgado en 2026 por Latibarómetro un organismo observatorio de política regional. El «modelo» exportado no elimina el crimen; traslada la arbitrariedad al gobernante de turno y termina, inevitablemente, en el banquillo de los tribunales internacionales.

El Fin del mito
Un autócrata no se vuelve magnánimo a última hora por convicción, sino por supervivencia. Cuando el espectáculo del poder necesita recurrir a eufemismos para vaciar las celdas que él mismo llenó, la narrativa del «salvador» ha muerto.

A Don Tomás , el campesino capturado,si es que vuelve a su cantón, al igual que a decenas de miles de capturados sin causa ni motivo ,los quieren mandar marca y etiqueta. No no como inocentes,Y esa etiqueta es la prueba final de que aquí nunca hubo justicia, solo administración del miedo.La historia enseña que la anestesia social tiene fecha de caducidad. Cuando la ciudadanía comprende que la arbitrariedad que hoy golpea al vecino mañana tocará su puerta, el miedo se evapora y la exigencia de justicia se vuelve indetenible.Cada salvadoreño sabe de algún caso de captura injusta segun las encuestas.

No es libertad, es una trampa que invierte los papeles. Libera a los que le sirven (para sus  pactos) y condena con una firma al que nunca debió estar preso.
«No los absuelven. Los fichan. Porque un inocente libre y limpio es la prueba de su crimen.»